El CD Tenerife y el ministro de Franco

Blas Pérez.

ACAN

Santa Cruz de Tenerife —

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No paraba en aquellos días Domingo Pisaca Márquez, el presidente del Tenerife. Máximo responsable de la entidad blanquiazul en dos etapas, antes lo fue de la Federación Tinerfeña de Fútbol. Pero lo que le ocupaba entonces era consolidar en las categorías nacionales a un equipo que acababa de finalizar, con notables resultados, su primera aventura en Segunda División. Así, en menos de una semana, tuvo que asistir en Los Cuartos a la final de la Copa Heliodoro Rodríguez López (la última que ganó el CD Tenerife, al imponerse por 2-3 a la UD Orotava), viajar a Madrid para tramitar alguna contratación e intentar (con éxito) que el Atletico de Madrid renovara la cesión de Julito y la vuelta de Villar, viajar a Barcelona para tramitar alguna contratación e intentar (sin éxito) que el Español renovara la cesión de Bolea, cerrar también en Barcelona el fichaje como entrenador de José Planas… Eso sí, lo que más nervioso le ponía era regresar de nuevo a Madrid para cumplimentar a don Blas el 26 de junio de 1954.

Aquel sábado, Domingo Pisaca acudió con los nervios propios de la ocasión a la sede del Ministerio de la Gobernación a “hacer una visita formal o de cortesía a alguien a quien se debe consideración”, que esa es la definición de cumplimentar. ¿A quién? Pues ya se ha dicho, a don Blas, a quien debía “hacer entrega del título de Socio de Honor del Club Deportivo Tenerife”. Don Blas era Blas Pérez González (1898-1978), el ministro de la Gobernación desde hacía ya más de doce años, el número dos del régimen, la mano derecha de Franco y el heredero de Ramón Serrano Súñer  –conocido en su tiempo como 'el cuñadísimo'– al frente de un departamento clave en la conservación del “orden y el buen nombre de España” y el único civil que ocupó el cargo, equivalente hoy al de ministro del Interior, desde el término de la guerra civil española hasta que en 1973 esa cartera fue destinada a Carlos Arias Navarro. Además de todo lo dicho, don Blas era natural de Santa Cruz de la Palma y durante décadas fue el 'hombre fuerte' de Canarias en Madrid.

El Tenerife ya había dado muestra de su “completa afección al régimen” desde septiembre de 1936, al organizar en su Stadium un “gran espectáculo patriótico-deportivo a beneficio de las suscripciones para el Ejército, Aviación, Barriadas Obreras y Comedores Infantiles”. Pero nunca estaba de más quedar bien con don Blas, a quien se atribuía gran influencia en todos los órdenes de la vida (y el deportivo no era una excepción). Superado el trago y otorgada la concesión de “socio de Honor del Tenerife”, el presidente blanquiazul pudo continuar con otras ocupaciones: negociar con el Real Madrid la cesión de su portero Padilla, acudir al sorteo del calendario de la Segunda División en la Federación Española de Fútbol, protestar moderadamente por el maltrato que desde Madrid se daba al fútbol tinerfeño… Aunque quizás, la mejor gestión la había hecho aquel sábado en el Ministerio de la Gobernación cuando, obligado a llevarse bien con Madrid, acercó al CD Tenerife al 'número dos' del régimen franquista.

(*) Capítulo del libro ‘El CD Tenerife en 366 historias. Relatos de un siglo’, del que son autores los periodistas Juan Galarza y Luis Padilla, publicado por AyB Editorial.

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Publicado el
26 de junio de 2020 - 12:18 h

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