El ser musical que todos llevamos dentro

Guacimara Molina y Edgar Aguiar

Eva González

Las Palmas de Gran Canaria —

0

El uso de la música como terapia.  La conocida Musicoterapia es una disciplina complementaria y no alternativa que permite alterar los estados anímicos del paciente. Cuatro musicoterapeutas llevan tres años ejerciendo en Hospitales de Gran Canaria y Tenerife. ¿Qué es y qué no es musicoterapia?, ¿qué logros se han alcanzado? Dos profesionales en la materia, Guacimara Molina y Edgar Aguiar, tratan de aclarar en qué circunstancias la música ayuda a humanizar el trato en un hospital o, por el contrario, cuándo puede resultar una agresión para los pacientes. 

Ambos musicoterapeutas rehúsan las definiciones no oficiales, así como hablar desde un punto de vista sentimental y por ende superficial sobre esta disciplina. Ante la confusión generada por el término, explican, se ha llegado a una definición oficial que se corresponde con el uso de la música con fines terapéuticos por parte de personal cualificado. Bajo estos parámetros, y alejados de otro tipo de acercamientos a la música y a las terapias, tienen muy clara la importancia de una disciplina que está contribuyendo a la mejora de la calidad de vida de los pacientes.

Guacimara Molina, coordinadora del proyecto de Musicoterapia de la Fundación Mapfre Guanarteme y musicoterapeuta en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria nos explica en qué consiste su ocupación. “El musicoterapeuta escucha las emociones y las transforma en música. No es una lectura de una partitura que la tocas y la reproduces. En las intervenciones tenemos que reproducir el estado de un paciente, psicológico, emocional, incluso cómo se relaciona con los otros. Y eso ¿dónde está escrito?”

Guacimara desmiente las voces que se dedican a difundir la idea de la musicoterapia como una terapia alternativa o pseudoterapia. “Me enfada mucho” -reconoce.

“El trabajo profesional de un musicoterapeuta requiere de una formación muy completa”, asegura con énfasis. “Empecé tocando el piano. Luego estudié Magisterio Musical. Allí escuché hablar de la musicoterapia y me interesé. Estudié la licenciatura en psicopedagogía. Ya después hice las pruebas en la Universidad Autónoma de Madrid, aprobé y entré en la Formación del Máster de Musicoterapia”.

Argentina, Inglaterra y Estados Unidos son los países donde se estudia Musicoterapia como carrera universitaria. Se convirtió en disciplina científica durante la Segunda Guerra Mundial gracias a los beneficios obtenidos en los hospitales norteamericanos con los veteranos de guerra. Se introdujo en España a mediados del siglo XX y actualmente contamos con máster en centros como la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Alcalá de Henares, la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, la Universidad de Almería y centros privados en toda la Península.

“La formación de un musicoterapeuta es cualitativamente diferente a la del psicólogo y a la del músico, aunque tenga de ambas”. Por ejemplo -explica Guacimara-  “cuando yo estudié Magisterio tenía asignaturas de psicología, pero eso no te convierte en psicóloga. En musicoterapia ocurre lo mismo. Vemos asignaturas de medicina, pedagogía, etcétera… pero hay un tronco que sostiene la propia disciplina; técnica, fundamentos, incluso, historia de la musicoterapia”.

Edgar Aguiar, musicoterapeuta en el Complejo Insular Materno Infantil, hace hincapié en la versatilidad instrumental que debe adquirir el profesional. “Un musicoterapeuta tiene que tener conocimientos de música y defenderse con varios instrumentos musicales. Además debe contar con la empatía, escucha y el control personal necesario para afrontar retos nuevos cada día”.

“La música no es solamente melodía”, -recuerda Edgar-, “intervienen otros elementos como el timbre, el tono… todo influye”. Asegura que usa la guitarra en el 90% de las terapias, a veces le añade pequeña percusión (bongós) o, por ejemplo, en el caso de los niños funciona muy bien el xilófono, un instrumento que, aunque puede resultar estridente y exige cierta creatividad melódica y control de baquetas, le ha dado buen resultado.

Edgar fue movilizado por la música desde su adolescencia. “Las tribus como el heavy metal me tocaron de tal manera que incluso llegué a vestir de negro.  Empecé a tocar y luego llegó la apertura a otros estilos”.

Guacimara y Edgar además son miembros de AEMUCAN (Asociación para la evolución de la musicoterapia en Canarias) y Guacimara además este año desempeña el cargo de presidenta de FEAMT (Federación Española de Asociaciones de Musicoterapia).

