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Planeta Gran Canaria, con el toro agotado

UNA GRAN IDEA SE PUEDE ESTROPEAR POR LA DESIDIA DE LOS CONTRATADOS

La mayoría de nuestros lectores conocerán, seguro, la fábula de aquel impresionante toro que ejercía de semental en las cumbres de Gran Canaria hasta alcanzar una merecida fama internacional. Era un ejemplar soberb

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La mayoría de nuestros lectores conocerán, seguro, la fábula de aquel impresionante toro que ejercía de semental en las cumbres de Gran Canaria hasta alcanzar una merecida fama internacional. Era un ejemplar soberbio que donde ponía el ojo ponía la bala, lo que llenaba de regocijo y de pingües beneficios a su orgulloso propietario. Pero un día cualquiera de unas décadas atrás, el Cabildo decidió comprar el toro para ponerlo a disposición de todos los ganaderos de manera gratuita con el muy loable propósito que mejorara la raza y, de paso, ganar unos votos. Pero aquel semental dejó de funcionar de repente, como si se le hubiera acabado el vigor y el deseo al convertirse en asalariado público. Algo muy parecido puede ocurrirle a una idea genial que ha tenido desde hace unos años el mismo Cabildo, Planeta Gran Canaria, una iniciativa que pretende ser una interesante oferta de ocio para los más jóvenes en Navidad. Un somero recorrido por las atracciones montadas a un precio muy popular en Infecar (cinco euros por persona) permite llevarse un par de muestras que recuerdan a la fábula del semental. En una esquina del recinto, dos atracciones (precisamente un toro y un pulpo) atendían a los usuarios como si les estuvieran haciendo un favor. Será porque iban por el seguro (los usuarios). Y ellos (los contratados) ya tenían seguros sus beneficios. Una pena.

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