Hoy iba a ser un gran día
Vivimos y sufrimos una crisis del derecho a la vivienda de enorme magnitud. Una crisis que impacta en la satisfacción de otros derechos como la salud, la alimentación o la educación, de millones de personas. Frente a los abusos del mercado, la insuficiente inversión pública y el escaso blindaje jurídico que tiene la vivienda como verdadero derecho humano en el país, necesitamos medidas jurídicas que, -aunque sean temporales, insuficientes, y puedan ser mejorables- hoy y durante el tiempo que estén en vigor, iban a paralizar desalojos, prorrogar contratos y limitar precios. Todas ellas medidas que iban a satisfacer el cumplimiento de elementos esenciales del derecho a la vivienda, protección frente a desalojos, garantía de que el precio de la vivienda no comprometa la satisfacción de otros derechos y la seguridad de tenencia jurídica del hogar.
Es difícil seguir los discursos de algunos partidos políticos votando en contra, en sede parlamentaria, de medidas que suponen el refuerzo jurídico del derecho a la vivienda. Se puede debatir si lo hacen en mayor o menos medida, pero no hay duda de que lo hacen. Y sabemos que es así porque hoy millones de personas están esperando el resultado de la votación porque impacta en su vida.
No hay retórica desde un enfoque de derechos humanos que justifique estar en contra de lo que se votaba hoy. Votar en contra significa votar en contra de la protección del derecho a la vivienda. Significa votar en contra de la aplicación del derecho internacional. Significa votar en contra de un mayor blindaje del derecho a la vivienda. En definitiva, lo que se constata una vez más es la distancia que existe entre los poderes públicos -ejecutivo, legislativo y judicial- y la protección efectiva del derecho a la vivienda. Y la distancia con la vida de las personas.
Hoy es un muy mal día. Sin embargo, y paradójicamente es un día y una semana para celebrar. Como ha ocurrido históricamente, la movilización social ha conseguido situarse al frente en la urgencia de legislar en favor de los derechos. Ha situado en la agenda política y mediática la centralidad de los derechos humanos, que siempre se han construido jurídicamente así. Y lo ha conseguido una vez más. Hoy se votaban dos textos que nunca hubieran llegado al Consejo de Ministros y al Congreso con esa celeridad si no es por la masiva contestación pública en las calles.
Esta semana Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años, llamaba a la movilización social desde un hospital después de exigir sus derechos durante cuatro años sin parar. Miles de personas siguiendo su llamado en las calles. Quedémonos con eso y su poder. Y sigamos trabajando por seguir impulsando medidas concretas que protejan a las personas. Que fortalezcan jurídicamente sus derechos. Y sigamos exigiéndolo en las puertas de todos los poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial.