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El precio de la crispación

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Dos guardia civiles muertos han hecho falta para que PP y PSOE se avengan a compartir la cabecera de una concentración contra el terrorismo. A pesar de esta unidad casi a regañadientes, no se pudo evitar que una vez más esa marabunta de exaltados que se ha alimentado con una estrategia política equivocada volviera a las andadas. Y a la salida de un acto institucional con motivo del Día de la Constitución, unos y otros tuvieron que escuchar todo tipo de insultos e improperios. Esta vez también le cayó algo encima a Rajoy por lo que quienes gritaban consideran una suerte de traición, al haberse sumado al PSOE en la repulsa contra ETA.

Esa escena, que se repite cada vez que hay un acto en el que participan miembros del Gobierno o del PSOE, vino a corroborar las palabras de Manuel Marín. Y vino también a avergonzar al resto de ciudadanos que contemplamos el acto. Un momento en que todos los partidos democráticos se sumaron para recordar a dos víctimas del terrorismo a la par que celebraban 29 años de la Carta Magna.

Nadie cuestiona el derecho que todos tenemos para protestar y reclamar aquello que consideremos justo. Otra cosa es no tener criterio del modo ni de la oportunidad. Máxime cuando no se pide nada, sólo se insulta. Igual ocurrió durante el funeral del guardia civil que falleció en primer lugar, o durante la concentración de repulsa que tuvo lugar en el Ayuntamiento de Madrid y donde Pedro Zerolo tuvo que escuchar gritos de "maricón". Parece que se han perdido las formas, pero también el sentido común. La crispación que se ha labrado en el ámbito político tiene un coste que ahora pagamos todos: una panda de energúmenos que no respetan ni el dolor de la muerte ni el consenso del resto del país.

Esperanza Pamplona

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