El entorno sonoro

Un suspiro, una relajación profunda, a raíz de empezar con la sesión de lo sonoro ya es un “logro” para nosotros. “¡Ah! Por aquí vamos bien”, -comenta Edgar-, quien considera esos detalles como pistas a tener en cuenta. Cuando estos síntomas salen del paciente sin que se le pidan suele indicar que se va en buena dirección. No cree en eso de “respira profundamente para que te relajes”, “eso es muy falseado”  -asegura.

Guacimara también alude al ambiente. “Además de los instrumentos, en un hospital hay sonidos diferentes. A veces el paciente tiene una botella en la mano y la hace sonar y aprovecho ese tempo y lo meto”, afirma Guacimara.

O la misma bomba donde se pone la medicación de quimio, por ejemplo, hace un “bip, bip” y cuando se termina se acelera el “bip” incorporándolo a la melodía. Saber utilizar los sonidos del ambiente es ponerlos al servicio de nuestro objetivo, convertirlos en medio, aclara Guacimara.

Y además está la musicoterapia activa y receptiva, continua explicando, en la primera participa el paciente y en el asegunda sólo recibe lo que está sonando.

A veces trabajamos con pacientes sedados y nos basamos en su respiración como tempo para nuestra música. Nosotros allí no tenemos en cuenta nuestros gustos ni nuestro estado. Tenemos que escuchar qué sucede, cómo está el paciente y qué necesita.

No es una enseñanza musical adaptada. La música es una herramienta para trabajar diferentes objetivos a nivel cognitivo, fisiológico, social, emocional…

Tratamos a pacientes con problemas de descanso o de sueño, problemas emocionales, problemas comunicativos o de ansiedad. Los casos que tratamos son múltiples, entre ellos la despedida.

¿Qué es un logro para nosotros?

Al estar en un equipo interdisciplinar es frecuente alcanzar un objetivo psicoemocional positivo. Son casos donde hay mucho miedo, desconfianza, un estado anímico bajo, internamientos largos, en los que, aunque no alcancemos la cura definitiva, existen estudios que confirman que el estado anímico del paciente influye en la mejora de la patología, -esclarece Edgar-, y continúa afirmando que sí se puede comprobar desde la primera sesión el cambio anímico, el tono muscular, un cambio de expresión, etcétera…

Logro puede ser para nosotros, por ejemplo, en un paciente de paliativos que está muriendo, que esa familia tenga una buena despedida. Acompañar en ese momento de unión, íntimo de la familia con el paciente, para que la ansiedad disminuya y se puedan realmente despedir con fluidez. Cada equipo considera sus logros según su disciplina. Para la medicina el logro sería curar, pero no siempre se consigue. Para un médico de paliativos, el logro sería que el paciente muera tranquilo, sin dolor, en paz. “Nuestros logros como musicoterapeutas, -afirma Guacimara-, es son conseguir un cambio anímico en un paciente, que se muestre más comunicativo con el personal sanitario o que en una intervención de enfermería, que puede ser muy dolorosa,  se queje menos. Para nosotros ”logro“ es contribuir a una mejora en la calidad de vida del paciente. 

La música también puede ser una agresión

Hay hospitales que contratan músicos profesionales pudiendo llegar a resultar una agresión;  los pacientes necesitan descanso. Organizar conciertos para acercar al paciente a un espacio artístico, al que de otra forma no podría acceder, requiere un lugar adecuado. No es lo mismo celebrar un concierto en una planta donde el enfermo puede ser invadido que celebrar un concierto en el Hall al que se puede acudir de forma voluntaria.

La idea de humanizar los hospitales es positiva pero hay que hacerlo con los conocimientos y la cautela adecuados.  

Un adiós con los ojos abiertos                       

                Una anécdota que recuerdo, comenta Edgar, fue una despedida de un paciente que estaba en paliativos.  Necesitábamos crear un ambiente de silencio, muy calmado. Se logró un momento muy bonito. Y de repente, pasa un familiar y nos dice… “Yo no sé qué hicieron pero abrió los ojos”.

Y es que para la apertura a otros mundos hace falta estar vivo,  avanzar, estudiar, trabajar y dejar de agarrarnos a lo conocido. Hay muchas maneras de ampliar nuestro horizonte. En este caso parece que las notas son claras y que lo escuche quien desee y encuentre preparado para ello.

Etiquetas
stats