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Pobreza infantil. Informe de Unicef

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El protagonismo que acaparan actualmente la basura y la impostura política y económica que asola nuestra sociedad, parece dejar de lado y en menor importancia la pobreza infantil que aclama una resolución inmediata, así como la convicción y la necesidad de un proyecto común para erradicar todo este estropicio forjado y procreado por modelos y experimentos económicos.

El informe de Unicef es desgarrador, inhumano, desalentador, inadmisible, intolerante, pero cierto, e incluso previsible, la pobreza infantil ha aumentado desde un 28,2% hasta un 36,3%.

El incremento de la misma en España es una cachetada relevante y dura, que nos atiza otra, el tremendo error cometido, tanto colectivo como individual, y desgaja toda otra proposición, actitud o proyecto, en próximos futuros, para quienes pretendan presentar un modelo sobre cómo hacer las cosas y cuales tienen prioridad y cuáles no. Digamos que, lejos de denostar o infravalorar proyecto alguno que promocionen y promulguen, se lleve a cabo o no, por próximos candidatos a urnas, la pobreza infantil debe acoger y llenar todos los senderos próximos, todos los pactos y armisticios necesarios entre unos y otros, Derecha, Izquierda, Podemos, y otros, partidos políticos de segunda división, y estos deban dejar a un lado hasta no solucionado el problema su egolatría y narcisismo nacidos de la intención de proponer su discurso o acto político y convencer a las masas.

No puede ser consecuente y excusa la crisis económica para que cientos de miles de niños transiten su infancia con hambrunas asediando y golpeando el estómago, mientras millones y millones de euros pasan de mano en mano, de bolsillo en bolsillo, como cromos de fútbol, y se instale en el paisaje el monótono atropello corruptivo, como cotidiano, sin que nos sorprenda o asombre, o no nos provoque estupor tantos casos y causas de corrupción política, así de vergeles se tratara al lado izquierdo de las vías mientras transitamos en nuestros vehículos.

La infancia no debe soportar en sus hombros, entre juegos y fantasías, y sonrientes miradas e ilusiones innumerables, toda la desalmada y obscena manera con que los adultos decidieron y prosiguen decidiendo jugar en el tablero económico. Nada debe emerger como proyecto futuro si no lleva escrito en letras grandes, en cursiva y negrita, otra idea que no sea erradicar la pobreza infantil. No valen ya otros derroteros y subterfugios donde el discurso proclame líneas previas o páginas anteriores para alcanzar la resolución de dicho problema, porque como en otras tantas ocasiones, al final, darán un rodeo y acabarán sus proyectos y recursos en otros paraderos que no son erradicar la pobreza infantil, y luego surgen las excusas, tanto parlamentarias como en mítines políticos, y la casa, como siempre, sin barrer, y la infancia desahuciada de cualquier alimento posible.  

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