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El ocio nocturno de los jóvenes

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El llamado botellón ?fenómeno antiguo ya- parece estar convirtiéndose en un problema social; era algo puntual en las ciudades y los adultos nos echábamos las manos a la cabeza, ahora se ha convertido en una práctica habitual en todos nuestros pueblos entre los más jóvenes con el argumento del ahorro.

Nuestras islas, con la benignidad del clima, se prestan a que esta práctica se extienda en el tiempo con el consiguiente desasosiego para el vecino que debe dormir.

Sin embargo, el catedrático de Sociología de la Complutense de Madrid -Alfonso Pérez Agote- llegó a decir en su día que el botellón es, "la única forma, o la manera fundamental que tienen los jóvenes españoles de liberarse de la dependencia estructural del mundo adulto que padecen", argumento que comparto en parte, porque si bien los chicos y chicas españoles están desencantados de la sociedad actual -con una gran crisis y un futuro negro- deben comprender que estas formas de diversión chocan con los intereses de la inmensa mayoría de la de la población que requiere un merecido y productivo descanso.

Todos conocemos las pautas que se siguen en esta praxis; si hablas con gente que lo practica te infieren: "que no van a discotecas porque no se puede hablar", "que así, en la calle, se conoce más gente" y por último -el más importante- el "argumentario económico", que no es poco, en los tiempos que corren. Imposible que se puedan pagar los "precios", con el agravante de que en múltiples ocasiones no van unidos a la calidad del producto recibido; todo lo contrario

Sé que es muy difícil, prácticamente imposible ponerle puertas al campo, pero hay que intentar hacerles comprender -por lo menos al mayor número de ellos y ellas- que tiene que haber otras formas de diversión. Nuestra cultura, no ahora, sino siempre; ha utilizado el consumo de alcohol como palanca de desinhibición en todo tipo de fiestas y acontecimientos sociales; pero constituye un enorme riesgo, porque cuando hablamos de alcohol, hablamos de una de las drogas más duras, todos conocemos casos. Es evidente que el problema estriba en el exceso, la falta de control y en la perdida de dignidad -del respeto que uno debe tenerse- que supone participar en un evento que deja el ambiente urbano -aquel en el que todos convivimos- convertido en un estercolero. Eso, y el abusador exceso de ruidos que se produce en algunos casos pocos argumentos a los defensores del botellón.

Por lo pronto deben aprender a cumplir las leyes y tener claro que haciendo botellón se infringe la prohibición del consumo de alcohol en la calle y las normas antirruidos ensordecedores. Si en sus familias, cada vez las indicaciones son más laxas y la edad se recorta en estos usos, habrá que recurrir al profesorado de la enseñanza pública, como tabla de salvación por su solvencia; que sea éste el que intente establecer, a través de distintas áreas, la formación adecuada a los jóvenes, sobre todo en lo relativo al "consumo de alcohol como regla"; haciéndoles comprender el peligro que para su salud, su vida futura supone esta adicción. ¿Recordamos La Ciudadanía?

Las administraciones públicas y sobre todo las locales, desde las concejalías de juventud, deben establecer un entramado con los implicados -chicos y chicas- de manera que sean escuchadas sus peticiones, se pongan propuestas sobre la mesa y se busquen soluciones de consenso. El ocio no es incompatible con la seguridad, la salud, ó la limpieza ciudadana, todo lo contrario. Y existen otras formas de pasarlo bien, sin que medie la gresca permanente.

Tristemente creo que es un gran problema al que no se le ven soluciones, que seguirá llenando espacios de protesta de uno y otro lado; las posibles soluciones dudosamente contentarán a nadie.

*Secretaria de Formación del PSC-PSOE de Santa Cruz de Tenerife

Carmen Coello*

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