Voluntarios contra la invasión del rabo de gato

Voluntarios en el barranco de Guiniguada

Eva González

Las Palmas de Gran Canaria —

El rabo de gato es una planta invasora sobre la que, a pesar de los trabajos que se han llevado a cabo por parte de las distintas administraciones del Archipiélago, se piensa casi imposible de erradicar. En momentos puntuales se ha invertido dinero público y se han anunciado medidas de prevención, pero este problema exige un trabajo continuado. El Pennisetum setaceum, nombre científico, se introdujo en Canarias en los años cuarenta como planta ornamental, siendo nativa del Noreste de África y, durante todos estos años se ha extendido hasta el punto de poder verla en las ciudades, barrancos, carreteras e incluso en los espacios naturales protegidos. La dificultad de su control y posiblemente el desconocimiento sobre la especie, unido a la falta de implicación, ha hecho a los responsables abandonar los escasos e improductivos trabajos que se han llevado a cabo para su erradicación.

Ante la amenaza real a la que está sometido nuestro ecosistema terrestre, distintas agrupaciones de ecologistas han comenzado a trabajar y han hecho un llamamiento a voluntariado para ponerse manos a la obra e intentar impedir su reproducción, una labor que muchos tildan de imposible, pero que no conciben así los que ven de cerca el peligro que supone esta plaga para la conservación de nuestra flora endémica.

Pongámonos en antecedentes, comúnmente se conocen bajo el nombre Rabo de gato varias especies vegetales, en este caso la amenaza se trata de la Pennisetum setaceum. No es la única especie invasora que ha logrado enraizar en nuestras Islas, estamos acostumbrados a convivir con las tuneras, Opuntia ficus-barbarica o las pitas, Agave americana que también se multiplican espectacularmente compitiendo con las especies autóctonas. El agravante del rabo de gato consiste en su capacidad de desplazar a los endemismos hasta tal punto de ponerlos en peligro de extinción, es decir, podrían llegar a desaparecer, como ya se está viendo en algunas zonas del Archipiélago. La rapidez con la que se reproduce el rabo de gato es asombrosa, llegando a formar verdaderas praderas repletas, donde una vez ocupado el terreno, difícilmente germinarán otras semillas. Posee una germinación continuada, por lo que siempre hay ejemplares con espigas (flores). Las semillas se dispersan con mucha facilidad con el viento, agua, pelo o plumas de animales, y también en las ruedas de vehículos, con el movimiento de maquinaria, en la ropa y en el calzado. Si no impedimos su multiplicación, a la larga, tajinastes, siemprevivas, bejeques, veroles, cerrajas, lechugones, cardón, pino canario, palmera, etc… podrían dejar de formar parte de nuestras riquezas naturales teniendo un valor universal desde el punto de vista estético, científico y turístico.

Durante más de cincuenta años los esfuerzos por erradicarla han fracasado. En los últimos años ATAN, Abeque (los que llevan más tiempo organizando cuadrillas de voluntariado y actuando), Bejeque, o La Taparucha entre otras asociaciones, se han propuesto llevar a cabo trabajos de organización, información y acción sobre el terreno para evitar su expansión hacia las zonas ecológicamente más valiosas. En Gran Canaria, Tenerife y La Palma, la especie está fuertemente instalada, podemos observar su abundancia en la base de El Risco de Agaete, donde ya se da por imposible la actuación por lo abrupto que se presenta el terreno.

Concienciando a la ciudadanía

El pasado 6 de octubre, las asociaciones Abeque de Tenerife y Bejeque de Gran canaria ofrecieron una charla informativa en el Café Despacio, en Las Palmas de Gran Canaria. Durante más de dos horas se habló de la gravedad de una situación que no ha logrado movilizar a las administraciones, por lo menos, no hasta el punto de dar con la solución adecuada. La falta de organización entre distintos organismos ha provocado incluso la intensificación del problema. Como ejemplo, los trabajos de limpieza realizados en las carreteras donde el desbrozado de las plantas se ejecutan a máquina dispersando y extendiendo más aún las semillas. Un agravante que, según los miembros de las organizaciones, no se puede permitir.

