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Italia, ensayo de colapso

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Es previsible que el petróleo continúe su senda alcista de precios durante los próximos años porque, como ha advertido nuevamente la Agencia Internacional de la Energía, la oferta no satisface la demanda, en una tendencia creciente. El catedrático de recursos energéticos de la Universidad de Barcelona Mariano Marzo señaló recientemente que de aquí al año 2015 el mundo debería añadir -cambios climáticos aparte- 12,5 millones de barriles de petróleo al día para compensar el declive. El problema es que no estarán porque ya se conoce cuántos pozos nuevos entrarán en funcionamiento para esos años, dados los importantes plazos que requiere el proceso de puesta en explotación tras el descubrimiento de un yacimiento. La crisis es inevitable por razones físicas, y las sociedades de la abundancia no están preparadas para ello, y prefieren mirar a otro lado.

Por lo tanto, episodios conflictivos como los de Italia, cerrados en falso con pactos de contención del precio del gasóleo profesional, se reproducirán de forma importante, no sólo en los países pobres -donde los momentos de desabastecimiento son algo habitual- sino en el mismo centro de las economías industrializadas, al afectar la subida de los precios energéticos (alimentarios, de bienes esenciales, etc) al conjunto de la economía y especialmente a los sectores más dependientes y vulnerables. Como no podía ser de otra manera, el bloqueo protagonizado por los transportistas del país ha paralizado la esencia de la civilización moderna: el frenético flujo de materias primas, mercancías y personas a zonas de alta entropía -países ricos y zonas metropolitanas- devoradoras de recursos de medio mundo para alimentar esófagos inmobiliarios a velocidades nunca vistas. Este episodio ejemplar nos sirve de importante apunte para intuir cómo una situación de "prolongada emergencia" (James Howard Kunstler) puede afectar a un país desarrollado (alto consumidor de recursos del exterior). Sin duda alguna, el proceso natural de declive del petróleo, base de nuestro modelo, estará salpicado de fenómenos de este tipo.

Algunos de los elementos a destacar, vistos en el caso de Italia, serían:

- El incremento de la conflictividad social y sus consecuencias fundamentales sobre la alteración del normal ritmo de producción y consumo, fruto del incremento de los costes fijos en las actividades económicas (comenzando por los autónomos que encajan individualmente esos procesos de ajuste). El recurso al sabotaje y a la violencia como fórmula para dirigir el descontento social, lo que agudiza los problemas de control del sistema complejo, y es síntoma de descomposición.

- La vertiginosa rapidez (han bastado tres días en el caso de Italia para poner en vilo al país) del desabastecimiento en una sociedad just in time confiada en la exactitud de los horarios comerciales, las entregas a cuenta y que confunde las transacciones monetarias con las físicas.

- La vulnerabilidad del tejido de una sociedad compleja, que depende del funcionamiento exacto de macro puntos viarios, centrales de distribución, generación, etc. para su supervivencia.

- El comienzo inmediato del racionamiento de combustible y otros bienes, ante la falta de reservas.

- El funcionamiento de los mecanismos del Estado para promover la vuelta al orden, y al tiempo su propia fragilidad y, previsiblemente, imposibilidad real de administrar un estado de desabastecimiento generalizado y repentino, más que con medidas de tipo marcial. No serían descartables medidas posteriores de ejercicio de la autoridad en la regulación del derecho de huelga y otras medidas relacionadas con el derecho de asociación, manifestación, opinión, etc. así como su previsible supresión en el futuro, cuando episodios de este tipo, en la medida en que se pretenda mantener la economía -y además crecer- con unos recursos fósiles declinantes.

- El desabastecimiento alimentario (y su apresurado acaparamiento) y problemas sanitarios, de salubridad, económicos, etc. que tendrían lugar en pocos días en las zonas urbanas metropolitanas de mantenerse, vía sabotaje, huelga o salida desesperada, una situación de bloqueo de suministros.

Italia ha protagonizado un ensayo de colapso. Convendría aprender de las experiencias que nos demuestran una y otra vez que nuestro vulnerable sistema de alto consumo energético y trasiego de mercancías básicas no es sostenible y pende, mucho más en Canarias, de un fino hilo que veremos resquebrajarse con el anunciado declive del petróleo.

Juan Jesús Bermúdez

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