eldiario.es

Menú

Imputados y emputes

- PUBLICIDAD -

Parece que estar imputado da caché, aunque curiosamente los partidos políticos utilizan esa condición del adversario para arremeter contra él y contra la formación que lo sustenta. Si usted pregunta a cualquier político imputado por qué no dimite, éste indefectiblemente le responderá que tiene derecho a la presunción de inocencia y que es más bueno que el pan rico.

Sin embargo, pruebe usted el caso contrario. Dígale qué le parece que no dimita su adversario político a pesar de estar imputado por lo que sea. Le contestará que resulta inaudito y vergonzante para la democracia que no dimita un político imputado por cualquier causa. Así son las cosas. ¿Qué esperaba usted? No se puede pedir coherencia a un político porque en su espíritu, al pertenecer a un partido, es, por esa misma razón, partidista.

Lo curioso es que te contestará una cosa o la otra sin mover el entrecejo, como si expresara una verdad de cajón, rotundamente. Deben creer que hay dos varas de medir: una para sus amigos y otra para sus enemigos. La ley del embudo, en godo; la del fonil, por aquí.

Aznar llegó a la presidencia del Gobierno de Castilla y León tras arremeter contra su antecesor, el socialista Demetrio Madrid, que había sido procesado por no me acuerdo qué presunto delito. Madrid dimitió y le dejó el camino expedito al eterno opositor del bigote a medio hacer. El socialista fue juzgado y absuelto, pero ya fue tarde para recuperar su cargo. De ahí Aznar saltó la política nacional y llegó a la presidencia del Gobierno de España. Jamás pidió perdón por las injustas críticas que profirió contra Demetrio Madrid.

Así se escribe la historia de los corruptos e imputados. Los dos grandes partidos, que de grandes solo tienen sus escaños, basan su política en el mismo grito de guerra: y tú más. Como si a los demás nos importara saber quién es más sinvergüenza de los dos.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha