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De aquellos polvos

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Hay políticos, como Rajoy o Soria, que confunden la honestidad con el dinero. Son esos tipos de políticos que cuando los acusas de corrupción o indecencia siempre reaccionan hablando de su sueldo, asegurando que ellos no han aterrizado en la vida pública para ganar pasta porque eso ya lo hacían en su oficio anterior, en el caso de uno como registrador de la propiedad y en el del otro como técnico comercial del Estado, dos oposiciones que les han permitido unos honorarios envidiables.

Pero que tú no necesites vivir de la política para vivir bien no es óbice para que a la vez puedas ser un político insensible, corrupto, deshonesto o indecente. No es incompatible ni excluyente. Ahí tienen el caso de Rato, un tipo de familia bien que vivía rodeado de lujos asiáticos pero prefirió vivir aún mejor. Ya saben lo que dice la canción: el que tiene un peso quiere tener dos, el que tiene cinco quiere tener diez… y así hasta el infinito. La codicia y la ambición humanas no tienen límites.

Rajoy y Soria, además de esto, tienen en común que no lo les gusta salir de su guarida y se escaquean de los debates cada vez que pueden. Si fuera por ellos no irían a confrontar las ideas con otros candidatos porque se creen los reyes del mambo y les da pereza bajar a la tierra. Será porque siempre están en las nubes.

El presidente se enfadó mucho porque Sánchez le dijo que no era un presidente decente. Es difícil serlo cuando eres el máximo responsable del partido de la Gürtel y fuiste el que nombró tesorero a Bárcenas. Rajoy tiene la memoria corta. No se acuerda cuando, siendo jefe de la oposición, llamó a Zapatero amigo de los terroristas y usó miserablemente a ETA para abofetear al presidente socialista en el Congreso. Eso sí que fue muy indecente.

Rajoy se hizo cínicamente el ofendido y se olvidó que como líder de la oposición llamó a Zapatero cobarde, acomplejado, grotesco, insensato, zafio, sectario, acomplejado, inestable, ambiguo y bobo solemne. Este país no puede permitirse un presidente sin memoria. Soria ni siquiera se digna a escuchar a una mujer parada de su generación que sufre pobreza energética y que le invita a su casa para que vea que no usa la luz cuando oscurece, que no pone la calefacción porque no puede pagarla y que no cocina por no gastar gas y porque no tiene calabacines en su despensa para hacerse un pisto.

Sánchez estuvo duro en el cara a cara pero no fue faltón. Decir que Rajoy no es decente no fue un insulto sino una descripción de la realidad. Incluso se quedó corto. El presidente sí fue descalificador y ofensivo al llamar a Sánchez ruin, mezquino y miserable mientras sus ojos se salían de órbita. Se puso tan nervioso que bautizó a Sánchez con otro apellido al llamarlo Ruiz en vez de ruin. Los dos se embarraron de lo lindo en el fango. De aquellos polvos vienen estos lodos.

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