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Moro rico, moro pobre

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La idea, comprenderán, duró en mi cabeza los segundos de instalarme en el nuevo día. Enseguida comprendí, porque lo dijo él mismo, que Soria no quiere nombres para actuar en consecuencia sino para que quien corresponda pueda querellarse contra Aguilar. No quiere acabar con el relajo sino convencernos de que no lo hay y por eso afeó a Aguilar su trasgresión de ciertos códigos no escritos de comportamiento político. Como no conozco ese código secreto, debo deducir y deduzco, vistas las circunstancias y los antecedentes del personaje, que la norma no escrita básica que Aguilar violentó es la de hoy por mí mañana por ti, no sé si me explico, que obliga a mirar para otro lado; que no se sepa y mucho menos se diga lo que hay. Transparencia cero, en definitiva.

No puedo afirmar que ésas fueran las intenciones de Soria, pero somos esclavos de nuestras palabras y en el punto a que han llegado las cosas apelar a códigos no escritos no resulta bonito. Cabría pensar que el reproche soriano a Aguilar fuera a la generalidad de su comentario que induce a preguntarse quién será el nada corriente cuentacorrentista y pone bajo sospecha al amplio censo de políticos que padecemos. Sin embargo, ya ven, bien pensado es evidente que Aguilar no generaliza porque a estas alturas todos sabemos las cabras que guardamos.

Otra fina es la del alcalde de La Orotava, Isaac Valencia, en el arranque del II Congreso de CC Tenerife. Según él, las costas canarias "está a merced de que el moro venga un día y nos lleve por delante". Fue muy aplaudido, cosa que da idea de por dónde andan éstos. No es preciso señalar la fina línea que separa del racismo y de la xenofobia aunque sí conviene precisar que rebasarla indica carencia de argumentos y de talento político no ya para solucionar los problemas sino para enfocarlos debidamente. Entonces se recurre al enemigo exterior, culpable de todas las desgracias. Viene a decirse que Tenerife sería una isla feliz sin moros; y sin canariones, claro. Es más sencillo y menos fatigoso que la autocrítica y la definición de los intereses de Canarias en la zona en que se ubica y hacerlos valer ante el Estado.

En realidad, Valencia dejó entrever la degradación política de CC que sin capacidad de respuesta y de iniciativa se desliza hacia la demagogia y la ultraderecha. No es capaz de situarse ante un fenómeno global como la inmigración, que no es exclusivamente nuestro, y lo despacha dándole al moro sin más; además de culpar a Zapatero malo, que nos tiene manía. Si tiene tela que CC bordee y hasta fomente la xenofobia y el racismo, no lo es menos el bajo nivel intelectual y político, la ignorancia en suma, que revela abordar problemas endiabladamente complejos como el de la inmigración con respuestas simplonas. No sé si las medidas del Gobierno son suficientes ni si la disminución de las llegadas obedece a ellas. Sólo me pregunto si están pensando que lo mejor sería ametrallar las pateras.

No hubo la menor alusión a las circunstancias geoestratégicas de las islas, más allá de la proclamación de Tenerife como puente entre tres continentes. Lo que me parece bien y me parecería aún mejor si cayeran en la cuenta de que los puentes son para pasar por ellos y a eso vienen las pateras. Como si no supiéramos, por otro lado, que rechazan al moro pobre y se rompen el culo para hacer negocios con el moro rico. Y quien dice moro, dice negro, que el dinero no tiene color.

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