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El Día de ATI

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Desgraciadamente, no constituye una novedad. Ha sido su línea habitual de comportamiento. Como tampoco lo es la relación existente entre el diario y el ATI profundo, el insularismo radical que concibe a Canarias como seis islas sometidas por una. Y tampoco es novedosa la complicidad de una clase política que llegó a solicitar, por acuerdo unánime del Cabildo Insular de Tenerife, es decir contando con el apoyo de los consejeros de ATI-CC, PP y PSOE, nada más y nada menos que la concesión del Premio Canarias de Comunicación al editorialista y propietario del periódico. Por cierto, sólo Nueva Canarias ha criticado sus desmanes en distintas ocasiones. Sólo Nueva Canarias se mostró contraria a la concesión de ese galardón. Muchos tratan de quitar hierro a la importancia de sus editoriales y de su constante machaqueo divisionista. Lo califican de posiciones disparatadas, marginales, sin la menor posibilidad de arraigo social y político, completamente inocuas. No lo son tanto. Se trata, con diferencia, del diario de mayor difusión de Tenerife. Y sus proclamas envenenan cotidianamente a la opinión pública, fomentando el odio entre los canarios, manteniendo permanentemente viva la llama del pleitismo y de las pretensiones hegemonistas. Soberanismo Ahora, en el último período, el periódico –auténtico buque insignia mediático del insularismo tinerfeño- ha adoptado una línea editorial claramente soberanista, que apuesta por cambiar radicalmente la relación de Canarias con España y con Europa. Eso sí, impulsando una nueva nación canaria con capital única a las faldas del Teide. En Nueva Canarias respetamos a las personas y organizaciones que desde posiciones democráticas defienden otros modelos de construcción de Canarias, aunque no las compartamos en modo alguno. Pero nos parecen poco rigurosas las actuales propuestas, que no responden a una demanda social sino a un invento mediático. Y que se convierten, fundamentalmente, en globos sonda para ver cómo son aceptadas social y políticamente; y, al mismo tiempo, sirven para que el mundo de ATI-CC trate de presentarse ante el Estado como garantía de que no surjan presuntas alternativas independentistas. No es la primera vez que actúan así. Recuerden la manifestación de tintes racistas y xenófobos llevada a cabo en Santa Cruz de Tenerife el pasado año, que apostaba, entre otras medidas, por la aprobación de una ley de residencia. Sus convocantes formaban parte del entramado del insularismo radical, pero ATI-CC no la apoyó directamente, aunque reconoció su simpatía y “comprensión” por la misma. Frente a las constantes agresiones de El Día a la unidad de Canarias, sus insultos a Gran Canaria y a sus ciudadanos, así como a algunos políticos de esta isla, el Gobierno de Canarias, con Adán Martín o con Paulino Rivero al frente, ha adoptado el silencio por respuesta. El asunto no va con ellos. La actitud sería absolutamente distinta si los ultrajes afectaran a la otra isla capitalina. Interesado silencio Paulino hoy, como Adán ayer, mira para otro lado. Afirma, faltando a la verdad, que no se pronuncia sobre los posicionamientos de un diario, pese a la evidente gravedad de los mismos. Porque ese silencio de hoy contrasta con sus ataques a medios de comunicación grancanarios en fechas muy recientes. El presidente del Gobierno canario hace dos meses les responsabilizaba, junto a un partido político (se refería, sin nombrarlo, a Nueva Canarias), de alimentar los demonios del pleito insular, del que las víctimas serían Coalición Canaria y, especialmente, la sucursal de ATI en Gran Canaria, barrida por las urnas por las ruindades del eje del mal canarión. Paulino nos presenta un mundo al revés, como en el poema de Goytisolo musicado por Paco Ibáñez Los que en la pasada legislatura regalaron 60 millones de euros de los presupuestos autonómicos para el tranvía Santa Cruz-La Laguna, mientras dejaban que Guaguas Municipales de Las Palmas de Gran Canaria se situara al borde de la quiebra; los que impiden el desarrollo hospitalario de las comarcas Sur y Norte de Gran Canaria, mientras crean hospitales (inicialmente sociosanitarios, pero luego convertidos en otra cosa bien distinta) en las suyas; los que han trasladado a Tenerife diferentes departamentos gubernamentales sin justificación alguna; los mismos que han desequilibrado gravemente a Canarias, acusan ahora de insularistas a quienes hemos denunciado esos desmanes. No van a engañar a nadie. Ya les sucedió en los comicios del pasado 27 de mayo, especialmente en Gran Canaria y Lanzarote, islas en que sufrieron un auténtico desastre electoral, con notable pérdida de representación en ayuntamientos y cabildos, disimulada sólo en el ámbito parlamentario por la injusta ley electoral que les regaló dos diputados. Y por muchos procesos de unidad nacionalista que se inventen para evitar el naufragio en las elecciones generales de marzo, este será inevitable. Porque nada ha cambiado. Lo han mostrado estos días con su rotunda negativa a rebajar los topes electorales, los mismos que han dejado sin representación a más de 150.000 canarios. Y con la conformación de un Ejecutivo a la medida de ATI. * Román Rodríguez es presidente de Nueva Canarias.

Román Rodríguez *

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