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Somos ricos

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Pero a lo que iba: los soberanistas pepitianos acaban de darle los primeros toques a Paulino. Debieron pensar que se les fue la mano con el fracaso presidencial en el Congreso de su partido al producirse el desatino y no le regatearon elogios hasta proclamarlo, madre, el mejor presidente que ha tenido Canarias. Mas hete aquí, oye, que a Paulino se le ocurre decir que CC no apuesta por el independentismo y cambió la cosa. No lo han puesto todavía a parir sino que el órgano oficioso del soberanismo, lerén, lo exhortó ayer cariñosamente a perder el miedo a pedir la independencia. Además de recomendarle que evite la "trampa amarilla", obligado referente de la loquinaria teoría de que la no independencia de Canarias sólo beneficia a los canariones.

Y repregunta el chafardero: "¿Por qué vamos a seguir sojuzgados con el estigma de la inferioridad por peninsulares, godos y canariones?" Tentado estuve de responder que porque hay que esperar a que se curen pero callo para que no me acusen de alimentar el pleito.

Sin embargo, ya ven, tienen razón los pepitianos en que la riqueza de Canarias es enorme, infinita y da para poner bandera en la ONU, abrir embajadas, convertir la guanchancha en ejército regular y crear otra, armar flota y comprar aviones, además de cubrir las pensiones, la seguridad social, la sanidad, la enseñanza, los trenes al sur, correr con los gastos de ir a pescar salmones y qué sé yo. Podríamos incluso renunciar a las subvenciones. La venta de suelo alcanza para eso y más. Nunca creí que dieran las islas para tanto y admito mi error: me convenció que el Gobierno se gaste en informática veinte millones de euros más de lo que le costó a la India enviar una sonda a la Luna; lo que unido al costo de la corrupción y los derroches arroja totales que serían escalofriantes si no fuéramos riquísimos. Tan ricos que nos podemos permitir hasta tener este Gobierno.

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