Pilar Campo

Oviedo/Uviéu —

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El matrimonio que aisló de todo contacto con el mundo exterior a sus tres hijos -dos gemelos de ocho años y un niño de 10- en un chalé, ubicado en la zona rural de Oviedo, entre los años 2021 y 2025, por miedo a que contrajeran el Covid no padecen “enfermedad mental grave alguna”.

Este es el diagnóstico principal al que ha llegado el catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, Julio Bobes, que examinó a Christian S. y a su esposa Melissa A.S., para conocer si detrás de este comportamiento podía haber algún tipo de trastorno mental que pudiera justificar el autoconfinamiento que privó a los menores de una vida normalizada socializando con personas ajenas a su círculo estrictamente familiar.

El peritaje

Julio Bobes acudió este miércoles a la sede de la Audiencia Provincial de Asturias para testificar como perito en la segunda sesión del juicio que desde ayer se desarrolla, a puerta cerrada, contra el matrimonio para ratificar su informe.

En los momentos previos, desde el exterior de la sede judicial, el catedrático de Psiquiatría atiende a elDiario.es Asturias para exponer las líneas principales de su peritaje. Asegura que coincide con los abogados de la defensa en que su caso debería haberse derivado más a la vía asistencial que a la penal y cree que lo más conveniente sería que los menores no perdieran el contacto con sus padres ya que actualmente apenas pueden escucharles por teléfono una media hora un día a la semana.

A continuación, en este vídeo que reproducimos se puede escuchar la argumentación del perito psiquiátrico.

“Hay miedo sí, pero insuperable... Ellos podían salir de la casa. De hecho salían a tirar la basura. Miedo insuperable sería el que no pudiera salir de casa o el que no es capaz de conectarse. Ellos tenían las luces en la casa encendidas, no había ningún ruido y eso es lo que extrañó a los vecinos, que se encendían las luces por la tarde o por la noche y no oían a nadie ni moverse, ni para abajo ni para arriba. Ni ruidos, ni música, ni televisión”, explica el perito.

“La vía penal no resuelve nada”

Julio Bobes reconoce que la pareja tenía temor a que todos los miembros de la familia pudieran ser vistos por los vecinos, ya que únicamente estaba empadronado el padre, y que pudieran llegar a ser denunciados, como finalmente ha ocurrido. Eran, bajo su criterio, “temores exagerados propios de estas circunstancias”.

El perito coincide en que llevar al matrimonio hasta el banquillo de los acusados por la vía penal “no resuelve nada” y él se inclina como fórmula más idónea por el campo asistencial que solo debería correr a cargo de especialistas en Psiquiatría, Pediatría y Psicología Clínica.

A través de las entrevistas que pudo mantener con el matrimonio, Julio Bobes tuvo conocimiento de que la familia había estado residiendo en la ciudad alemana de Hamburgo, país de procedencia del marido, y de ahí se trasladó a Berlín de donde llegó hasta el pueblo ubicado en la zona rural de Oviedo que era para ellos como “el paraíso”, ya que podían pasar más desapercibidos, como de hecho ocurrió durante cuatro años.

Secuelas por Covid persistente

Al haber contraído el matrimonio por dos veces consecutivas el Covid, el miedo a que sus hijos se contagiaran se fue acrecentando. A ello se sumó que a la pareja le quedaron secuelas sensoriales a consecuencia de sufrir covid persistente, lo que les incrementó su preocupación, según ha trasladado el perito a este periódico.

“La solución en esta causa no es la cárcel. Los padres no son enfermos mentales graves. Nunca estuvieron en tratamiento y necesitan ser ayudados por profesionales. Lo que presentan es un síndrome de acumulación y los problemas de las secuelas sensoriales por el covid persistente. Lo que habría que hacer es que esos niños tuvieran relación con los padres, porque no puede desaparecer su imagen”, ha añadido.

La sesión de hoy era, para las defensas, la mejor manera de que los padres pudieran expresar ante el tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia la situación personal que desencadenó el autoconfinamiento. Sin embargo, no ha dado tiempo a que pudieran declarar en la vista oral del juicio, por lo que han sido citados a la sesión de mañana, en que se reanudará el juicio.

La declaración de los abuelos

En la jornada de hoy sí han declarado por videoconferencia los abuelos maternos, que llegaron a desplazarse a Oviedo cuando fue detenida su hija y su yerno y sus nietos fueron acogidos en un centro de menores del Gobierno de Asturias.

Aunque inicialmente se barajó la posibilidad de que un familiar directo pudiera hacerse cargo de los niños, de momento esta opción está descartada y desde el Principado se inclinan más por una familia de acogida temporal.

Los posicionamientos

La Fiscalía solicita para cada miembro de la pareja una pena de 25 años y cuatro meses de prisión por los delitos de violencia psíquica habitual en el ámbito familiar, detención ilegal y abandono de familia; la misma condena que interesa la Letrada del Menor.  

