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Terremoto en el Festival de Música de Canarias, al que los expertos dan por muerto

Su director, Nino Díaz, rompe con la tradición de contratar a grandes orquestas como cabeza de cartel y provoca las iras de los miembros del comité asesor

La consejera de Cultura lo apoya y aparta de sus funciones a la directora general, Aurora Moreno, frontalmente opuesta a Díaz

Los expertos temen que la programación para el festival de 2017 hunda las previsiones en las ventas de abonos

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Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo

Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo

“La bola de cristal” es un funcionario de la empresa pública Canarias Cultura en Red al que cada año por estas fechas se le consulta lo mismo: ¿cuántos abonos del Festival de Música de Canarias vamos a vender? Lo suele clavar, aseguran personas conocedoras del fenómeno, particularmente las que luego trasladan a los presupuestos de ingresos esas peculiares previsiones. El cálculo que hace “la bola de cristal” proviene de la trayectoria recaudatoria del festival y del programa que cada año diseña el director o directora de turno. Un cartel habitualmente previsible que consiste en una orquesta sinfónica que ejerce de tirón y una serie de propuestas complementarias que de algún modo desempeñan el papel de acompañamiento hasta completar una programación que permite cobrar una media de 300 euros por abono a los aficionados de la música. Después de 33 años de rutina apacible, este viernes todo ha saltado por los aires en el Festival de Música de Canarias. No sólo por el programa presentado por su nuevo director, Nino Díaz, absolutamente rupturista, sino por el mar de fondo que se aprecia en la Consejería de Cultura y en ese festival desde hace ya demasiados años.

Nino Díaz (Lanzarote, 1963) es un compositor y clarinetista canario que abandonó hace tres décadas las islas rumbo a Barcelona primero y a Berlín después, donde reside (su esposa es funcionaria de la Embajada de España), en busca de un mejor futuro para su pasión, la música. Desde julio de 2015 se convirtió en asesor del vicepresidente primero del Parlamento de Canarias, David de la Hoz, líder de Coalición Canaria en Lanzarote. Cobra por ese puesto 34.850 euros brutos al año, según la web del Parlamento de Canarias. Es De La Hoz el que propone su nombre a la consejera de Cultura y Turismo, la también lanzaroteña Teresa Lorenzo, cuando estalla la enésima crisis en el Festival de Música de Canarias provocada por la pérdida de confianza en la que entonces era su directora, Candelaria Rodríguez, también designada por Coalición Canaria.

Rodríguez se convirtió en una persona incómoda para el Gobierno de Fernando Clavijo desde que se hizo cargo de la dirección general de Cultura la aruquense Aurora Moreno, que desde el primer momento puso la proa a la directora del Festival de Música de Canarias atendiendo a las sugerencias que le hacían llegar sus asesores más directos. No gustaba su modo de conducirse y se le llega a acusar desde la Dirección General de “poco trabajadora” y “absentista”.

Candelaria Rodríguez guarda silencio cuando el periodista le pregunta por los motivos de su destitución. Pero la media docena de personas consultadas para elaborar este reportaje coinciden en que la gota que colmó el vaso fue su deseo de contratar a la Orquesta Sinfónica de Chicago para la trigésimo tercera edición del festival, después de haberla traído en la trigésima bajo la batuta de Riccardo Muti.

La ex directora fue tratada de manera despectiva por Canarias Cultura en Red durante los años que estuvo al frente del festival. Pese a haber logrado mantenerlo vivo con un recorte presupuestario brutal (de 7 a 1,3 millones de euros), Rodríguez fue despreciada en la empresa pública, donde no disponía de apoyo profesional y técnico y en la que cobraba un sueldo de auxiliar administrativo, unos 1.300 euros al mes. No ha denunciado a sus superiores, que se sepa, pero se conocen episodios de acoso moral similares a los que otras trabajadoras de esa empresa pública canaria han llevado ante la justicia.

El proyecto Mariinski

Su despedida estuvo a la altura del despecho: la directora general de Cultura del Gobierno, Aurora Moreno, hasta la semana pasada consejera delegada de Canarias, Cultura en Red, le había prohibido que programara a la Orquesta de Chicago para el 33 Festival de Música de Canarias por su alto coste (unos 900.000 euros), y le instó a que a cambio rematara unas negociaciones ya abiertas con la orquesta del Teatro Mariinski.

