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Sí a la paz

La paz es siempre un arte bello y las guerras son siempre malas artes: las de ayer, las de hoy, las de mañana.

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(Este jueves se cumple el 92º aniversario del nacimiento de Luis Cobiella (1925-2013) y La Palma Ahora reproduce a continuación, como homenaje a su figura, un artículo que leyó, en su condición de Premio Canarias de Bellas Artes e Interpretación 2002, el 13 de febrero de 2003 en el atrio del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma).

De la expresión Bellas Artes cabe inferir que existen Artes Feas. Y puestos a imaginar artes feas, las únicas que pueden tenerse como tales son las malas artes. De aquí nace una interpretación ético-estética de las artes e incluso una interpretación ético-estética de la propia interpretación en torno a la que pudieran pendular bella interpretación versus mala interpretación.

Un Premio Canarias de Bellas Artes e Interpretación se siente estéticamente agradecido y éticamente responsable. En este último sentido se ocupa en discernir las artes y las interpretaciones procurando que las artes feas no estorben las bellas, y que las malas interpretaciones no empañen la luz necesaria.

Luis Cobiella.

Luis Cobiella.

La música es un arte, lo es la pintura, la arquitectura, la escultura, lo es la paz. Todas estas formas suelen ser bellas, aunque cabe la fealdad en algún caso: una música marcial que empuje a la matanza, una pintura que denigre la persona, un edificio que albergue cámaras de gas, una estatua ecuestre donde los cascos chapotearon sangre; excepcionalmente, la paz es un arte sobre la que no cabe calificación adversa; su antónimo, la guerra, tampoco admite calificación positiva. La paz es siempre un arte bello y las guerras son siempre malas artes: las de ayer, las de hoy, las de mañana.

Esta interpretación plural y acaso extemporánea da plaza a la utopía. En efecto es utópica la actualización de la paz universal o la erradicación universal de la guerra. También es utópica la instalación en el punto al que la brújula propende: no puede actualizarse el norte, nunca podremos llegar a él; pero gracias a la brújula el hombre ha conquistado estancias próximas al bien deseable que llamamos Norte, ese inaccesible que no debemos perder. La brújula da lugar a una de las más bellas utopías que articulan a los hombres con el Norte común. La paz es un Norte común.

¡Sí! a la propensión al Norte, sí al bello arte de la paz. Sí a la articulación entre los hombres en su marcha hacia ella: no es casualidad que arte y articulación sean hijos de la misma voz. Sí a los hombres, a todos los hombres; sí a sus naciones, a todas las naciones; si a los lazos entre hombres y naciones, sí a la articulación, sí al arte; y no a cuantos desisten del Norte por inalcanzable. Porque no se hicieron la Belleza y la Paz para alcanzarlas sino para articular el avance hacia ellas. Llegar es antónimo de ir. La Paz no es el descanso de su hallazgo, que así es la muerte, sino el cansancio de su búsqueda, que así es la vida. Y la vida es el arte de buscar la paz.

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