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La denuncia de un cirujano de Zaragoza: robots quirúrgicos “de segunda” y 200.000 pacientes sin esta prestación

“Nos han dejado fuera de la cirugía robótica”. Así resume Juan Luis Blas Laina, jefe del Servicio de Cirugía General y Aparato Digestivo del Hospital Royo Villanova, una situación que considera incomprensible desde el punto de vista asistencial. Su denuncia va mucho más allá de una disputa técnica sobre marcas o modelos: acusa al Gobierno de Aragón de haber adquirido plataformas robóticas con menores prestaciones sin contar con los profesionales que debían utilizarlas y de haber dejado sin esta tecnología al hospital que atiende a más de 200.000 habitantes en Zaragoza.

El origen del conflicto se remonta al despliegue de la cirugía robótica en Aragón. Durante el último Gobierno de Javier Lambán se adquirió de forma directa un robot Da Vinci para el Hospital Miguel Servet y quedó pendiente la incorporación de la misma tecnología al Hospital Clínico y al Hospital Royo Villanova. Con la llegada del Ejecutivo de Jorge Azcón se convocó un nuevo concurso que permitió la adquisición de otro Da Vinci para el Clínico, pero dejó fuera al Royo Villanova, considerado uno de los hospitales pioneros en cirugía laparoscópica de Aragón.

Posteriormente, Sanidad impulsó una nueva licitación orientada hacia plataformas distintas al Da Vinci, como Hugo y Versius, en los que se ha invertido 2.300.000 euros. Según denuncia Juan Luis Blas, estos sistemas carecen de algunas prestaciones que considera fundamentales para la cirugía compleja y oncológica avanzada. Los equipos acabaron finalmente en los hospitales de Huesca y Alcañiz, mientras que el Hospital Obispo Polanco de Teruel incorporó otra plataforma diferente adquirida fuera de concurso público. El resultado es que el Royo Villanova continúa sin cirugía robótica pese a realizar procedimientos similares a los del Clínico y el Servet.

Lo cierto es que el Royo Villanova sí llegó a tener asignado inicialmente uno de esos robots. Sin embargo, el jefe de Cirugía renunció formalmente a utilizarlo y reclamó para su hospital la misma plataforma instalada en los otros dos grandes hospitales zaragozanos: el Da Vinci Xi.

La oposición del cirujano comenzó antes incluso de la adjudicación definitiva. El 14 de octubre de 2024 remitió una comunicación al entonces consejero de Sanidad, José Luis Bancalero, en la que advertía de los riesgos de adquirir una plataforma sin contar con los especialistas que debían utilizarla. En aquella carta alertaba de que el sistema previsto podía no resultar adecuado por razones de seguridad y por la ausencia o limitación de herramientas que considera imprescindibles para la cirugía avanzada, como selladores vasculares, endograpadoras o sistemas de fluorescencia con verde de indocianina.

También advertía del riesgo de infrautilización de una tecnología cuyo coste supera el millón de euros y reclamaba que la decisión se tomara pensando en el futuro desarrollo del hospital.

“Estando pendientes de la ampliación del hospital, la plataforma que se adquiera ahora ha de estar acreditada para todas las especialidades”, señalaba en su escrito. El cirujano planteaba entonces que futuras áreas como Otorrinolaringología o incluso Cirugía Torácica podrían necesitar acceso a la cirugía robótica en el nuevo hospital proyectado para el sector.

Días después, el 23 de octubre de 2024, volvió a dirigirse al consejero para expresar su desacuerdo con los pliegos de contratación. En ese escrito denunciaba que el servicio de Cirugía no había participado ni en la elaboración del plan de necesidades ni en la definición de las características técnicas del sistema que posteriormente tendría que utilizar.

Blas recordaba que el Royo Villanova realiza prácticamente la misma cirugía que el Clínico y el Servet en patologías como cáncer de colon, recto, estómago, hígado, páncreas, duodeno, cirugía bariátrica o patología herniaria compleja. Por ello reclamaba disponer de la misma tecnología que los otros dos grandes hospitales zaragozanos.

El documento era especialmente duro con el procedimiento seguido por la administración. El jefe de Cirugía denunciaba errores científicos en la justificación técnica de la compra, criticaba la falta de precisión de los pliegos y cuestionaba que una persona ajena a la práctica quirúrgica hubiera definido las características del sistema sin consultar a los profesionales que debían trabajar con él.

La advertencia culminaba con una frase rotunda: “No voy a someter a mis pacientes a riesgos añadidos resultantes del uso de una plataforma robótica no adecuada”. Como responsable del servicio comunicaba formalmente que no utilizaría ese sistema y solicitaba la adquisición del mismo modelo instalado en el Clínico y el Servet.

Pese a estas advertencias, los pliegos siguieron adelante. El robot inicialmente previsto para el Royo Villanova terminó destinado al Hospital San Jorge de Huesca y otro fue enviado al Hospital de Alcañiz.

Según explica Juan Luis Blas, el problema no radica únicamente en las prestaciones técnicas de la máquina. Asegura que el Da Vinci es actualmente la referencia internacional en cirugía robótica avanzada porque combina tecnología, formación reglada y una extensa red de profesionales acreditados. Su implantación incluye programas específicos para cirujanos, anestesistas y personal de enfermería, además de una estructura consolidada de formación y supervisión que permite desarrollar programas complejos a largo plazo.

“No compras solo un robot; compras una tecnología, una red de formación, una experiencia acumulada y una plataforma sobre la que podrás seguir creciendo durante años”, sostiene.

El jefe de Cirugía rechaza la idea de que todas las plataformas sean equivalentes. Considera que los sistemas adquiridos pueden resultar útiles para determinadas intervenciones de menor complejidad, pero no para buena parte de la cirugía hepatopancreática, gástrica y oncológica avanzada que realiza su servicio. A su juicio, una inversión de estas características debería planificarse pensando en las necesidades futuras de los hospitales y no únicamente en el coste de adquisición.

El cirujano cuestiona además que el factor económico justifique la decisión adoptada. Según sostiene, la diferencia de precio entre las plataformas adjudicadas y el sistema Da Vinci ronda los 100.000 euros, una cantidad relativamente reducida dentro de una inversión superior al millón de euros. Añade que el coste de la cirugía robótica se ha ido reduciendo progresivamente a medida que aumenta su implantación y que existen fórmulas alternativas de financiación, como el renting tecnológico o acuerdos de uso, que permiten amortiguar el desembolso inicial. “Estamos hablando de una decisión que condicionará durante años la capacidad quirúrgica de un hospital. La diferencia económica es pequeña comparada con el impacto asistencial que puede tener elegir una plataforma u otra”, argumenta.

Para Juan Luis Blas, la polémica de los robots es el reflejo de un problema más amplio. Denuncia que el Royo Villanova se ha quedado pequeño para la población que atiende, que continúa esperando inversiones largamente prometidas y que sigue sin disponer de una tecnología ya implantada en otros centros.

“Esto no va de mi robot. Va de los 200.000 ciudadanos a los que atendemos”, concluye.

Su denuncia plantea una pregunta incómoda para la sanidad aragonesa: por qué un hospital que realiza cirugía compleja, fue pionero en laparoscopia y atiende a una de las mayores áreas de población de la comunidad sigue esperando una tecnología que ya está presente en otros centros con menor actividad y menor complejidad asistencial.