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Receptivos

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Pero, a lo que iba. Que estoy en buena disposición. Abierto a que me convenzan. Dicho lo cual, he de confesar que no me gusta nada el modo de mear de la perrita. Me parece que los estrategas de la precampaña se están equivocando en los discursos, en los gestos y hasta en algunas concepciones, Como la cosa, sin embargo, no ha hecho más que empezar, es posible que se rectifique a tiempo y se comience a actuar con mayores dosis de pragmatismo (e iba a escribir de inteligencia). Existe, y se recoge diariamente en los medios, una suerte de desaforado optimismo sobre los resultados finales –no sé si alimentado por fiables encuestas y sondeos- y una confianza exagerada en el tirón de Juan Fernando López Aguilar que puede desembocar en el entusiasmado espejismo ante unas perspectivas que pueden darse de tortas con la realidad, aviso. El vamos a barrer –aunque literalmente la frase no se haya pronunciado aún- se me antoja mucho más peligroso que un modesto “haremos todo lo posible por ganar y de la manera más holgada”. Pongamos por caso. Las buenas gentes aprecian más la humildad que la prepotencia, es cosa sabida. Curarse en salud hablando de un “posible pacto de perdedores”, no deja de ser una bobería por parte del ex ministro, perfectamente puesto en las lides políticas de un Archipiélago donde los acuerdos de gobierno suelen ser materia obligada legislatura tras legislatura. Y tampoco parece muy acertada la definición, cuando los correligionarios catalanes de don Juan Fernando se apresuraron a firmar uno de esos “pactos de perdedores”, tras los últimos comicios, para instalarse en la Generalitat. El votante tiene sus querencias, oye, pero no es aconsejable iniciar la carrera por una presidencia autonómica demostrando que se le toma por idiota. Más: dice el candidato socialista que busca los votos de los jóvenes, de los canarios de nuevo cuño, y de los enfadados. Los enfadados son cantidad, de acuerdo, pero no olvide el valedor de “los nuevos tiempos”, que el enfado del personal no es atribuible únicamente a lo que pasa en las Islas, sino que puede extenderse –y se extiende, en ocasiones- a las políticas del Ejecutivo central del que él formó parte hasta hace bien poco. Por último: Juan Carlos Alemán, echando su cuarto a espadas, ha soltado también una divertida: profetiza que si el PSC-PSOE venciera en las elecciones, pero se formase un gobierno entre CC y PP, se produciría un estallido social. ¡Venga, hombre, por Dios! Aquí no se produce un estallido social ni de coña. Ni aunque nos porculeen a todos uno por uno. El pueblo está insensibilizado, amodorrado o dormido, y hace ya mucho, muchísimo tiempo, que el grito de guerra más belicoso de las masas canarias no es otro que el de ¡Ahí nos las den todas! En fin. Que no lo veo claro, pese a mi receptividad. Que quieren que les diga.

José H. Chela

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