Crece la acampada por la vivienda en Zaragoza: un centenar de personas pasan la noche en el centro de la capital

El número de tiendas instaladas en la Plaza de España de Zaragoza no deja de crecer tras una primera noche en la que han dormido en el centro de la capital aragonesa unas cien personas. Ha sido una noche “tranquila”, sin incidentes más allá de algún comentario de personas que iban o volvían de la zona de bares, aunque es algo que no preocupa a las personas allí congregadas, que consideran la protesta y la ocupación del espacio público como una de las principales formas de lucha en estos momentos.

Paula Ríos es la portavoz del Sindicato de Inquilinas de Zaragoza y una de las impulsoras de esta movilización. Cuenta que esta primera noche ha sido un “éxito” y que sus previsiones son continuar “por lo menos” hasta después de la manifestación de este sábado: “La lucha tiene que mantenerse. Cualquiera de los decretos que se votan hoy —y que previsiblemente no van a salir adelante por el ‘no’ de Junts— son claramente insuficientes. Queremos acabar con el negocio de la vivienda y las herramientas que utilicemos pueden ser la acampada o la lucha sindical”.

A esta movilización “se puede sumar cualquier persona trabajadora harta de la situación de la vivienda”. En cuanto a las necesidades, asegura que por el momento está todo “muy bien organizado”: “Se puede traer agua y comida, pero lo que queremos es ser muchas más, que la vivienda no sea una mercancía para no tener que estar aquí haciendo lo que estamos haciendo”.

La acampada afronta esta segunda jornada, además, con una nueva circunstancia: este viernes se ha aprobado en Zaragoza la ordenanza cívica que penaliza la pernocta en la calle. Desde el sindicato aseguran que desconocían esta medida y que, por el momento, no han recibido ninguna propuesta de sanción. “Poder estar aquí no es casual, tiene que ver con el gran poder y fuerza que se ha generado gracias a estas miles de personas que han salido a la calle. En otras circunstancias sabemos que la Policía no estaría tolerando esto”, sostiene Ríos.

Los ánimos en la plaza son altos. Las conversaciones versan sobre los decretos de vivienda y lo que ocurrirá este viernes en el Congreso, aunque entre los asistentes existe la sensación de que la protesta “va más allá”. El ambiente durante la mañana era diferente al de la noche anterior, marcado por la euforia de haber conseguido mantener la acampada durante sus primeras horas.

En la plaza había activistas, pero también grupos de amigos que habían acudido a la cacerolada del jueves o que se habían enterado de la convocatoria para acampar a través de las redes sociales. “Me he enterado cuando estaba en el gimnasio, he pasado por casa a coger el saco y un colacao y me he venido”, contaba Erika a este diario el jueves por la noche. Esta estudiante no tenía tienda y este viernes por la mañana tenía un examen, lo que no le impidió dormir en la Plaza de España por algo que considera “justo”: “No se me ocurre otro sitio en el que estar que no sea este”.

Martín Ruiz forma parte de la Coordinadora Juvenil Socialista, que agrupa asambleas de jóvenes comunistas que, según explica, “tenemos claro que necesitamos estar organizados al margen de los partidos profesionales que gobiernan para los rentistas y los especuladores”. Ha pasado la noche en la plaza y asegura que “se va a aguantar todo lo que haga falta”. Ruiz asegura que “no van a parar” hasta conseguir llegar “todo lo lejos que podamos”. “Los desahucios han sido la gota que ha colmado el vaso. Se trata de un problema estructural. En el primer trimestre del año ha habido 4.000 desahucios, 44 al día. Estamos señalando que es un problema estructural porque el problema de raíz es que la vivienda, que es un bien básico para sobrevivir, pueda ser objeto de especulación. Es la mera existencia del negocio de la vivienda”, sostiene.

Ruiz es especialmente crítico con la clase política. Por una parte, considera que el Gobierno de PSOE y Sumar “no ha estado haciendo nada” y que las medidas que intenta sacar adelante son “parches que no atacan a la raíz del problema”. Frente a ello, reclama “medidas estructurales”: “Que se prohíba la especulación con la vivienda y con los bienes básicos para sobrevivir, que se expropie a los especuladores, que todas las viviendas que se están considerando bienes para invertir se pongan al servicio de las necesidades sociales, que no se haga negocio con los recursos que sirven para sobrevivir y que necesitamos para vivir dignamente”.

También carga contra los discursos de la derecha y la extrema derecha y señala dos “mantras” que, a su juicio, se repiten: “Que hay que construir mucha vivienda y que el problema de que suban los precios es de los migrantes”. Asegura que “el problema es que la vivienda no se organiza racionalmente” y rememora lo ocurrido durante la burbuja inmobiliaria: “Se construyó a un ritmo récord y los precios subían un 33% al año. Después, los precios de la vivienda cayeron mientras no dejaban de subir las cifras de llegadas de migrantes trabajadores. No nos podemos dejar engañar por esta gente que intenta vendernos como un debate irracional para que no hablemos de la raíz del problema”.