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Una persona murió desangrada en 2009 en la valla de Ceuta

LA VERSIÓN OFICIAL MINTIÓ

Rubalcaba ha dicho que retiró en 2007 las cuchillas pero en Ceuta se dejaron las más peligrosas, que causaron la muerte de un inmigrante senegalés.

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Mariano Rajoy dice no conocer el efecto que el alambre de cuchillas que ha reinstalado en la valla de Melilla puede producir en las personas. Pero sí lo sabe. Alfredo Pérez Rubalcaba dice que él sí sabe qué efecto producen este tipo de alambres y que por eso ordenó su retirada en 2007, como ministro del Interior. "Yo las quité, porque son inhumanas", ha asegurado Rubalcaba. Pero no las quitó todas.

Pascal muestra algunas de las cicatrices que le dejó la concertina de púas. Jesús Blasco de Avellaneda

Pascal muestra algunas de las cicatrices que le dejó la concertina de púas. Jesús Blasco de Avellaneda

En los informes oficiales que ambos han tenido a mano desde hace años está bien documentado el caso de Sambo Sadiako, un senegalés de 30 años que apareció muerto una mañana en la valla de Ceuta. Su cuerpo sin vida, descubierto por la Guardia Civil al amanecer la noche de su intento de salto, se desangró tras seccionarse una arteria principal a través de la axila con el alambre de cuchillas de la parte superior de la valla. Fue el 6 de marzo de 2009.

"El inmigrante falleció en la concertina de la segunda valla, que terminó cortándole una de las arterias, causándole la muerte por pérdida masiva de sangre", dijo la autopsia al cadáver de Sadiako, a pesar de que la primera versión difundida por el Gobierno y replicada en la mayoría de medios de comunicación fue que "se vio sorprendido por las adversas condiciones climatológicas que pudieron hacer que perdiera el equilibrio" y se golpera en el suelo "debido al efecto péndulo" en una noche de mucho viento.

Sambo Sadiako, padre de cuatro hijos, pudo ser identificado gracias a un anillo que siempre llevaba y a las fotos que fueron enviadas a su familia.

A pesar de todas las denuncias, el alambre de cuchillas nunca llegó a desaparecer completamente de la frontera de Ceuta. Dos años antes de la muerte de Sadiako, cuando el ministerio del Interior dirigido por Rubalcaba retiró las "concertinas barbadas" de la zona superior de la verja melillense que había instalado en 2005, retiró también la mayor parte de las de Ceuta, pero no las superiores, las más peligrosas, las que causaron la muerte del ciudadano senegalés.

Tampoco en Melilla se retiraron por completo: aunque sí se desinstalaron las de la zona superior - las que ahora se han vuelto a poner - los inmigrantes que llegan a la frontera desde la parte marroquí han encontrado siempre durante todos estos años una alambrada afilada al pie de la verja.

El caso de Sambo Sadiako es el más documentado, pero no fue ni la primera ni la última de las víctimas de las vallas. Periodistas y ONG han denunciado muertes y heridas graves desde al menos 2005.

En julio de 2011, El Faro de Ceuta relataba el "episodio angustioso" del rescate de un inmigrante atrapado entre las cuchillas. "Se había quedado enganchado en las concertinas. Boca abajo, sin poder liberarse y con múltiples cortes en distintas partes del cuerpo", contaba la crónica al día siguiente. La periodista define la alambrada, la que no se quitó de la estructura de la valla en 2007, la misma que ya había provocado la muerte de Sambo Sadiako en 2009, como "auténticos alambres mortales para los inmigrantes". En aquel momento se abrió el debate sobre su pertinencia, como se había abierto en 2005, 2007 y 2009. Con el tiempo el debate volvió a desaparecer.

Ante la polémica causada por la decisión del Gobierno de Mariano Rajoy de volver a instalar la alambrada cortante en Melilla, que había pasado desapercibida para la política nacional hasta la publicación de la noticia en Desalambre el pasado 29 de octubre, el Ejecutivo ha pedido al Ministerio del Interior un informe a posteriori sobre el uso de este elemento.

El contenido del informe intenta justificar el uso de la concertina explicando que también está instalada en lugares como en los perímetros de las cárceles o de las centrales nucleares, y que apenas ha producido en los últimos años algunos heridos leves. Esta comparación entre los muros contra fugas puntuales de una población reclusa (48 en los últimos 5 años) y la frontera entre Europa y África, que recibe una de las presiones migratorias más desesperadas, numerosas y contínuas del mundo, ha sido dada por buena por la vicepresidenta Santamaría, que la ha expuesto en la rueda de prensa del Consejo de Ministros.

En el informe no consta el caso de Sambo Sadiako.

Sin embargo, sí que incluye otras referencias al pasado que sirven de pasto para la polémica a corto plazo. El texto del Ministerio del Interior, inmediatamente filtrado a algunos medios de comunicación, recuerda que en octubre de 2005, bajo el mando del ministro del PSOE José Antonio Alonso, se ordenó la colocación de las concertinas y de "bayonetas en prolongación de los postes", unos palos puntiagudos para sostener el refuerzo de la alambrada de espino instalada entonces y que causó la muerte de al menos dos inmigrantes. María Teresa Fernández de la Vega ordenó retirar la parte más peligrosa unos meses después, tras una visita a Melilla. Se sustituyó por una "sirga tridimensional", una malla de cables tensados entre las dos vallas que forman la frontera. Una "valla no agresiva", se decía.

La adjudicación de la instalación de las concertinas y las bayonetas en 2005 se repartió entre Dragados (parte del Grupo ACS, propiedad de Florentino Pérez) en Ceuta y Ferrovial-Agroman en Melilla, por valor de 4 millones de euros cada una.

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