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Descafeinado de máquina

Y CON SACARINA

El ambiente que se respiraba este martes en el Parlamento de Canarias era el previsto. No se produjo ni un solo acontecimiento que no estuviera en el guión, por más que algunos de los obligados actores trataran de calentar el ambiente en los días

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El ambiente que se respiraba este martes en el Parlamento de Canarias era el previsto. No se produjo ni un solo acontecimiento que no estuviera en el guión, por más que algunos de los obligados actores trataran de calentar el ambiente en los días previos, solos o con la ayuda de otros. Román Rodríguez pronunció un discurso del estado de la nacionalidad en la línea de lo que se esperaba de él, de un candidato, del único candidato hasta ahora convicto y confeso dentro de CC. Está seguro de haberlo hecho bien y por eso se creyó el discurso que leía. Hubo novedades, cómo no, empezando por la presentación escrita del propio discurso. Enrique Bethencourt, aglutinador máximo y encargado de ordenarlo todo para que hubiera cierta coherencia, se marcó un detalle significativo para la peña de la prensa: incluir unas notas al margen que, a modo de titulares muy apañaditos, servirán, seguro, para que el plumilla en cuestión no tenga dudas de lo que el Gobierno quiere que se resalte claramente. Un buen recurso, debemos reconocer, que habrá que incorporar a los manuales de comunicación institucional de la nacionalidad canaria. Una sugerencia: quizá convenga entregar los discursos presidenciales una vez ha terminado el acto: la mayoría de los periodistas no atendían y los que lo hacían era para ver si el presidente introducía muchos cambios. De la atención que prestaban sus señorías, mejor ni hablar.

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