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ENTREVISTA A RAMÓN TÉRMENS

Tras un primer encuentro durante los días en los que se celebró el festival de cine Night Visions Back to Basic, en la ciudad de Helsinki, y dada una cierta incompatibilidad de agendas para poder hacerlo en persona, acordé con el director Ramón Térmens enviarle una serie de preguntas para conocer, más en profundidad, los secretos de la producción de su película El mal que hacen los hombres. El resultado de todo ello, lo podrán leer a continuación, pero, antes de continuar, quisiera agradecerle a Ramón Térmens el que accediera a responder a mis preguntas.

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Lo primera pregunta -una vez revisada su carrera como director, la cual ha estado marcado por tocar temas totalmente opuestos en cada uno de sus proyectos- es ¿cuál fue la razón que le llevó a escribir y dirigir El mal que hacen los hombres?

Todo empezó con el espacio. Había una nave gigantesca en la cual tenía la posibilidad de filmar, y se lo comenté a mi guionista habitual, Daniel Faraldo. Él tenía una historia de sicarios que se redimían ambientada en Los Ángeles y yo, una historia de un secuestro de una niña. Juntamos las dos historias con el espacio que teníamos y ahí nació la película.

Y una vez que empezó el largo proceso de preproducción ¿qué fue lo que más le atrajo de este tema y cuáles fueron sus fuentes de documentación?

Un actor amigo mío, el ya desaparecido Jordi Dauder, me recomendó la lectura de “El poder del perro” de Don Winslow. La novela me fascinó. A partir de ahí, fui leyendo más y más sobre el mundo del narcotráfico y vi un gran número de documentales que me ayudaron mucho. También visitaba y leía muchos blogs que hay en Internet sobre el tema, algunos realmente explícitos y duros.

La historia se desarrolla en la delgada y conflictiva línea que separa los Estados Unidos Mejicanos y los Estados Unidos de América, pero el rodaje se realizó en Cataluña, según contó durante su estancia en Night Visions. ¿Dónde se rodó la película, por cuánto tiempo y por qué se decidió a rodar en España?

La película se rodó en un polígono industrial en Martorelles, un pequeño pueblo a 20 minutos de Barcelona, durante 21 días. Rodamos ahí, obviamente, para abaratar costes. El reto era conseguir reproducir el ambiente de la frontera mejicana-americana en Cataluña. No era nada fácil, pero por la reacción que hemos tenido en los distintos festivales a donde hemos ido con la película, creo que lo hemos conseguido.

Una vez escogida la localización, ¿se utilizó lo que había dentro de la enorme nave, la cual reproduce una suerte de micro-mundo con diversos escenarios, o con el presupuesto disponible se adaptó el espacio según las necesidades del guión?

Lo tuvimos que adaptar. La nave era un espacio vacío que amenazaba derrumbe -de hecho, ahora ya no existe-, construimos los distintos decorados que figuraban en el guión; es decir, la oficina, el crematorio, el quirófano, la celda, etc.

Con este tema, entronco con el siempre problemático asunto del anteriormente citado presupuesto. ¿Cómo logró reunir el dinero para rodar una película que bebe de unas fuentes y de una realidad que pudieran ser consideradas por buena parte de la sociedad repulsivas y ciertamente censurables?

Con capital privado, ayuda de la televisión catalana y una pequeña ayuda del Departamento de Cultura del gobierno de Cataluña.

¿Piensa que el público puede llegar a sentir empatía por alguno de los personajes protagonistas?

  Sí, claro. Ésta es la idea y ésta es la magia del cine: sentir empatía por personajes que, en la vida real, nos resultarían repulsivos. Sientes empatía por Michael Corleone, por muy jefe de la mafia que sea, porque entiendes sus razones aunque no las compartas.

En cuanto al reparto, el cual cuenta con actores anglosajones y latinos, ¿es difícil rodar y trabajar en dos idiomas o es algo que entra dentro de las obligaciones del director?

No es difícil. Sobre, todo en el sentido que entiendo el inglés sin problemas. En mi anterior película, “Catalunya über alles!” fue mucho peor, ya que buena parte de ella era en mandinga (idioma del Senegal y Gambia). Y en la próxima nos divertiremos también, porque en parte será dialogada en mandarín.   

¿Qué me puede contar de la niña, la cual acaba por desequilibrar el orden natural de las “cosas” tal cual se entienden en aquel mundo?

Exactamente, la niña lo desequilibra todo. Especialmente al personaje de Benny, que no pertenece exactamente a ese mundo, sino que está pagando una deuda contraída con el cártel. Al personaje de Santiago no le inmuta al principio, pero sí que lo va a ir cambiando a medida que se suceden los acontecimientos. De alguna manera, Santiago se acaba identificando con la niña (que también es hija de un capo de la mafia).

¿Les da libertad a los actores a la hora de poder cambiar y/o añadir alguna cosa en el guión o es de los directores que prefiere seguir “la letra escrita”, tal cual está?

En principio hay que seguir el guión, pero siempre escucho cualquier sugerencia que un actor quiera darme. A veces lo incorporamos y otras veces, no.

Una vez que se termina de ver la película, a uno le queda claro que los verdaderos monstruos están entre la raza humana y no hace falta crear ninguno más. ¿Era consciente de que estaba rodando una película de “terror” protagonizada por seres humanos y no por criaturas míticas, ni nada por el estilo?

Sí, el terror es humano, demasiado humano. El “monstruo” está en cada uno de nosotros. Somos realmente capaces de lo peor y también de lo mejor, y en esa dicotomía moral es donde el ser humano se mueve, elige y se realiza. El tema es hacia dónde va la humanidad en su conjunto, las dosis de ultra-violencia que estamos viendo en los noticieros de nuestras televisiones, o que puedes encontrar fácilmente en Internet, yo no las había visto nunca. Da para pensar.

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¿Cree que, en un ambiente como el que plantea en su película, alguien puede llegar a redimirse?

Totalmente, y de hecho hay casos. Leí la historia de un sicario que cambió radicalmente su vida hasta el punto tal que hoy ejerce de sacerdote. Creo que todo el mundo puede cambiar, que siempre le puedes dar vuelta a la situación, sea cual sea ésta.

¿Cuál es mejor y peor recuerdo que guarda del rodaje de la película?

El mejor recuerdo fue el equipo humano que tuve, hubo siempre muy buen ambiente, tanto de trabajo como de compañerismo. El peor, los tres últimos días de rodaje, donde el estrés por tener que acabar con todo lo que nos quedaba todavía me estaba destrozando por dentro, aunque por fuera procuraba dar una imagen de tranquilidad.

¿Hay un próximo proyecto en el horizonte?

Sí claro, un thriller con muchas dosis de comedia para filmar en Barcelona, con la mafia china como telón de fondo.

¿Alguna cosa más que contar? Hay tiempo para hacerlo.

Que me encantó estar en el Festival Night Visions de Helsinki, y ojalá pueda volver a presentar otra película.

© Eduardo Serradilla Sanchis, 2016

© Segarra Films, 2016

 

 

 

 

 

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