Durante la charla, guiada por Abeque, que lleva ya seis años combatiendo al invasor, sobre todo en el macizo de Teno, una de las joyas naturales de Tenerife, se aportaron datos y explicaron cómo están tratando de abordar la situación. Aseguraron que en este asunto es necesaria la participación de toda la ciudadanía, desde las administraciones, pasando por los ciudadanos en general y señalando a las aduanas como responsables de las medidas de seguridad a la hora de introducir especies exóticas.

A nivel nacional, desde 1995 la introducción o liberación no autorizada de especies alóctonas (que no son originarias del lugar en el que se encuentran) perjudiciales para el equilibrio biológico, figura como delito contra el medio ambiente en la Ley orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal. En desarrollo de esta norma, se promulgó el Real Decreto 1628/2011, de 14 de noviembre, por el que se regula el listado y catálogo español de especies exóticas invasoras en el que, sin duda, se incluye el rabo de gato.

Tras la charla en el Café Despacio, hablamos con algunos de los miembros de las asociaciones. Marta González, de Ben Magec, comentó que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria está colaborando en materia logística y facilitando el seguro del voluntariado y que, desde el propio ayuntamiento, les comunicaron que la erradicación y control del rabo-gato lo contemplaban en sus proyectos a corto medio plazo. También nos informó que en el mismo programa de concienciación a la ciudadanía, además de la charla se incluyen salidas al barranco de Guiniguada. La primera de ellas tuvo lugar al día siguiente de la charla, con más de medio centenar de voluntarios y voluntarias quienes procedieron a realizar los trabajos de control de la planta siguiendo el protocolo de actuación adecuado. “Se cortan las espigas y se guardan bien en una bolsa. Después se arranca la planta asegurándose de sacar el rizoma (la raíz). Se deja en un lugar donde no pueda enraizar, preferiblemente sobre roca y en la misma zona se deja como testigo, así la próxima vez que vienes puedes saber dónde has actuado y observar si han nacido nuevas semillas. Habrá que volver cada tres o cuatro meses para hacer el seguimiento y arrancar las nuevas plantas que hayan brotado” -explica Marta-, “no sirven para nada actuaciones puntuales, tiene que haber un reconocimiento continuado y amplio en el tiempo”.

Por otro lado, Miry Villalba, de la asociación Abeque, hizo énfasis en que su manera de manifestarse y de reclamar la atención de la administración ante la gravedad del problema es la acción y el trabajo. “Queremos demostrar que si nos ponemos manos a la obra podemos evitar males mayores pero no olvidemos que al estar recogida en el reglamento de las especies, les compete a ellos hacer posible estos trabajos”.

En las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma, ya se nos ha ido la cosa de las manos. El esfuerzo que se requiere es enorme, pero la isla de Lanzarote, por ejemplo, está en el momento de detección temprana, en el que si actúas tienes más posibilidades de éxito y requiere una menor inversión de dinero. Un ejemplo de tardía actuación es el barranco de El Risco en Agaete. “¿Quién se pone a quitar ahora rabo de gato a mil metros de desnivel en risco, muchas veces inaccesibles?”, se pregunta Miry.

Miry recordó el caso de La Palma, estudiado y nombrado por el catedrático Pedro Luis Pérez de Paz en el libro Control y erradicación del “rabo-gato” (Pennisetum setaceum) en la isla de La Palma. Tras los trabajos que se realizaron, “cuando ya empezaban a necesitar menos cuadrillas para seguir manteniendo lo que se había logrado, la administración dejó de apoyar y todo el trabajo realizado se echó a perder. Pero estuvieron muy cerca de erradicarlo”. Pérez de Paz lo denominó el fracaso de un éxito. “Para mí fue una pena el caso de La Palma”, confiesa Miry Villalba.

