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El blog de Carlos Sosa, director de Canarias Ahora

Primero los inversores USA, luego los oncólogos

El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, en su visita a los Estados Unidos.

Una realizadora de una importante productora audiovisual de Barcelona se quejaba este miércoles en Las Palmas de Gran Canaria de la ausencia casi total de especialistas locales en el mercado del cine y de la televisión en los que apoyarse para el rodaje de simples spots publicitarios. “No saben ni hacer un presupuesto; confunden castings con una relación de fotos; no transmiten la certeza de que estaríamos aquí en buenas manos para que un rodaje no se frustre por la ausencia de un permiso”, decía.

Por la mañana, en la Institución Ferial de Canarias (Infecar), el consejero de Nuevas Tecnologías del Cabildo de Gran Canaria, Raúl García Brink, relataba el agujero negro que se produjo en la contratación de rodajes de grandes producciones en la isla como consecuencia del pánico desatado al saberse que la Agencia Tributaria había levantado por los aires a algunas productoras que se acogieron a los beneficios fiscales prometidos desde las Islas. Y reconocía que, hasta no hace mucho, rodar en cuatro distritos distintos de la capital grancanaria requería cuatro permisos distintos, uno por cada Junta de Distrito. El pánico por las inspecciones de Hacienda ha quedado despejado al conocerse, a su vez, que continúan vigentes las garantías fiscales y que, en las negociaciones de Pedro Quevedo con Montoro se han incrementado los topes para que las productoras se puedan beneficiar más.

Fernando Clavijo, el presidente del Gobierno de Canarias, anda estos días de gira por Estados Unidos vendiendo las excelencias de esta tierra para posibles inversores del país de Donal Trump. Y de las oportunidades. Su viaje no aporta apenas ninguna novedad respecto a los que ya realizaron con anterioridad otros tres presidentes canarios, todos ellos de Coalición Canaria (Lorenzo Olarte, Adán Martín y Paulino Rivero), confiados en que nuestras condiciones de plataforma hacia África será algún día la alternativa al monocultivo turístico.

El anecdotario de esos viajes presidenciales canarios, con una fuerte componente paleta en casi todas sus ocasiones, está plagado de pura propaganda barata y de algunas escaramuzas dignas del camarote de los hermanos Marx. Es particularmente destacable la finta que Ricardo Melchior, a la sazón presidente del Cabildo de Tenerife, le hizo en 2004 al entonces consejero de Industria de Canarias, Luis Soria (sí, queridísimos lectores, Luis Soria llegó a ser consejero, y por más señas el consejero que estaba en la sala de máquinas del famoso concurso eólico del caso eólico todavía pendiente de juicio), para que Tenerife se quedara con el contacto para establecer en esa isla un NAP, lo que viene a ser (o venía a ser entonces) un Neutral Network Access Point. Y si te vi, no me acuerdo.

También quedó grabado para la historia el viaje a Atlanta de Lorenzo Olarte y su amplia corte de colgaderas por el módico precio de 400 millones de pesetas del año 1996, cuando las olimpiadas en aquella ciudad.

Fernando Clavijo repite el viaje de sus antecesores y pregona las ansias canarias de internacionalizarse (término centrífugo, en realidad) y de ofrecerse como plataforma sur-sur, palanca logística, núcleo irradiador, ariete de Occidente frente a la enorme África, madre de todas las leyendas del Atlántico Medio…

Y ya cuando entra en la concreción empieza el orgasmo intelectual, quizás contagiado por la grandeza del país del “hagamos de nuevo grande a América” con el que el impresentable de Donald Trump alcanzó la presidencia y el liderazgo mundial en lamentable colegueo con Vladimir Putin.

Clavijo ha dicho en USA que quiere inversores para la penetración de las energías renovables mientras en Canarias él mismo continúa impulsando el gas como combustible fósil “de transición”, particularmente en Tenerife, lo que equivaldrá a un imponente retraso en el objetivo verde, como ha quedado suficientemente acreditado.

Pero, además, dice que busca inversores que promuevan nuevas actividades económicas que permitan rebajar esa brutal cifra de jóvenes en desempleo, entre otras, la industria audiovisual. Y presume, llegado a este punto, de la alta cualificación profesional del personal isleño, como si aquí no supiéramos que hay escasez incluso de personal de hostelería con un mínimo nivel de idiomas y de formación. O que, como decía la realizadora de la productora catalana del principio de esta historia, faltan empresas y empresarios que sepan convertirse en productores locales para facilitar la venida de grandes, pequeños o medianos rodajes, uno de los nichos que precisamente está promocionando nuestro presidente por tierras norteamericanas.

Por no hablar del inmenso agujero negro que se ha abierto bajo los cimientos de la Televisión Canaria, hundida como nunca en un marasmo de ineptitud y de sectarismo que ahoga cualquier posibilidad de que vuelvan a salir de ella nuevos talentos que nutran la industria audiovisual en cualquiera de sus vertientes.

En este contexto de expansión a la americana leemos en el Diario de Fuerteventura unas afirmaciones de Fernando Clavijo que recuerdan mucho a ese señor alcalde-presidente del menudeo y de la chapuza que siempre fue, tan seguro de sí mismo que provoca cierta repulsión. Separa a hachazos la gestión sanitaria de la política, como si las decisiones que se toman en una consejería de Sanidad cualquiera (no en una consulta ni en un quirófano) solo respondieran a los criterios de los técnicos, lo que desde luego debería conducir en su universo discursivo a la disolución completa de la clase política y al reinado absoluto de los funcionarios, a ser posible de carrera.

¿Un búnker de radioterapia? ¿Un hospital en el sur de Fuerteventura? ¿Una o dos ambulancias medicalizadas? Decisión de los técnicos. ¿Que la isla quiere que contratemos un nuevo oncólogo? Muy sencillo, nosotros creamos la plaza y que la plataforma ciudadana que reclama ese segundo facultativo especializado sea quien lo busque. ¿Para qué queremos a los políticos? ¿Para crear una segunda plaza de oncología para una población de derecho de 110.000 personas? ¿Es capaz este Gobierno de buscar inversores y no un puñetero oncólogo?

Viene a ser parecida respuesta a la que en 2009 dio al diputado Fajardo Mercedes Roldós, hoy delegada del Gobierno, entonces consejera de Sanidad con Paulino Rivero y con Soria, a los problemas de nefrología que padecía la isla de Lanzarote. A mí que me registren, no me ha llegado ninguna queja, tenemos unos nefrólogos estupendos y estamos terminando un hospital más estupendo todavía. “Y si usted, señor Fajardo, conoce algún nefrólogo que quiera venir a trabajar a Canarias, tráigaselo”. Siguiente pregunta.

Resulta curioso conocer las reflexiones profundas de nuestro alcalde-presidente justo en el momento en el que declaraba desde Nueva York que está buscando inversores para darle la vuelta a nuestro modelo productivo, algo que en teoría se había comprometido a resolver con los 160 millones del Fedcan, que ahora se quedarán en menos 100 como consecuencia del rebasamiento en el techo del gasto y las exigencias de devolución que profiere Montoro. Ya nos enteraremos de lo que ha costado esta gira americana. Y de sus resultados.

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