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Preparados para otra fechoría oficiosa...

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… para rematar la entonces pergeñada –jun. de 2014– privatización “parcial” de AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea; monopolio estatal adscrito al ministerio de Fomento desde su creación, 1990).

Sigue un “copia y pega” extraído del artículo Se puede jugar con AENA; pero no con CANARIAS”, publicado en este mismo foro (29/06/2014) donde se analizaba la trampa preparatoria para la privatización total y definitiva. Vaticinio que solo necesi-taba algo de tiempo que, al parecer, ya se ha cumplido:

“La falacia de que con el 51% se mantendría el control y la consideración de servicio público es inasumible, por correlación con otros procesos de privatización que han dejado indefenso al Estado Español por desprenderse de los más importantes pilares del sector estratégico, malbaratados en favor de multinacionales extranjeras o de prójimos cercanos. Privatizados consejos de administración convertidos en echaderos para políticos retirados que previamente gestaron el expolio “patriótico” de eléctricas, petroleras, gasificadoras, comunicaciones, energía, transporte aéreo... Y todo para despilfarrar el líquido obtenido en un gasto público abusivo e inmoral. No se trata de “solicitar” la autogestión aeroportuaria para Canarias, sino de “exigir” con firmeza el cumplimiento de la Ley Orgánica 4/1996 que contempla nuestro Estatuto de Autonomía, y su artículo 33 (específico para Canarias): “A la Comunidad Autónoma le corresponde la competencia…”, en cuyo punto 13 define, sin opción a interpretaciones manipuladas: “Puertos y aeropuertos con calificación de interés general, cuando el Estado no se reserve su gestión directa”. Semánticamente no existe un solo punto de apoyo que justifique el pretendido control sobre el 49% privatizado”.

No se aplicó entonces la firmeza suficiente por parte de las autoridades canarias para oponerse con eficacia al destrozo económico que suponía que, la riqueza aquí generada por la gestión aeroportuaria, pasase de largo para cubrir penurias de otras geografías; sino que, para más inri, dichos beneficios pasarían paulatinamente a manos de inversores particulares, en formato de negocio y por tanto de especulación empresarial, en detrimento del interés general preconizado en nuestro Estatuto de Autonomía.

Como era previsible, acaba de estallar la alerta roja por la culminación del expolio de AENA: El diputado del PSOE Gustavo Matos acusa al gobierno de Rajoy de avanzar en su intención de que AENA se convierta en una empresa totalmente privada…

Al gobierno de Canarias se le replantea el problema, pero ahora con connotaciones más traumáticas, porque ni siquiera se disimularán espíritu y letra del Estatuto. No sirve culpar a Madrid de nuestras carencias si no somos capaces de plantar cara y actuar con la contundencia necesaria, apoyada en la razón y en el conocimiento suficiente del problema, para evitar afrentas y abusos centralistas; en lugar de actitudes timoratas por si se nos mueve la poltrona, o desciende la previsión de nuestros futuros votos.

La reivindicación del Sr. Matos tiene sentido; aunque quizá adolezca de poca profun-didad por falta de medios para conocer, con exactitud, la realidad de un ente que generó una deuda de 14.000 millones de € entre 2009/2011 por las obras faraónicas de la T-4 en Madrid, T-1 en Barcelona, terminal de Málaga… que quintuplicaron el presupuesto inicial. Amén del más que sospechoso oscurantismo de las percepciones dinerarias de directivos, gestores y ejecutivos de AENA, de las que no se logró ningún dato, aunque fuera reclamado en sede parlamentaria por tratarse de dinero público.

Ya no se habla de aquella deuda salvaje. ¿Cómo se puede privatizar semejante engendro con tamaña carga? ¿Qué inversores se zambullirían en pozo tan negro? A partir del año 2012, se empezó a remontar liquidez con beneficios de unos 600 millones de € anuales, que parecen seguir manteniéndose hasta la fecha. Sería un buen motivo para ir enjugando la deuda. En contra del sentido común, se optó por vender la entidad cuando empezaba a ser rentable y quedó camuflada la deuda archimillonaria. Demasiada oscuridad en las aguas turbias de la especulación institucio-nal, y fundadas sospechas de que, una vez más, prevalecerán los intereses políticos sobre los derechos del pueblo. El Estado necesita mucha pasta para unos presupuestos generales que atacan por donde siempre: contra la vulnerabilidad de los más débiles.

No permitamos que vuelvan a vendernos espejitos y baratijas . La primera vez que me mintieron, pudo ser pecado ajeno; pero si me dejo engañar de nuevo, será culpa mía.

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