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Chispa policial de campeonato

EL COMISARIO DE ARRECIFE SIGUE EN SU PUESTO

   

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Otra sentencia judicial imposible de eludir es la que ofreció esta semana CANARIAS AHORA, la correspondiente a la condena penal sufrida por el comisario jefe de Arrecife, Federico Teodoro, por conducir borracho por las calles de Santa Cruz de Tenerife en 2008. La juez que lo condenó hace un relato pormenorizado de lo que los testigos depusieron en el juicio coincidiendo todos ellos en que la chispa que llevaba encima el funcionario policial era de campeonato. Aun así, Teodoro se negó a colaborar con la Policía Local y a someterse a una prueba de alcoholemia, lo que nos ha privado para la posteridad de saber cuánto se había pasado sobre el nivel legalmente admisible. Se supone que mucho, por lo que contaron los testigos, y por los incontestables hechos de que no podía meter en el maletero la defensa del coche que se le había ido al piso, y que se quedó dormido en el interior del coche aparcado en la puerta de su casa, tras un sonoro cabreo con discusión con su señora esposa. Pero siendo un comportamiento condenable y ya condenado, la causa del comisario Teodoro tiene otros ingredientes que conviene tener en cuenta. Primero, que era el número dos del Cuerpo Nacional de Policía en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, lo que seguramente le sirvió de mucho para que sus superiores no lo estallaran como una pita sino que, en un gesto muy propio de la casa, lo mandaran al destino más alejado del epicentro, la isla de Lanzarote. Segundo, que la condena a cinco meses de prisión y más de 1.000 euros de multa podía haber sido mucho más elevada si no se hubieran producido dilaciones indebidas, alegadas por su abogado durante la vista oral para conseguir la correspondiente rebaja. La causa tardó en tramitarse cuatro años, lo que es mucho si se tiene en cuenta su escasa complejidad. Pero si la fiscalía tarda un año en emitir un informe, si la Audiencia emplea otro más en contestar un recurso y el juzgado de lo Penal otros trece meses en fijar fecha para el juicio, así cualquiera no se acoge al atenuante. Tercero, la compañía aseguradora del coche del comisario, Mapfre, consiguió con sendas llamadas telefónicas que el matrimonio mayor que resultó afectado por un accidente con el condenado la noche de autos retirara la denuncia, previo pago del espejo retrovisor afectado. Cuarto: en Arrecife no parece haberse regenerado convenientemente el comisario, porque sigue protagonizando algunos sucesos que no lo retratan como una persona pacífica: una pareja de agentes de la Policía le ha denunciado por trato degradante. Y quinto: si la sentencia ha devenido en firme por no haber sido recurrida, ¿falta mucho para que el Cuerpo Nacional de Policía expediente a este buen señor por este delito y se le aplique le legalidad vigente? A ver si otra dilación indebida lo catapulta a un ascenso con coche y chófer y se le acaban sus penurias transportistas.

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