El proyecto del Mariinski venía avalado (algunas fuentes hablan de presiones) por el gerente de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Juan Mendoza, uno de los expertos más influyentes en el entorno del Festival de Música de Canarias, de cuyo consejo asesor forma parte. Mendoza, que dirigió el certamen durante un pequeño periodo, coincidiendo con su 25 aniversario, había propuesto a los representantes del Mariinski en España, la poderosa agencia catalana Camera, la celebración de varios conciertos en colaboración con la Filarmónica de Gran Canaria bajo la batuta del prestigioso Valery Gergiev. Pero Candelaria Rodríguez desechó la propuesta en sus últimos días de mandato, y canceló la reserva de la fecha, según estas fuentes.

Quizás por eso a Nino Díaz prácticamente lo acosaron con el Mariinski a su llegada a la dirección del festival. Era la única orquesta sinfónica que, a aquellas alturas podía incluirse en el cartel, le dijeron, y el último reclamo de calidad con el que tirar de los abonados en estos momentos de infinita crisis.

En el entorno del director del festival las valoraciones son bien distintas. La agencia del Mariinski es de las más influyentes en la historia de estos 33 años de Festival de Música de Canarias, y a ella se le atribuye incluso el intento de querer imponer a un director propio. En concreto el pianista Iván Martín (Las Palmas de Gran Canaria, 1978), que sin embargo no está representado por Camera.

Es cierto que la orquesta rusa no cuesta los 900.000 euros de la Sinfónica de Chicago, de mucho mayor prestigio. Su caché y los gastos de viajes, hospedaje, traslados y dietas se sitúan en torno a los 490.000 euros por los conciertos que se programaban para Canarias, uno de ellos con los músicos de la Filarmónica de Gran Canaria bajo la dirección de Gergiev.

Nino Díaz se negó desde el principio a asumir esa imposición. En su opinión, con el coste de una orquesta así podía programar muchas mas propuestas, y sobre todo dar salida a una vieja reivindicación de los creadores canarios: que puedan tocar en el festival orquestas locales y que se estrenen obras de compositores isleños.

Una idea diabólica que hizo recordar a los detractores del director del festival su viva polémica con la orquesta del Mariinski y su director, Valery Gergiev: en 2013 se vieron obligados por contrato a interpretar una obra de Nino Díaz y el resultado fue tan catastrófico que el compositor se quejó de que la orquesta ni siquiera la había ensayado. La respuesta de Gergiev fue mucho más drástica: “La obra es una mierda”.

De ahí que a Nino Díaz se le haya achacado ahora una reacción vengativa a la petición / imposición de contratar a los rusos. “No quiere saber nada del Mariinski por venganza”, dicen sus detractores. “Con ese dinero hago veinte conciertos”, se defiende el ofendido.

De ese modo parece natural el terremoto que ha sacudido los ambientes relacionados con el Festival de Música de Canarias. Tras conocerse este viernes el programa de su trigésimo tercera edición y descubrir que “por primera vez en la historia” no hay una orquesta sinfónica parece como si todo lo recorrido hasta ahora no hubiera valido de nada.

Se supo desde la tarde del jueves, cuando el director del festival dio a conocer la programación a los miembros del consejo asesor, presidido por la consejera de Cultura y Turismo, Teresa Lorenzo. El más duro fue Jerónimo Saavedra, que pronosticó el final de un proyecto que él puso en marcha durante su primera etapa de presidente autonómico. Le secundaron prácticamente todos los demás miembros del consejo, con Juan Mendoza a la cabeza, pero sin que dejaran de ser muy críticos otros vocales, como el representante del Cabildo de Tenerife, José Luis Rivero.

Sus críticas fueron inmisericordes, y quizás llegaron a crueles a la hora de calificar la participación en este festival de las bandas municipales de música de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife.

“No nos oponemos a ciertas innovaciones ni a los estrenos de obras de compositores canarios”, cuenta uno de los miembros de ese consejo asesor, “lo que nos preocupa es que se no se va a vender un solo abono con este programa” de Nino Díaz. Los abonos suponen unos ingresos de alrededor de 400.000 euros.

El director del festival defiende su apuesta por un certamen más ceñido a “la sostenibilidad y la excelencia”, a la programación de artistas y repertorios internacionales “sin olvidar nuestra historia y nuestra identidad”.

Esta trigésimo tercera edición, cierto es, programa muchos más conciertos que sus antecesores con el fin de “incrementar y diversificar los públicos a través de una oferta más amplia y variada” en la que se incrementa de modo notable “la participación de artistas y creadores canarios”. Es uno de los retos principales de este director, que se retirará una vez se configure un concurso internacional para elegir a su sucesor, según las previsiones gubernamentales.

