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Qué buenos son

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Mariano Rajoy, sin embargo, no ha tenido tiempo aún de recibir al presidente del Gobierno de Canarias debido, según dicen en La Moncloa, a sus múltiples compromisos.

Soria y sus adláteres proclaman, siempre que se les pregunta, que Rajoy recibirá a Rivero más pronto que tarde. Pero llevan con la misma cantinela desde que comenzó la legislatura y todavía ni se sabe ni se le espera.

El ministro de Industria, después del ridículo hecho con la presidenta argentina a cuenta de Repsol, asegura que hay otros presidentes autonómicos que no han sido recibidos aún por Mariano, pero miente como un bellaco.

No hay presidentes en plural, además del canario, que estén en lista de espera para ser recibido en La Moncloa. Solo hay un presidente, junto a Paulino, que no ha sido recibido por Rajoy desde que éste aposentó sus reales en palacio: el de La Rioja, un desconocido del que nadie sabe cómo se llama, excepto los riojanos, y no todos.

Cuando Soria era el vicepresidente del Gobierno de Canarias y formaba aquella extraña pareja de Dúo Sacapuntas con Rivero, se comportaba de otra manera bien distinta. A pesar de su inquina contra Zapatero, que gobernaba España en aquellos momentos, jamás el presidente socialista hizo esperar tanto al presidente canario. Rivero, a pesar de las diferencias políticas, nunca tuvo problemas con el jefe del ejecutivo central, quien lo recibió cada vez que quiso en La Moncloa.

Tiene narices que un jefe de Estado tenga las puertas abiertas al presidente del Gobierno canario mientras que el del ejecutivo de la nación le dé largas, aunque sí tiene tiempo para conceder entrevistas radiofónicas a los periodistas aduladores de la derecha, que no lo importunan nunca. Gracias a esa última entrevista pudimos saber que Rajoy nos mintió con sus promesas electorales, pero lo hizo, eso sí, por nuestro bien.

Lo peor no son las tonterías que dice, sino que nos tome por tontos, como si todos fuéramos afiliados incondicionales de su partido, dispuestos a aplaudir hasta las mayores barrabasadas. Qué buenos son los padres escolapios, qué buenos son, que nos llevan de excursión. Aunque nos la cobre muy cara y encima tengamos que llevar la Fanta y el bocadillo de chorizo de Teror.

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