Los abogados de la defensa Javier Guillermo Muñoz Pereira y Elena González Martínez, que representan a Melissa A.S. y a Christian S., respectivamente, piden la libre absolución al sostener que ni hubo detención, ni se desentendieron de sus hijos ya que, según su versión, “únicamente tuvieron un comportamiento que podría calificarse de anómalo, pero nunca de criminal”.

Las “irregularidades” del registro

Los abogados defensores siguen manteniendo su petición absolutoria, aunque han presentado una cuestión de nulidad al considerar que en el registro de entrada al domicilio hubo “irregularidades procesales”.

Javier Guillermo Muñoz reiteró, una vez más, a las puertas de la sede judicial que en ningún caso sus patrocinados vivían en una “casa de los horrores”, como lo bautizaron los agentes policiales al acceder al domicilio ante el estado en que se encontraba.

Acumulación de enseres

Tanto él como la letrada Elena González aseguran que algunas estancias del domicilio estaban ordenadas y la descripción de otras habitaciones donde, según los policías, estaban llenas de escombros y excrementos en condiciones deplorables, no se ajustaría a la realidad, puesto que solo habría “acumulación de enseres”, por lo que, según inciden, no constituiría un delito.

“Aquí lo que habido es una familia con comportamiento disfuncional, anómalo, pero no criminal”, ha manifestado el representante legal de la madre. Entre otras razones, apunta a que al tratarse de una familia extranjera que no conocía el idioma cuando se trasladó a vivir a Oviedo y los problemas que tuvieron para registrarse sumado al miedo “insuperable” a contraer un virus -en esa fecha era el Covid- les llevó a autoconfinarse“.

Estudiar en casa

Tampoco los padres se desentendieron del aprendizaje de sus hijos, según las declaraciones que iban a realizar ante la Sala, ya que su idea era educar a sus hijos en casa y así lo estaban haciendo hasta el momento en que intervinieron los agentes de la Policía Local a raíz de que una vecina denunciara ante los servicios sociales del Ayuntamiento de Oviedo que sospechaba que en ese domicilio podría haber más personas y unos niños que no salían a la calle.

“Los padres crearon una célula en la que vivieron aislados”, si bien no ha habido “ningún tipo de detención” ilegal de los menores, dado que estos tenían la libertad de “deambular” dentro de la casa, han mantenido las defensas.

“Están devastados”

A la pregunta sobre cómo han encontrado al matrimonio, que actualmente se encuentra ingresado en el Centro Penitenciario de Asturias, los letrados han coincidido en que Christian S. y Melissa A.S. están “devastados”.

“No sustrajeron a los menores, ni hubo detención ilegal. Su comportamiento es anómalo y poco ortodoxo, pero no es criminal”, han añadido.

Periodistas extranjeros siguen el juicio

Las defensas también han dibujado una situación completamente diferente a la que ha trascendido a los medios de comunicación, no solo asturianos y nacionales, sino incluso en el extranjero. Un ejemplo de esa expectación mediática que ha despertado el caso se constata en el hecho de que hasta la capital asturiana se han desplazado periodistas y cámaras de televisión procedentes de Alemania y Luxemburgo.

Según los letrados, esa imagen que se ha dado de sus defendidos está totalmente distorsionada. Así, ni los niños presentaban “malformaciones”, ni presentaban un aspecto sucio cuando llegaron los agentes, puesto que “estaban aseados”.

“Tener la casa desordenada no es delito”

“Es una situación extraordinaria, anómala, extraña, pero no constitutiva de delito. Tener la casa desordenada no es un delito y no escolarizar a los hijos en un centro oficial no es un delito, puede ser una infracción administrativa y puede ser reprochable desde el punto de vista personal o social, pero no jurídico”, han corroborado.

La abogada del padre cree que la vía penal y afrontar una pena de tanta gravedad como es pedir 25 años de cárcel no solo no resolvería la situación familiar, sino que incluso sería “la más perjudicial” porque “se ha desmembrado una familia”. En su opinión, debería abordarse desde un punto de vista “asistencial”.

Habrá tercera sesión

El juicio se reanudará mañana, jueves, con una pericial, la declaración de los dos acusados -que aunque estaba prevista para la sesión de hoy no se pudo efectuar- que se llevará a cabo con la ayuda de un traductor que se encargará de transmitir las declaraciones que los procesados realizarán en inglés al ser el idioma en el que habitualmente se desenvuelven -el padre es alemán y la madre es estadounidense- y los informes con las conclusiones que las partes elevarán a definitivas.

Al término de estos informes, el tribunal de la Sección Segunda ofrecerá al matrimonio la posibilidad de intervenir en el turno de última palabra y el juicio quedará visto para sentencia.