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25 años de autogobierno

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El autogobierno iniciado posteriormente, en 1983, inauguró la etapa de mayor avance económico y social de nuestra historia. La Canarias de hace un cuarto de siglo y la de hoy tienen, afortunadamente, poco que ver. Y es imposible sentir demasiada nostalgia por un período en que sufríamos un gran atraso en materia educativa, sanitaria y cultural, así como en infraestructuras públicas básicas, una etapa en la que nos encontrábamos aún sumidos en el subdesarrollo, muy lejos de los niveles de bienestar españoles y europeos. Por primera vez en nuestra historia hemos tenido capacidad de decisión propia desde Canarias, lo que ha posibilitado la transformación y el progreso de esta tierra. La transformación ha sido enorme en la educación, que a comienzos de los 80 sufría las consecuencias de un sistema descapitalizado y abandonado por el Estado central. Colegios desdoblados, insuficientes plantillas docentes, incompleta escolarización de nuestros niños y niñas, escandalosas cifras de analfabetismo, formaban parte del paisaje educativo de entonces; a lo que se sumaba una oferta universitaria que no se correspondía con las necesidades de esta tierra y con sus aspiraciones de futuro. Asimismo, otro de los pilares del Estado de Bienestar, la sanidad, ha experimentado un importante salto cualitativo tras la asunción de competencias en 1994, lo que nos ha permitido la creación de centenares de centros de salud en el conjunto del Archipiélago y la modernización y crecimiento de nuestras infraestructuras hospitalarias, así como un cambio profundo en la atención a las urgencias. No han sido menores los avances que se han producido en las infraestructuras públicas: puertos, aeropuertos, carreteras, electrificación, saneamiento o producción y distribución de agua, para lo que ha sido preciso una fuerte inversión que corrigiera nuestros enormes atrasos y carencias. Estos 25 años han supuesto, en definitiva, un conjunto de profundas modificaciones en los más diversos ámbitos que hacen que la Canarias de hoy ofrezca adecuadas respuestas a la mayoría de las necesidades básicas de sus ciudadanos y ciudadanas, con parámetros homologables a los de los países europeos de los que formamos parte, cosa que ni de lejos ocurría en la Canarias preautonómica. Esta afirmación no supone dejar de reconocer que quedan asignaturas pendientes, asuntos en los que es preciso mejorar. Ni pensar que todo han sido aciertos en estos 25 años. Quedan pendientes de resolver problemas referidos a la pervivencia de bolsas de pobreza y exclusión social; a la calidad de la vida democrática; al desarrollo y su sostenibilidad; o a la propia unidad de Canarias, tantas veces cuestionada por actuaciones desequilibradas y hegemonistas. Pero el balance global es, a todas luces, positivo: nuestra gente tiene mucha mayor calidad de vida, nuestra tierra tiene un mejor presente y puede plantearse un esperanzador futuro. Reformas Ahora, tras las modificaciones parciales de 1996, en las que se nos reconoció cómo nacionalidad, vivimos un período de gran interés, con el proceso de reformas estatutarias en marcha en distintas comunidades, aunque las actuaciones políticas desde el proceso inicial de reforma de nuestro estatuto son claramente negativas. Y, además, los plazos legislativos impedirán, casi con toda seguridad, su debate antes de los comicios de marzo. Considero que se erró en su momento al secuestrar el debate sobre el nuevo texto, así como al dejar las nuevas competencias fuera del Estatuto, incluyéndolas en la Lotraca; se erró, asimismo, al no aprovechar la ocasión para avanzar en el equilibrio institucional y, especialmente, en una correcta definición de la doble capitalidad; y se yerra ahora al pretender descafeinarlo con los recortes impuestos por la alianza PP-CC, por un lado, y por el PSOE, por otro. Todo apunta a que con esos mimbres Canarias tendrá un Estatuto de segundo nivel, cuando sus especificidades exigen el máximo grado de autogobierno. Un Estatuto que no resolverá, además, el actual e injusto sistema electoral que ha dejado sin representación a 150.000 canarios. Pero no se trata sólo de contar con más competencias, sino también de gobernar bien. Y en el último período, la mala gestión de los servicios públicos básicos y la falta de actuaciones para apoyar a nuestro principal sector económico, el turismo, con el intencionado archivo de las directrices y el grave incumplimiento de los deberes gubernamentales respecto a la implantación de medidas a favor de la renovación de la planta obsoleta, han supuesto perder una legislatura en temas claves para el bienestar ciudadano y para el impulso de nuestro motor económico. Por eso, los nacionalistas de Nueva Canarias consideramos muy importante el trabajar para que el Archipiélago alcance los máximos niveles de autogobierno, con un Estatuto reformado que cuente con el mayor apoyo social y político, y que ofrezca respuestas a las necesidades de un territorio fragmentado y alejado del continente europeo. Pero al mismo tiempo, consideramos esencial saber ejercer las competencias, gobernar Canarias desde la unidad, el equilibrio y la defensa del interés general; desde el respeto a nuestro patrimonio e identidad. Y en estos aspectos, en los últimos tiempos es verdad que hay poco, muy poco, que celebrar. *Presidente de Nueva Canarias

Román Rodríguez*

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