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El brujo debe saber de hierbas

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España

Rajoy tiene un problemita. No es casual que haya reunido en su Gobierno no digo que lo peor de cada casa porque igual son los mejores de que dispone. El hechicero debe saber de hierbas o contar con alguien que las entienda y no parece tener a mano, el presidente, una meiga o un meigo (que haberlos, háylos también).

No insistiré en la torpe política catalana de Rajoy porque igual no son hervores los que le faltan sino que le mueve el designio de desempolvar un autoritarismo disfrazado de falsa constitucionalidad sin la menor consideración ni respeto a la sensibilidad ajena; como cuando se jactó en la tele de haber destinado “cero euros” al cumplimiento de la ley de la Memoria Histórica al tiempo que doblaba ante las cámaras los dedos índice y pulgar y los unía por las puntas formando eso, un cero. Estuvo muy a juego con Rafael Hernando, portavoz parlamentario del PP, para quien las familias quieren recuperar los restos de sus familiares asesinados por los franquistas para obtener algún dinerillo. De milagro no les reprochó que no los reclamaran bajo la dictadura. Y todo eso en boca de los mismos que han fijado desgravaciones fiscales a quienes apoyen a la Fundación Francisco Franco de enaltecimiento a su figura; como si fuera una ONG. Son hechos que no dan qué pensar, no hace falta: es la derechona.

Rajoy y la secesión catalana

Por otra parte, la trayectoria política de Rajoy es la de un ser que no puede ser, como diría Pancho Guerra. No insistiré, por cansancio, en el recordatorio de la oleada de corrupción de su presidencia que dejó tamañita a la del PSOE; por cuantías, comunidades afectadas, número de altos y altísimos cargos en modo presuntos desvalijadores. Que la Justicia detectara la existencia de una caja B indica que, en principio, no está de acuerdo con la tesis del PP de que son los individuos quienes se corrompen, no las organizaciones, qué va. Una opinión que le escuché, si no recuerdo mal, a Fernando Martínez Maillo, responsable de organización del PP.

No quería insistir, como dije, en lo de Rajoy y Cataluña pero debo anotar que su política avivó al secesionismo. Pensé un tiempo que por pura torpeza, pero me pasé al lado de los conspiranoicos porque desde las elecciones de 2004, a las que llegó de seguro vencedor y lo derrotó Zapatero, no ha parado y siempre con el mismo y sospechoso resultado: provocar cada vez más malestar en los catalanes como si quisiera cargarse de razones que justifiquen la recentralización que recomienda, no por casualidad, Albert Rivera, su reemplazo que, de momento, lo mantiene en los fogones hasta que esté más hecho.

A mi entender, los catalanes se han caracterizado durante muchos años por su inclinación al federalismo y el autonomismo, posiciones molestas para el núcleo de poderosos intereses, políticos, económicos, financieros, mediáticos, etcétera, establecidos en Madrid, que no madrileños, que condicionan al Gobierno y pretenden “perfeccionar” con su ampliación a Cataluña el control del país. Por ahí anda Rivera aunque con más perspectivas de futuro.

Por otro lado, el secesionismo siempre ha estado ahí y lo ha reavivado el PP. Recuérdese, si no, su escasa relevancia en la concurrencia de las fuerzas políticas catalanas del primer lustro del siglo y cómo pasó a convertirse en determinante con el empujón de la dichosa sentencia del Tribunal Constitucional (TC) que remató la larga campaña pepera contraria al Estatut. El secesionismo se disparó entonces y agrió el viejo conflicto. Interesaba al PP alentar al españolismo de la peor estofa que compensara en el resto de España los votos que no conseguía en Cataluña para mejorar sus resultados globales. Y a eso fue confiando quizá en un apoyo charnego que no tuvo.

Se vio en aquellas movidas que el PP ha recurrido más de la cuenta al españolismo de baja estofa, el que enseguida se apunta a boicotear productos catalanes. Ya recibí una vez la reconvención, más que bronca, de una señora que me “sorprendió” comprando una botella de cava. Le expliqué que no lo hacía por los catalanes sino para que los extremeños pudieran darle salida a sus tapones de corcho y resultó.

