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Tragar sapos

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En otro orden de cosas, hay lectores que preguntan por qué López Aguilar entró a negociar con CC el Gobierno. Unos le afean que quiera ser presidente; otros censuran por razones éticas y estéticas que se sentara con Paulino. Son asuntos y preguntas que deberían planteársele al interesado, no a mí, que no estoy en su cabeza y no sé qué siente ni padece. Sólo puedo opinar (o imaginar) tras tantos años observando los modos, los usos y los abusos políticos; los que resultan suficientes para considerar del género tonto criticar a alguien por aspirar al puesto para el que se ha presentado a elecciones. Prefiero ocuparme de las críticas a López Aguilar por el mero hecho de sentarse a hablar. Repito que ignoro lo que pueda pensar López Aguilar, pero como tonto no es, supongo que sabía de antemano que la presidencia, a la que lógicamente aspira, no es todavía fruta madura para él. Ya puede darse con un canto en el pecho al pasar el PSC de ser tercero a primero en votos. Todo tiene su tiempo; la política también. Por otro lado, un candidato ha de mostrar moral de ganador para arrastrar al electorado. El macho, por ejemplo, repitió durante la campaña que no se veía sino de presidente. Es el ritual. Vienen luego los resultados electorales que obligan a López Aguilar, como ganador, a tomar la iniciativa de formar gobierno. Aunque lo supiera imposible y le repugnara negociar con ATI-CC, estaba obligado a intentar ser presidente porque para eso le votaron sus electores, lo que lleva aparejado el reconocimiento de Paulino como legítimo interlocutor designado a su vez por las urnas. Es la democracia. Un político ha de tragarse cada día un sapo vivo. Y no les digo de los que habrá de tragarse Paulino con las urgencias sorianas para habilitar nuevo centro de acogida de cargos al perder el del Cabildo.

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