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El capitalismo vigente, más salvaje que humano

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Lo importante desde la óptica española es en primer lugar la presencia y la participación de Zapatero en tan relevante reunión de líderes mundiales. Y, en segundo lugar, que se haya abierto el camino para que España se incorpore definitivamente al G-20 o al G-22 o como acabe llamándose este tipo de asambleas. Por desgracia, basta con observar la irritación que se advierte en el PP y algunos de sus medios satélites para constatar una vez más que esta derecha española ?salvo excepciones- es literalmente infumable. El sentido de Estado genovés sólo coincide con su comportamiento cuando prima a sus intereses.

Reactivación económica

A todo ello hay que añadir por supuesto que no parece que le falte razón al presidente cuando pronostica que la cumbre debe significar el inicio concertado de la reactivación económica. Que incluye blindar los mecanismos financieros de los países que vienen sufriendo la crisis económica pero también ?según Zapatero- debe potenciar "los derechos de la ciudadanía frente al sistema financiero". O, dicho de otra manera, que se instale la cultura de la transparencia en el ámbito de las finanzas de modo que sea "favorable a los ciudadanos".

Formalmente contenido

Si en su intervención oficial el discurso de Zapatero fue formalmente contenido ?representaba no sólo a España, sino a Holanda y a Eslovaquia, cuyo Gobierno es firme partidario del neoliberalismo-, durante la rueda de prensa posterior no dudó en subrayar dimensiones digamos más acordes con la doctrina socialdemócrata que trata de llevar a cabo el Gobierno actual.

No mera retórica

En todo caso, si la decisión de terminar con los "paraísos fiscales" no se queda en mera retórica; si se procede a desterrar los cobros desorbitados, y de todo punto injustos, de la inmensa mayoría de los grandes ejecutivos de las grandes empresas multinacionales; si se combate de verdad, y no únicamente de boquilla, "las desigualdades sociales y la pobreza"; si el FMI y el Banco Mundial se transforman en instrumentos útiles para regular la economía y para que ésta no se decante siempre en pro de los más poderosos o los más ricos, y si la liberalización de los mercados se entrelaza con la vigilancia y la capacidad de los Gobiernos para que no se repitan los desmanes que nos han sumido en el pozo inquietante de esta crisis, entonces habrá motivos para cantar victoria y para afirmar que "la refundación del capitalismo" permite pensar que -en términos más clásicos- el capitalismo salvaje será sustituido por el capitalismo con rostro humano. Que es el único formato de capitalismo o de libre mercado que puede ser asumido por el conjunto de la ciudadanía.

Curados de promesas

Pero conviene no olvidar que estamos ya curados de promesas y de buenas palabras, mientras el tercer mundo ?especialmente África- es la mayor demostración de que el modelo económico vigente tiene más de salvaje que de humano. Por consiguiente, los buenos propósitos no significan en sí mismos que se vayan a llevar necesariamente a cabo. Las medidas adoptadas en Washington y que se han de ver reforzadas en próximas citas, con Barack Obama ejerciendo ya de presidente suenan bien, a pesar de que busquen una cierta equidistancia entre el modelo europeo y el modelo tradicional americano. Pero no basta con la calidad del sonido difundido. Es preciso que los gobernantes de los países más desarrollados y de los países emergentes se decidan a combatir de verdad la penosa realidad en la que nos encontramos -así como la desesperada situación de los hombres y mujeres que malviven condenados a la miseria o la indigencia-; tal situación ha de ser vigorosamente corregida.

Distribución de la riqueza

Emilio Ontiveros, que es un reputado economista y preside la organización Analistas Financieros Internacionales, apuntaba en El País el otro día que la cumbre tenía que sentar las bases sobre una discusión acerca de la distribución de la riqueza. Y concluía con esta reflexión de muy alto calado: "En caso contrario, no se acordará nada". O sea, que eludir con fórmulas ambiguas y con vocablos hueros el fondo del problema no conduce a ninguna parte, salvo a ahondar en un status quo insoportable para los más débiles, tanto en los países más sólidos económicamente como, sobre todo, en los países dejados de la mano de Dios, por describirlo sucintamente.

Voz necesaria

La voz de Zapatero, en este sentido, es esperanzadora. Y absolutamente necesaria. No sólo la suya, naturalmente, sino también la de aquellos políticos -como el mencionado Lula- con acentuada sensibilidad social y con sensibilidad para garantizar prioritaria los derechos más elementales de todos los seres humanos. Sabemos de la voluntad reformista del presidente y de su obstinación por no perder el optimismo y por preservar en el esfuerzo hasta conseguir objetivos fundamentales. Ojalá empiecen, pues, a "cambiar las cosas".

*Enric Sopena es director de elplural.es

Enric Sopena*

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