Quizá venga bien volver a recordar al notario, publicista y profesor barcelonés Juan José López Burniol que ha recomendado más de una vez a las dos partes del conflicto ser más estrictos con la Historia y admitir que si unos no lograron su independencia en el siglo XVII, como hizo Portugal, los gobiernos españoles tampoco lograron la integración de todos los territorios y ahí están los regímenes de Euskadi y Navarra que lo digan. Burniol se ha declarado en alguna ocasión catalanista, no secesionista, pero hay quienes lo “acusan” ahora, desde el españolismo, de ser hijo de castellanos. ¿Ustedes lo entienden? Seguramente se debe a que hoy piensa que la independencia la han hecho ya inevitable. Justo cuando el pujolismo está de capa caída y ya no tienen los gobiernos centrales quien les apaciente sus ovejas.

La sociedad corrompida

No entiendo bien ciertas quejas del ya citado Martínez Maillo a las que me he referido. Dice que todo el mundo le da caña al PP, que no le pasan una mientras que los otros partidos siguen en lo suyo tan felices. Sin valorar, Maillo, que con todas las que ha hecho, el PP sigue en el Gobierno y llegó a gobernar incluso con una mayoría que nunca había conseguido nadie. Lo que parece confirmar la tesis del profesor Alejandro Nieto de que España no es una democracia sino una cleptocracia, una sociedad corrompida a la que se corresponden gobiernos que no lo son menos. O sea, la política del PP, incluida la corrupta, ha recibido premios del electorado.

En los gobiernos del PP la mentira ha acompañado, como no podía ser de otra manera, a la corrupción. Hubo mentiras en la etapa Aznar cuando metió a España de comparsa de la agresión a Irak que desencadenó la venganza islamista con el criminal atentado de la estación de Atocha. Por no hablar de la grandeur aznárica que no satisfecha con la boda “regia” de su hija en El Escorial, promovió un plan de autopistas de peaje desastroso en el que todo se hizo mal y toca ahora a los ciudadanos soltar otra porrada de millones para reformarlas y que las saquen de nuevo a concurso público de explotación al que concurrirán las mismas firmas del fiasco.

Si nos remontamos en el tiempo, ya vimos a Rajoy ante la Prensa en modo mentiroso total con los miles de millones para rescatar a la Banca. No entro en si había o no que salvarla, que es asunto de personas mayores, pero está claro que Rajoy engañó al país al asegurar que los ciudadanos no tendrían que pagar un duro (un euro, o sea) pues era, dijo, un préstamo en muy buenas condiciones que pagarían los mismos bancos. Cosa que, por supuesto, no han hecho dejando el muerto a los mismos de siempre. Indignaron, por otro lado, las prisas de Rajoy para acabar cuanto antes con aquella rueda informativa porque tenía prisa para llegar a tiempo a no recuerdo qué partido de fútbol.

En el caso del rescate bancario, no sólo mintió Rajoy sino que lo hicieron varios de sus ministros que respaldaron las mentiras del presidente. Son tantos los episodios por el estilo que ni siquiera es preciso recordar a Wert o a Fernández Díaz porque ahí tenemos a Fátima Báñez y su caracoleo entusiasmado ante la Virgen del Rocío con la alegría de las devotas en gracia de Dios cuando le dan un ministerio; o los tres novios que le salieron a la muerte en la pasada Semana Santa; o las ministras que se burlaron de la manifestación del 8-M y tuvo el propio Rajoy que desautorizarlas porque ya le ardían las orejas. Por no hablar de las acusaciones a los catalanes de utilizar fondos públicos en la financiación del procés dichoso, lo que ha negado el mismísimo ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Y no les cuento de lo que se han estallado en la construcción de submarinos que no flotan. Y todavía se sorprenden de que se hayan echado a la calle pensionistas o las mujeres con motivo del 8-M, contra la sentencia de La Manada y las reivindicaciones del 1 de mayo. O el lío de los másters, de los asuntos más vergonzosos y perjudiciales para la gente de a pie.

No le ha quedado al PP más remedio que recular ante el hartazgo de la gente y resulta que ahora, a regañadientes, aparece el dinero que hace unas semanas decía el Gobierno no tener. No cabe duda de que esta casta de políticos desprecia a la gente, no la tiene en la consideración que merece como ciudadanía y que han abusado tanto de la situación que se le ha ido de las manos. Nada es para siempre y Rajoy está perdido porque después de lo vivido en los últimos meses las cosas no volverán a ser iguales.

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