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No olvides el 11 de septiembre

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No olvides el 11-S. Las víctimas se merecen el homenaje que nunca tuvieron. Algunos verdugos siguen vivos. Otros murieron. Pero los miles que murieron el mismo 11-S no deben pasar al olvido. Hoy todos hablan del 11-S, y tú te emocionarás. Quizá hoy veas en directo los rostros tristes de George Bush, Bill Clincton y Barack Obama en alguna misa retransmitida por las principales televisiones del mundo. Y tal vez tú te emociones. Te hablarán del 11-S como la fecha en la que unos aviones derribaron las torres que simbolizaban los sueños de los ricos.

Pero yo te hablo de otro 11-S. Te hablo de unos tanques que acabaron con los sueños de los pobres. Yo te hablo de un 11-S que también fue en suelo americano, en la América Nuestra. Hoy no verás las fotos de esos miles que también murieron un 11-S. Hoy no habrá tiempo para la imagen de Allende, de Neruda, de Víctor Jara, de militantes de la Unidad Popular, de sindicalistas, estudiantes y obreros asesinados el 11-S. La caída de las torres gemelas no dejará espacio para recordar que el Palacio de Moneda también cayó por unas bombas. El 11-S de Santiago de Chile fue planificado en el mismo país que sufrió el 11-S de Nueva York. Todos pagamos la guerra de la venganza por el 11-S neoyorkino, pero casi nadie ha pagado por el 11-S de Chile.

11-S. Once de septiembre de 1973. Un golpe de estado liderado por el militar Augusto Pinochet acabó con la democracia en Chile. Contó con el patrocinio de varias multinacionales norteamericanas y de la CIA. Los ríos de sangre recorrieron las alamedas de Santiago. El presidente electo por el pueblo, Salvador Allende, murió con el fusil en la mano dentro del Palacio de La Moneda, no se rindió ante los fascistas. Pablo Neruda murió de tristeza doce días después, lamentando ante Matilde los asesinatos de Allende y de Víctor Jara, horrorizado porque sabía que miles de sus hermanos pobres estaban siendo fusilados. El cantautor Víctor Jara fue torturado, le cortaron las manos y la lengua, lo asesinaron ante miles de ojos asustados en el Estadio Nacional de Santiago. Sus verdugos siguen vivos y libres treinta y seis años después. No olvides el 11-S.

Juan García Luján

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