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Sembrando sostenibilidad desde Andalucía

Antonio Flores Ledesma

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El pasado 19 de octubre el IES El Carmen (Cazalla de la Sierra) recibió en Madrid, en la sede de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) el XV Premio Nacional de Educación para la Solidaridad Global «Vicente Ferrer». El IES El Carmen ha sido premiado junto con otros quince centros de toda España (tres andaluces) por proyectos relacionados con cuestiones de actualidad social, problemas acuciantes de nuestro tiempo como la convivencia y la diversidad, las guerras y la población refugiada, los derechos de las mujeres y las niñas, o la ecología y el cambio climático. El objetivo del premio es reconocer la labor docente que, más allá de los contenidos concretos de nuestras materias, es capaz de pensar transversal, interdisciplinar y globalmente una serie de cuestiones que atraviesan la vida actual, también la vida académica del alumnado, por lejanos que parezcan a veces, y que condicionan nuestro presente y futuro. Y, sobre todo, reconocer una labor que no piensa sólo en la formación, sino que piensa desde una visión transformadora y crítica de la educación. El IES El Carmen ha puesto su pequeño granito de arena en este proceso.

El proyecto Sembrando Entornos Alimentarios Sostenibles, apoyado en todo momento por la ONG Justicia Alimentaria, se ha centrado en el lema «piensa global, actúa local». El objetivo ha sido, tanto para el alumnado como para el profesorado, conocer y pensar cómo se produce, distribuye y consume aquello de lo que nos alimentamos, y cómo con pequeños cambios en nuestras costumbres podemos hacer grandes cambios a nivel global. El proyecto comenzó con el liderazgo de Irene Burgos, docente de Biología del instituto, que formó un grupo de trabajo para introducir estos elementos en nuestra práctica cotidiana con el soporte de Justicia Alimentaria. La idea central era desarrollar actividades en nuestras diferentes materias que tuvieran en cuenta inicialmente el papel de la alimentación en nuestras vidas, pero no sólo desde una perspectiva nutricional, sino desde una perspectiva global que tuviera presente cómo se produce esa comida, de dónde viene, cuáles son los engranajes económicos que sostienen el sistema mundial de alimentación, por qué unos se mueren de hambre mientras otros tiran comida, y qué podemos hacer para cambiar esa situación.

Para ello, los docentes tuvimos también que formarnos en la teoría y en la práctica, que después llevamos a las clases, con actividades como el podcast sobre cambio climático llevado a cabo por el alumnado de 1º de la ESO o las actividades sobre nutrición sostenible realizadas en 4º de la ESO y 1º del grado de Infantil durante el curso 24-25. Para el curso siguiente, las bases estaban puestas, y fue sobre todo el alumnado de 2º de la ESO quien profundizó en la producción, la distribución, el consumo, etc., de todo el sistema global de alimentación. Las actividades finales volvieron a las raíces, poniendo en contacto al alumnado con las abuelas del pueblo para conocer cómo cocinaban ellas (y todo lo que lo rodea), gracias a la colaboración de la Escuela de Adultos “Antonio Olivera”, y con mujeres productoras del ámbito rural para conocer sus historias y entender nuevas miradas y formas de estar en conexión con la tierra.

La idea fundamental de todo el proyecto no ha sido sólo transmitir al alumnado unos conocimientos sobre el estado global de la producción alimentaria y cómo afecta a nuestra vida, sino intentar promover cambios en su forma de relacionarse con el consumo alimentario. Para los docentes, lo más relevante ha sido la integración de ciertos elementos transversales en nuestra práctica cotidiana que enriquezcan nuestras clases, ampliando los horizontes más allá de los contenidos para dar espacio a problemas actuales acuciantes para la humanidad. No podemos pensar la historia y la geografía sin ver en los problemas del pasado las crisis presentes o las guerras por el control de los recursos. No podemos pensar la gestión del campo, de la ganadería y los montes sin fijarnos en las dinámicas internacionales del mercado y el desarrollo de la economía capitalista o el cambio climático. No podemos pensar cómo hablamos nuestra lengua u otra y cómo somos y nos comportamos sin tener presente las modas y las corrientes de los medios de comunicación, internet y las redes sociales. No podemos pensar la crianza de los miembros más jóvenes de nuestra sociedad sin concebir una alimentación saludable y una socialización basada en los derechos humanos. No podemos, en fin, enseñar y aprender sin conciencia.

De ahí que el premio otorgado no fuera de carácter crematístico, sino una experiencia educativa para los docentes, para conocer modelos pedagógicos y didácticos diferentes en un contexto complicado: Marruecos. Allí, los docentes invitados pudimos conocer una realidad similar a la nuestra pero con dificultades mucho mayores, con una discriminación brutal de las niñas en la educación y de la mujer en la sociedad, con un abandono escolar altísimo que expulsa a los niños a las calles, y con unas perspectivas de mejora de la vida bajísimas, condenando a la miseria a un porcentaje muy alto de la población. De ahí que las principales instituciones y proyectos visitados fueran de “segunda oportunidad”: escuelas de artes circenses, de agricultura y de jardinería que recogían a niños y niñas de las calles para formarlas gratuitamente y darles hogar y oficio; planes de integración de las niñas en la escuela formal para evitar el abandono o que las saquen demasiado jóvenes del colegio; o planes de ayuda a mujeres maltratadas para que salgan de la situación que viven y tengan una segunda oportunidad lejos de la violencia. Nos traemos una conciencia más amplia de los problemas, una forma diferente de trabajar, e ideas y proyectos para seguir llevando a cabo en nuestro centro.

Este premio nacional, que hemos recibido junto con otros 15 centros de toda España, es un acicate para seguir trabajando, y es un orgullo el esfuerzo de compañeros y compañeras que han puesto estos dos años para que actividades y proyectos hayan salido adelante. Y eso es lo que vimos durante todo el viaje: compañeros y compañeras unidos en una tarea común por cambiar el mundo a través de la educación. La entrega de premios en Madrid fue la culminación fraterna de este trabajo, arropados por sus centros y autoridades cercanas, como alcaldes y representantes de instituciones educativas. Excepto nosotras: a pesar haber sido invitados por la AECID, ningún representante del ayuntamiento de Cazalla de la Sierra ni de las autoridades educativas provinciales fue a la gala. Pero no importa porque no es el reconocimiento lo que se busca. Ya sea con apoyo institucional o sin él, es un trabajo colectivo que va a continuar.