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Los nuevos admiradores de Adán Martín

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La última vez que hablé con Adán Martín fue durante el último coctel navideño de la Confederación Canaria de Empresarios. Allí estaba él con Pilar, conversando con casi todo el mundo. Casi sin decirme hola me espetó "estás equivocado, lo que escribiste sobre Hernando de Soto y mi proyecto en África no es correcto". Unas semanas antes un servidor había escrito un artículo en este periódico criticando la concesión de una subvención de 500.000 euros a la Fundación Canaria Instituto libertad y Democracia" promovida por Martín Menis. Aclaraba en el artículo "probablemente Adán Martín no se lleve ni un euro de esas ayudas, pero tampoco se lo llevarán los africanos más pobres". La fundación pretende hacer estudios de campo en países africanos para promover que los agricultores registren sus propiedades. Mis críticas iban dirigidas sobre todo al fundador internacional de ese instituto: Hernando de Soto Polar, un personaje peruano criado en Suiza y formado en Estados Unidos.

De Soto fue asesor del gobierno de Fujimori y predica que hay que extender el capitalismo en África y América Latina. Yo sostengo (y sostuve en el artículo) que capitalismo y colonialismo es lo que le sobra a África. Nos pusimos a discutir con un tono de mutuo respeto. Adán no me convenció y yo a él tampoco, pero se agradece que alguien que estuvo tres décadas con coche oficial, siempre en tareas de gobierno, en lugar de enfadarse con la crítica y mirar para otro lado, reaccionase mirando a los ojos y explicando sus argumentos.

Me vino a la mente ese recuerdo cuando me enteré de la muerte de Adán Martín. Comparto esa visión tan extendida y escrita estos días del Adán cercano y conversador, dispuesto a hablar con todo el mundo, a convencer a la gente de sus propuestas. Pero tengo otros recuerdos de su gestión y otras discusiones que no vienen al caso. Prefiero el silencio como luto que la fabricación de halagos como compromiso social. El homenaje político- mediático a la figura de Adán Martín es una muestra de cómo funcionamos en este país. Somos excesivos. Para criticar y para halagar. No cuestiono el dolor de nadie. Ni siquiera la amistad de los que ahora se llaman amigos. Pero me pregunto dónde estaban todos esos admiradores cuando Adán Martín quería repetir como candidato a la presidencia del gobierno y sus compañeros de partido lo apartaron. Dónde estaban cuando Martín se postuló para presidir Cajacanarias y lo arrinconaron. Todos estos admiradores de Adán Martín que han estado tres años callados, por qué no montaron una plataforma de apoyo para que repitiera como candidato a presidente, por qué no se molestaron en escribir un artículo entonces, cuando Martín necesitaba apoyos.

Decía el expresidente Fernando Fernández el lunes en El Correíllo de CANARIAS AHORA RADIO que "ahora que está muerto hasta los que le hicieron muchas putadas sólo hablan bien de él". No estoy pidiendo que los que en vida de Adán sacaron los cuchillos para clavárselos por la espalda hoy saquen las espadas para continuar la guerra. El respeto es muy bonito y cuando alguien no se puede defender no es justo atacarlo. Pero todo este buenismo político y periodístico, todo este descubrimiento del genio de Adán Martín después de muerto, toda esta reivindicación de sus planes para nuestro futuro no es que llegue tarde, es que suena a desfile de aquellas plañideras de pago que contrataban en la antigüedad para acompañar los velatorios. Y eso, qué quieren que les diga, creo tampoco es lo que necesitaba la memoria de Adán Martín

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Juan García Luján

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