Un continente hiperconectado: cómo las redes sociales están mejorando las democracias africanas

Cheikh Fall, durante la entrevista. (ALICIA JUSTO)

Alicia Justo

Dakar —

Una marea roja llena las calles de Conakry, la capital de Guinea. Detrás subyace el malestar ciudadano hacia el presidente, Alpha Condé, quien pretende modificar la constitución para aspirar a un tercer mandato. Las imágenes de las protestas se expanden por Facebook y Twitter, donde activistas y perfiles comprometidos con los movimientos sociales comparten fotos y vídeos unidos por el hashtag #amoulanfe (no pasará, en el idioma soussou, una de las lenguas del país). Perfiles sociales de otras democracias, como la senegalesa, llaman a la unión entre los pueblos africanos en una suerte que algunos seguidores denominan “panafricanismo activo”. Las redes sociales están recogiendo lo que se reivindica en las calles y, al mismo tiempo, suman más adeptos al engranaje. “Las RRSS favorecen la movilización ciudadana para respetar la constitución y mejorar la democracia”,  comenta orgulloso uno de los ciberactivistas del continente africano con más poder de influencia, el senegalés Cheikh Fall. 

En una entrevista realizada en su casa de Dakar, este informático de profesión, de 38 años y 65.000 seguidores en Twitter, su red social predilecta, según confiesa, hace una radiografía del potencial que poseen las nuevas tecnologías para mejorar las democracias en África. Reconoce que el momento actual es especial porque, según sus palabras, se trata de la primera vez que los ciudadanos africanos tienen unas herramientas y unos soportes para ejercer el derecho y el deber de expresar sus opiniones y sentimientos. “Nunca África ha estado tan conectada al mismo nivel que el resto del mundo. Es la primera vez que podemos usar estas mismas herramientas y estar a la par que otras regiones del mundo”, asegura. Enumera con bastante sencillez todo lo que las TIC significan en África: “Pueden ser la consolidación de la democracia, promover la transparencia y la buena gobernanza, permiten el acceso a la información y al intercambio libre de la información. Tienen un rol de ejecutar y promover propuestas a los gobiernos y participar en la democracia y ser partícipes de la sociedad”. Y es que las TIC han estado vigilantes en algunos procesos electorales, como en el de Senegal en 2012, donde partió la idea de idea de crear su asociación, Africtivistes, han canalizado peticiones de la sociedad civil como en Túnez durante la primavera árabe y han servido como soporte para denunciar desviaciones democráticas, como recientemente en Guinea Conakry. 

De este modo, apunta, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han mejorado la calidad de vida de las sociedades ya que han supuesto una democratización de la sociedad, al democratizarse el acceso a la información. Ahora, no se trata de un poder vertical donde la información proviene desde arriba y se expande a los distintos estratos de la sociedad sino que la sociedad puede estar informada de primera mano de lo que pasa en su país. Pero, además, se ha creado una sociedad del conocimiento, en el que las TIC permiten un acceso al saber que según él, “se puede calificar de inteligencia colectiva”. Fall lo ejemplifica con que una persona africana tiene acceso a la misma información que un español o un estadounidense y que esa información puede ser compartida con todos los africanos. 

Cómo un teléfono móvil y una tarjeta SIM pueden hacer una revolución pacífica 

El director de Ciberafrictivistes, movimiento que nace en 2013 con el fin de proteger la democracia y que agrupa a 200 activistas y blogueros de 40 países africanos,  saca a relucir el concepto de soft revolution  y que define como “el poder que tiene el pueblo gracias a las TIC para cambiar el proceso democrático”. Recuerda que antes algunas luchas por las democracias implicaban muertes y violencia. Sin embargo, con la soft revolución, el objetivo es mejorar la calidad de las democracias de manera estable y pacífica, sin acudir a la fuerza, solo a través de las TIC. “Creemos que este concepto es realizable porque en África hay casi más tarjetas SIM que africanos, lo que demuestra que los africanos estamos conectados y  sabemos que el poder de comunicación que tiene un teléfono es altamente decisivo”.  

Sin embargo, que el uso de los teléfonos móviles se esté expandiendo no implica que sus portadores sean conscientes del arma pacífica que guardan sus manos. En este sentido, Fall reconoce que una parte de la juventud africana aún no es consciente de las nuevas tecnologías como herramientas de participación y cambio social  y que debe ser la otra parte, la que sí está sensibilizada, la que trabaje para concienciar a través de la información y la formación. Para ello, “debe haber una reestructuración del sistema y saber en qué medida se usan estas TIC para también evitar las noticias falsas”. 

Y como antídoto contra la ausencia de veracidad, Fall asegura que el rol de las personas especializadas en las TIC y los formadores debe ser el de esclarecer e iluminar al pueblo para que cada persona asuma la responsabilidad de su contenido, de lo que crea y comparte. “Lo que tiene que haber es una toma de conciencia individual gracias a la información  y a la formación”, sentencia. De lo contrario, asegura, se entrará en una dinámica en la que la información tendrá menos valor a ojo de los consumidores y de los profesionales de los medios.

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