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Saramago, humano y humanista

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Filántropo, caritativo y comprometido en conciencia con su escritura y sus acciones contra los poderes establecidos de carácter exterminador contra sus semejantes, para la cual practicó una filosofía de vida. Luchador quijotesco de los entuertos sociales y políticos contra toda barbarie y sinrazón de la paranoia de la ambición patológica de la corrupción; la injusticia social de la tiranía caciquil y los genocidios de lesa humanidad. Vivió los problemas del mundo como propios, participando en ellos. Defensor a ultranza de la ecología y del medio ambiente, razón por la que también combatió en la isla de Lanzarote, desde su llegada en 1993.

Disconforme contra las beligerantes protestas de los paniaguados en la sociedad occidental, que se manifestaban tanto en Canarias y el resto de Europa, en contra de los agónicos africanos que inmigraban a las islas y otras orillas europeas, salió a la calle en Arrecife, alzando su voz, como un grito más, en contra de los intolerantes avaros, del reparto con todos, de una mejor y equitativa vida. Aquéllos que se ven necesariamente obligados a abandonar su tierra, familias y cultura por un mendrugo de pan.

Como tampoco dudó en salir a la calle a clamar contra la criminal guerra de Irak, promovida por los avaros intereses militares norteamericanos y en contra del genocidio a un noble pueblo.

Otra de las defensas que hizo el estimado Premio Nobel fue la visita a Chiapas; y a Palestina con ocho escritores internacionales, levantando las iras de los genocidas israelíes y la ortodoxia del fundamentalismo judaico, contra la aniquilación del pueblo palestino.

Asimismo, su puridad ética y la fidelidad a su conciencia, no le permitió obviar la vorágine del capitalismo salvaje globalizado, de los que buscan los réditos fáciles y drásticos, imposibilitando la existencia de los menos pudientes; haciéndola mucho más difícil y dura y degenerando el subsistir de la humanidad en el planeta.

Al ilustre Nobel de Literatura en el año 1998, por su herejía confesa del ateísmo practicante, le había negado el Gobierno portugués la presentación al Premio Literario Europeo, después del libro El Evangelio según Jesucristo. La santa inquisición vaticana, de la que el escritor fue un constante azote contra los dogmas y fariseísmos de la curia, se jactó, por el portavoz del ente, contra la concesión del Nobel, menospreciando los méritos literarios del apostata del corderismo apostólico, llamándole 'comunista recalcitrante', en venganza por el libro mencionado. Y aún hoy, después de fallecido, siguen con sus feraces críticas al noble hombre, y no le otorgan la indulgencia del aforismo: todos los muertos son santos, atizándole aún más, con grotescas y virulentas, al intelectual de la gran verdad denunciada.

Huyendo, pero sin poder huir, por su lealtad de compromiso consigo mismo, de los poderes fácticos que atropellan y doblegan las conciencias y el vivir en paz de la humanidad toda; les privan de la libertad de la palabra; y les hurtan el pan y los derechos a la dignidad de la existencia, se autoexilió en entre las fuerzas volcánicas de Vulcano, en las tierras calcinadas de Lanzarote, para que se fundieran con las fuerzas etéreas de su ego, amándola como propia y donde fue feliz junto a su Pilar del Río. Y nos sentimos parte de ellos.

No lamentaré su muerte, egregio escritor Saramago, porque debía suceder naturalmente, me alegro de que su excelsa inteligencia y su generosa ética y bondad, la haya puesto al servicio de los semejantes, como un faro de la orilla lanzaroteña, que sigue al mesías que siempre fue.

Teo Mesa

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