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Una unidad popular necesaria

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El próximo 20 de diciembre nos jugamos mucho como ciudadanía. Nos jugamos acabar con los recortes, con las puertas giratorias y los lobbys, con un modelo constitucional caduco y un régimen político estatal basado en dos grandes partidos, nos jugamos tener un trato que reconozca nuestras singularidades y que tenga en cuenta el derecho a decidir de los pueblos del Estado español.

Para lograr ese cambio, que en el fondo es el resultado de décadas de lucha intensa por una sociedad más justa y democrática, es necesario un proceso de empoderamiento ciudadano construido desde abajo, con participación plena de multitud de colectivos políticos y sociales, con presencia activa de vecinos y vecinas dispuestos a colaborar en este objetivo, construyendo liderazgos horizontales.

En Canarias tenemos una oportunidad histórica de superar la única vez en la que las voces alternativas de las Islas lograron tener una voz en el Congreso de los Diputados, una oportunidad que llega después de casi cuarenta años. Esta construcción de una candidatura con raíz y con la fuerza suficiente para poner en graves aprietos a los partidos que se han repartido el poder en el Archipiélago en estas décadas, solo se puede lograr sumando.

En La Laguna, el pasado 24 de mayo, demostramos que con un proyecto de unidad popular era posible superar la falta de apoyos económicos y de “padrinos”, que gente sin experiencia en las instituciones, pero sobradamente preparada, somos capaces de medirnos de igual a igual con los partidos tradicionales. Un proceso que a pesar de algunos agoreros, sigue funcionando y devolviendo la esperanza a muchas personas que se habían creído el discurso oficial de que no había nada más allá del liberalismo rampante.

Tenemos unos días para conseguir que lo que espera muchísima gente, más de 150.000 canarios y canarias según los resultados de las autonómicas, se convierta en una realidad. Para lograr un acuerdo de confluencia política construido aquí, colectivamente, que sea voz de la mayoría social del Archipiélago y no simples medianeros de los poderes económicos isleños.

Un reflejo de esta fuerza política construida desde abajo lo tuvimos hace unas semanas en El Rosario, donde unos 150 cargos públicos de fuerzas transformadoras nos vimos las caras. Esa imagen, impensable hace apenas ocho años, es la visión de un proceso de cambio imparable, pegado a la calle, que aspira a ser mayoría y que necesita que en el Estado español se den batallas fundamentales para municipios, cabildos y territorios como el nuestro. Para el 20D no espero nada de los trillizos y sus propuestas recauchutadas, o de las nuevas fuerzas cargadas de ofertas caducas, pero espero grandes cosas y altura de miras en las verdaderas fuerzas de cambio, lo repito, nos jugamos mucho.  

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