Aday López, miembro de Bejeque, valoró la asistencia de personal de jardinería del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canari, a la salida del barranco de Guiniguada, puesto que es importante que todos los implicados conozcamos el procedimiento correcto de actuación. Se mostró sorprendido por la cantidad de voluntarios y voluntarias que acudieron a esta primera salida y el interés que mostraron en la actividad. “Es un trabajo duro, terminas cansado de tirar del sacho para sacar las plantas de la tierra”. Aday ya ha estado en salidas que se han llevado a cabo en Tenerife, y concretamente en el Barranco del Río, en el macizo de Anaga. “Fue impresionante realizar el trabajo y al año ver como volvía a aparecer la tabaiba y su oruga, que es preciosa con sus anillos de colores”.

Aday está seguro de que van a ir ampliando la zona de acción, aunque también sabe que no van a poder abarcar toda la isla. “Necesitamos que las cuadrillas de limpieza sigan las directrices, evitar las desbrozadoras en las carreteras, que valoren la biodiversidad que tenemos y que no lo den por imposible, porque no lo es”.

Aportar sin muchos esfuerzos

Por parte de la ciudadanía, su colaboración también es fundamental. Entre otras medidas desde el Gobierno de Canarias recomiendan:

– aprende a identificar la planta si la encuentras en el campo, en tu jardín, en los bordes de la pista de tu casa o la carretera.

– cuando localices ejemplares de la planta (¡y estés seguro de que corresponde a Pennisetum setaceum!) y no tengan aún flores ni semillas, arráncalas de cepellón y déjalas en el lugar.

– si el ejemplar que localizas tiene inflorescencias y flores o semillas, arranca también la planta pero, esta vez, introdúcela dentro de un bidón con agua. A los 6 meses se vacía el agua y las semillas descompuestas son enterradas en profundidad.

– los restos del rabogato no deben utilizarse en la generación de “compost”.

– a pesar de su belleza como planta ornamental o como flor seca, no utilices sus inflorescencias para este tipo de decoración. Cuando la tires a la basura o a tu jardín estarás convirtiéndola en un foco de dispersión de esta agresiva especie.

– información a tus vecinos y familiares. Sólo de este modo podemos impedir la proliferación invasiva de muchas malas hierbas como el Pennisetum en el Archipiélago.

– si la extensión de la planta excede tu capacidad para poder controlar su expansión, avisa a los responsables de Medio Ambiente, Sección de Flora y Fauna, de la Administración correspondiente (Gobierno Autónomo, Cabildo Insular o Ayuntamiento).

Por otro lado, Abeque recomienda introducir las inflorescencias y semillas en un bidón con agua durante seis meses. Posteriormente, vaciar el agua y enterrar en profundidad los restos descompuestos.

Actualmente hay un proyecto en marcha en el que participan la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria junto a otras dos universidades de la Macaronesia, El Jardín Botánico de Las Palmas y la Fundación Gaspar Frutuoso. Ecofibras, nombre asignado a esta investigación, se basa en la valorización de fibras naturales provenientes de especies vegetales invasoras en la Macaronesia, tales como la A. donax L. (caña común), Pennisetum setaceum (conocida como rabo de gato), Agave Americana (pita) y Ricinus Comunis (tártago o ricino), todas propagadas sin control en los tres archipiélagos involucrados en el proyecto (Canarias, Azores y Madeira).

Los ecologistas se manifiestan contra este tipo de proyectos. “Estamos en contra del uso de plantas invasoras como materia prima, bien por el riesgo a la propagación de la planta, bien por errores en la cadena de producción”.

El rabo de gato es una amenaza real, es difícil de erradicar pero no se puede dejar de tomar medidas, eso ha movilizado a estas asociaciones cuyo trabajo, es más que necesario. Con su acción, han puesto de manifiesto que hay personal, conocimientos y ganas para ello. Hace falta implicación por parte de la administración, no sólo logística. Presupuesto y medios para garantizar unas condiciones adecuadas y poder llevar a cabo estos trabajos. Haciendo frente así, a la defensa de nuestra flora y conservación del medio ambiente y, de paso, al fomento del trabajo, que bien que nos hace falta.

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Publicado el
9 de diciembre de 2017 - 20:52 h

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