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Terrorismo de Estado

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Con los años otro de los episodios que recuerdo fue aquello del señor X. Lo de GAL me traía sin cuidado. A mí lo que me tenía fascinado era esa letra, relacionada con el mundo de la pornografía y de las revistas guarras que aparecían en algunos recreos del colegio y que nos convocaban a todos a esas lecturas democráticas en los rincones de las escaleras. Eso sí que era compromiso y participación. No se abstenía nadie.

Conforme fuimos creciendo nos enteramos que todo aquello tenía que ver con el terrorismo de Estado y que un Gobierno de un país democrático como el nuestro no podía responder ante ETA con las mismas armas y de la misma manera. Vimos cómo encarcelaron a todos esos peces gordos y cómo toda la política se rasgaba las vestiduras y renegaba de los acontecimientos. De repente la X dejó de tener toda esa carga de erotismo y tras ella, nos dijeron, podía estar Fulanito o Menganito, pero mi mente adolescente tenía ya tanto rodaje en cuitas aprendidas y sublimadas en la mejor prensa de la época que estaba más allá de esos mitos caídos y esas vergüenzas nacionales.

Esta semana pasada los medios de comunicación no se han cansado de ofrecer la imagen del Premio Nobel de la Paz, el presidente Obama, atento, a su vez a otras imágenes. Estaba acompañado de altos cargos del Gobierno y del ejército, entre ellos una afectada señora Clinton. A simple vista parecía que estaban viendo el último Barça-Madrid o los gestos de robo de Mourinho.

Ahora resulta que la caza del terrorista más buscado del mundo no es, a su vez, terrorismo de Estado. En este nuevo escenario en donde todo es posible gracias a la manipulación del lenguaje y a la transmisión de la ideología de los poderosos a través de sus periódicos y cadenas de televisión, en este nuevo marco, digo, sale a la palestra el señor Zapatero a decir públicamente que Ben Laden se había buscado su destino. Que lo diga un presidente del PSOE tiene cierta lógica, visto lo visto en la etapa de González y su GAL. Que sea el PP, sin embargo, el que se congratule de esta caída tiene tela marinera. ¿Por qué el caso Marey es intolerable y la muerte de Ben Laden no? Leer estos días el ABC o El País ha sido algo increíble. Todo al revés. Y este periodismo es el que esta semana pasada celebraba eso de la Libertad de prensa.

José María García Linares

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