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El Sáhara, diez años después

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El diálogo solicitado por el Consejo de Seguridad el 30 de abril, a partir del último informe del secretario general Ban Ki-Moon, "pide a las partes que entablen negociaciones de buena fe, sin condiciones previas, teniendo en cuenta los avances producidos en estos últimos meses, con vistas a llegar a una solución política, justa, duradera y mutuamente aceptable que permita la autodeterminación del pueblo saharaui". El proyecto marroquí no pudo sustituir al derecho de autodeterminación, a pesar de las apreturas internacionales. Tampoco esta vez iban a presionar demasiado Francia, Estados Unidos o España, porque ninguno de ellos ha dado el atrevido paso de reconocer abiertamente el plan de autonomía marroquí como sustituto indecente del cuerpo legal vigente sobre el Sáhara Occidental. Ban Ki-Moon presentará un informe sobre el resultado de las negociaciones antes del día 30 de este mes ante el Consejo de Seguridad. Veremos. Pero cabe interpretar algunas declaraciones de los negociadores. Ninguno dijo que este encuentro ha sido inútil. Todos mantuvieron sus posiciones iniciales. El Frente Polisario defiende el referéndum democrático como la única manera de asegurar la aplicación de legislación internacional sobre el Sáhara Occidental, dándole a Rabat y a los residentes marroquíes todas las garantías en el caso de ganar la independencia, mientras Marruecos trata de asegurar la autonomía del territorio como última frontera de la negociación. ¿Algo nuevo bajo el sol del desierto? ¿Alguna esperanza para los refugiados saharauis y los que sobreviven en los territorios ocupados? ¿Alguna luz o pura demagogia? El negociador Chakib Benmusa, ministro marroquí del Interior (máximo responsable de la represión en los territorios ocupados) declaró antes de la reunión de Long Island, que emprendía el diálogo "con buena fe y gran esperanza para acabar con un problema que dura demasiado". Finalizado el encuentro, añadió que su plan es flexible: "No es una propuesta estática e innegociable. Es una iniciativa abierta que puede ser enriquecida y desarrollada en el marco de las negociaciones consensuadas". Si esta frase significa algo con pretensiones de consenso sólo puede referirse a una especie de nuevo plan Baker, manteniendo en el horizonte el referéndum democrático. De lo contrario, se trata de un saludo a la galería, a sus aliados internacionales, para seguir ganando tiempo mientras asfixia a los saharauis. Ayudando al Gobierno a eludir su responsabilidad histórica con el pueblo saharaui en nombre del realismo político, he leído lo siguiente en un afamado diario catalán: "España también se ha distanciado de las propuestas polisarias, obligada a mantener un delicado equilibrio entre Argelia, nuestro primer proveedor de gas, y Marruecos, nuestro vecino de Ceuta y Melilla y socio irremplazable en el control de los flujos migratorios", además de beneficiario en suculentos negocios, entre ellos el expolio de los caladeros saharauis, el turístico y otros. Pero esto último no lo cuenta la prensa progresista y tal. Se trata de la misma gente que apenas hace una semana emplazaba al ministro de Exteriores a colocar la defensa de los derechos humanos como punto número uno de cualquier agenda respetable. Evidentemente, no estaban pensando en el pueblo saharaui... ni en el marroquí. ¿Y el Gobierno canario? Bien, gracias. Facilitando los negocios de sus compadres en Agadir, por ejemplo. También aquí darle la espalda a la defensa de los derechos humanos de nuestros vecinos comporta beneficios económicos.

Rafael Morales

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