La necesaria recomposición de la izquierda alternativa
Los resultados electorales de las cuatro últimas elecciones autonómicas, los acuerdos de gobierno posteriores, junto con la carrera alocada de Feijóo hacia la extrema derecha, nos proporcionan una imagen bastante nítida de lo que puede ser un gobierno dirigido por Abascal/Feijóo. No es solo la destrucción de la estructura del Estado del Bienestar construida en las últimas décadas: privatización de servicios públicos esenciales -sanidad, educación…-; debilitamiento de los sistemas de protección social -bajas por enfermedad, pensiones, prestaciones por desempleo…-; contrarreforma laboral que derogue las leyes aprobadas en las dos legislaturas de gobierno de coalición progresista…Ni la prohibición -aborto, eutanasia, orientación sexual…- de disponer de nuestro propio cuerpo, siguiendo las indicaciones del presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello. Es que, además, están consiguiendo un grado de polarización y crispación social que pone en riesgo la convivencia.
El Partido Popular y Vox han roto todos los puentes con las organizaciones que no les presten un apoyo incondicional y han violado todas las normas aceptables dentro de la confrontación entre adversarios políticos, hasta el límite del anuncio de Feijóo: “Haré todo lo posible para cambiar el gobierno. Y cuando digo todo, digo todo”. Y lo que es todavía más preocupante, han extendido su odio a quienes son diferentes: inmigrantes, acusándoles de ladrones y violadores; colectivos LGTBIAQ+; descendientes de los emigrantes españoles durante la guerra y la dictadura… Hasta Rajoy se permite el lujo de conceder certificados de nacionalidad a los futbolistas de la selección francesa de futbol.
Esta estrategia de la derecha no es nueva, ya la practicaron con Felipe González, al que atribuyeron ser un peligro para la democracia, y con Zapatero, al que acusaron de ser un traidor a los muertos por negociar la disolución de ETA, algo que, aunque lo intentó, no consiguió Aznar. Pero el incremento de la crispación y el acoso a los familiares de Pedro Sánchez es un salto cualitativo, la política del todo vale nos lleva a un escenario de degradación ética, de miseria moral, incompatible con una sociedad democrática. Y no olvidemos que, desde Hitler a Trump, pasando por Netanyahu, la deshumanización, el considerar alimañas a los adversarios, los convierte en peligrosos enemigos con los que acabar incluso físicamente.
Esto es lo que nos jugamos en el próximo ciclo electoral, tanto a nivel municipal como estatal. Porque, a pesar de los malos resultados en las elecciones autonómicas, y de lo que puedan decir las encuestas, la suerte no está echada, todavía se puede evitar el triunfo de las derechas. Pero para ello, la Izquierda Alternativa (IA) debe hacer un estudio detallado de la situación política y social, tanto territorial como sectorial, y analizar de forma crítica las estrategias pasadas.
Desde algunos ámbitos se demanda la figura que lidere una posible coalición de la izquierda, incluso se barajan nombres: Gabriel Rufian, Unai Sordo… Pero el liderazgo, aun siendo importante, si queremos una coalición mínimamente cohesionada y útil, no puede ser la primera cuestión a tratar, debe ser consecuencia de los acuerdos alcanzados. De no hacerlo así, en el mejor de los casos, solo se conseguiría una alianza táctica de supervivencia. Y una de las enseñanzas de las elecciones autonómicas es que la unidad de la IA solo ha mejorado resultados en Extremadura, donde las elecciones fueron precedidas de un trabajo en común de Unidas por Extremadura y el compromiso de seguir con la misma dinámica.
Apostar por conseguir la mayor movilización electoral posible y su posterior rentabilización, tanto en las instituciones como en el fortalecimiento de las organizaciones sociales, implica: que el programa electoral sea la síntesis de los distintos programas, no la suma de ellos; ser conscientes de que para mantener los gobiernos de progreso serán necesarios acuerdos con el PSOE y/o con otras fuerzas progresistas; garantizar la autonomía de las organizaciones y su representación en los espacios decisorios; facilitar la participación ciudadana en la elaboración del programa y en el diseño de la campaña electoral; abrir las listas a la presencia de líderes sociales y que el acuerdo se mantenga en el futuro, tanto si se está en el gobierno como en la oposición.
El reto es grande, pero ya hay iniciativas políticas que apuntan en esa dirección. Como la de Mónica Oltra, candidata de Compromis a la alcaldía de Valencia, que reclama el desborde de las siglas partidistas con la participación de la ciudadanía; la de diferentes organizaciones políticas que han comenzado a trabajar para consensuar una lista común a la alcaldía de Burgos o la iniciativa ciudadana https://senadoresporlademocracia.es/Quienes-somos/ que anima al espectro político progresista a llegar a acuerdos para las listas al Senado. Y somos muchas personas las que estamos dispuestas a colaborar con estos proyectos.
El trabajo no termina con las elecciones, el nuevo ciclo electoral debería ser el inicio de una nueva etapa en la que la IA adecúe su teoría y práctica al nuevo escenario, a las nuevas contradicciones, conflictos, correlación de fuerzas y demandas sociales. Los problemas a los que nos enfrentamos son complejos, multicausales y muy dinámicos; no suelen tener soluciones simples y las viejas recetas -incluidas las estructuras organizativas-, suponiendo que alguna vez fueran útiles, no tienen por qué serlo ahora.
Por otra parte, ganar la batalla cultural, algo esencial si se quiere conseguir el apoyo social suficiente para conseguir mejorar la vida de la mayoría, implica un esfuerzo importante en comunicación, analizando cuáles son los instrumentos, los contenidos y las formas con las que llegar a los diferentes colectivos. En cualquier caso, la disposición a la escucha y el aprendizaje, la utilización de un lenguaje comprensible, y el análisis conjunto de los problemas con las personas afectadas son elementos esenciales. Y, por supuesto, evitar que ninguna persona se sienta reprendida por ser poco feminista, poco ecologista, poco solidaria, poco…
También en esta tarea, la Izquierda Alternativa puede encontrar apoyos importantes en la ciudadanía.