Porque precisamente en ese diseño de la programación están las irreconciliables diferencias entre los guardianes de las esencias del festival y los que abogan por introducir cambios. Mientras los primeros quieren un festival de grandes orquestas, grandes solistas y grandes directores, que "coloque a Canarias en el mapa de la música y nos permita acceder a esos privilegios", los segundos, con Nino Díaz a la cabeza, opinan que una iniciativa pública de este tipo debe apostar más por la diversificación: sin renunciar a alguna gran orquesta (defienden la presencia en esta edición de la Mozarteum como tal), hay que programar más creaciones contemporáneas tanto canarias como latinoamericanas. Un festival para las élites, "para que las señoras luzcan las pieles" frente a un festival más abierto a la gente, resumen.

La directora general, en el alero

Pero el Festival de Música de Canarias no sólo va a dejar en entredicho la continuidad de su director interino, Nino Díaz. Ya se ha llevado por delante a la directora general de Cultura, la aruquense Aurora Moreno, elevada a ese puesto por la cuota grancanaria de Coalición Canaria.

Sus desavenencias con la consejera Teresa Lorenzo han sido muy sonadas. Llevan más de medio año sin dirigirse la palabra más allá de lo imprescindible. Y aunque los servicios de prensa de la Consejería de Cultura y Turismo han tratado de ocultarlo con mucha  profesionalidad, en el último consejo de administración de Canarias Cultura en Red fue destituida como consejera delegada. Igual suerte, eso sí, corrió el viceconsejero de Cultura, Aurelio González.

Los argumentos para estas destituciones son variados. Nadie confirma que Moreno y González hayan caído por haberse gastado todo el presupuesto en el primer semestre del año (unos 11 millones de euros), lo que ha provocado que el Consejo de Gobierno haya tenido que dotar un crédito extraordinario para la segunda mitad del año.

Otras fuentes consultadas rebajan la gravedad de esas dos destituciones y aseguran que los afectados no se verán incluidos en la remodelación que el presidente Fernando Clavijo prevé para los mandos intermedios del Gobierno. Las mismas fuentes atribuyen a la consejera un método de trabajo que excluye precisamente a ese escalón administrativo y político. “Prefiere entenderse directamente con los técnicos”, alega un conocedor de su trayectoria política, de gran éxito en el Ayuntamiento de Arrecife. Le sobra el escalón intemedio.

Aurora Moreno no consultó con la consejera cuando decidió que había que intervenir en la programación del 33º Festival de Música, concretamente en la contratación de la dichosa orquesta del Teatro Mariinski. “Borra todo lo que haga falta para que entre esa orquesta”, aseguran que le dijo a uno de los funcionarios de Canarias Cultura en Red a espaldas del director del festival. Otras fuentes niegan que esa instrucción se haya producido.

Tampoco parece estar del todo confirmada la participación en este conflicto cultural del presidente del Gobierno, Fernando Clavijo. Desde el principio avisó que no quería líos con este asunto. Se fio de su amigo David de la Hoz, vicepresidente del Parlamento y su hombre fuerte en Lanzarote, y no ha querido ceder a las fuertes presiones que le han llegado desde diferentes ámbitos de la cultura y los medios de comunicación.

La consejera de Cultura y Turismo, Teresa Lorenzo, goza de su máxima confianza, al menos por el momento, pero todo puede cambiar a partir de las reacciones que se ya se están produciendo en torno al programa del Festival de Música.

Porque alrededor de este asunto se mueven expertos de mucha influencia social y mediática que creyeron haber convencido por las buenas a Nino Díaz cuando, a poco de haber accedido a su puesto, lo invitaron a comer a un hotel rural de la zona de Los Hoyos, en el límite entre Las Palmas de Gran Canaria y Santa Brígida.

A aquel encuentro acudieron Juan Mendoza, gerente de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria; Isabel Pascual Febles, vicerrectora de Cultura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; Guillermo García-Alcalde, crítico musical, y José Agustín Hernández, jefe de prensa de la Dirección General de Cultura del Gobierno de Canarias.

“Sólo queríamos que nos conociera y se mostró muy abierto a nuestras sugerencias”, relató a este periódico uno de los cinco participantes en aquel almuerzo, que ha pedido que se preserve su anonimato. “Había mucha oposición a Nino”, explica el convocante, “porque él había escrito en un artículo que no había que traer a tantas orquestas de fuera, que había que programar cosas canarias. Pero nos tranquilizó de manera muy humilde asegurándonos que eso no iba a ocurrir”.

Pero ha ocurrido y se ha destapado la caja de los truenos.

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