La lavandera cascadeña: el ave que mide el agua (III)

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Lavandera cascadeña. Barranco de Las Angustias. Foto: ULRICH GOTH ROTH

Hay aves que se buscan en un mapa de vegetación. A esta hay que buscarla en un mapa de agua. 

La lavandera cascadeña, Motacilla cinerea, es un pájaro esbelto de dorso gris, pecho amarillo intenso y una cola larguísima que mueve arriba y abajo sin parar, como si estuviera contando algo. En Canarias vive una subespecie propia, canariensis, distinta de la continental. Y vive donde hay agua corriente: en los barrancos con caudal permanente, en las galerías, en los estanques, en las charcas que quedan bajo un salto. 

Yo la fotografío en el fondo del Barranco de las Angustias. Es de esos sitios donde uno se sienta un rato y deja que pase el tiempo. Ella aparece casi siempre: corre unos metros por la grava mojada, se para, mueve la cola, atrapa un insecto al vuelo con una vuelta rápida, y vuelve a empezar. No se esconde. Trabaja. 

Lo interesante de esta especie no es su rareza —no es rara— sino lo que significa su presencia. La lavandera cascadeña necesita agua superficial, y necesita que esa agua tenga vida: larvas, insectos, pequeños invertebrados. Un barranco con agua limpia y corriente la tiene. Un barranco con el cauce seco, o con el agua entubada, o con el fondo cubierto de residuos, no. Es lo que en biología se llama una especie indicadora: no hace falta analizar nada para saber que algo va bien. Está ella, o no está. 

Y eso, en una isla donde el agua es el tema de conversación desde hace siglos, no es un detalle menor. La Palma es la isla más rica en agua de Canarias, y esa riqueza es exactamente lo que la hizo habitable y cultivable. Cada galería, cada canal, cada estanque forma parte de esa historia. Lo que quizá se piensa menos es que ese mismo sistema es un hábitat: hay especies que viven de nuestros barrancos y de nuestros estanques, y a las que les afecta cómo los tratamos. 

Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea). Foto: ULRICH GOTH ROTH

Observarla es fácil y no requiere permiso ni guía. Cualquier barranco con agua, a primera hora de la mañana, sirve. Angustias es el más evidente por accesibilidad, pero no el único: los cauces del noreste, las charcas bajo los saltos y los estanques de riego rodeados de vegetación funcionan igual de bien. Basta con sentarse a una distancia razonable y esperar diez minutos. Ella se acostumbra a ti mucho antes de lo que tú te acostumbras a estar quieto. 

Un aviso, porque toca decirlo: los barrancos de esta isla no son un decorado. Bajan en crecida con lluvias que ni siquiera han caído donde tú estás, y hay tramos que no son para cualquiera. Y en los sitios con agua conviene no meterse dentro, no remover el fondo y no dejar nada. La lavandera no come de tu bocadillo; come de los bichos que viven en esa grava. 

Fotografiarla, en cambio, tiene una dificultad que a mí me sirve para explicar lo que viene la semana que viene. Es un pájaro pequeño, en movimiento constante, y al que no puedes acercarte sin que se vaya. Si te aproximas, la pierdes. Si te quedas lejos, no la ves. La solución no es andar más despacio: es cambiar de método. 

De eso hablamos el próximo domingo. 

Ulrich G. Roth vive en La Palma y lleva décadas dedicado al turismo de la isla. Con 100 Árboles y Digiscoping.World se ocupa del turismo de naturaleza, de la fotografía de aves a través del telescopio y del registro acústico de especies en la isla. Esta serie se publica cada domingo. 

Esta es la tercera entrega de 'La Palma, isla de pájaros', una serie que publicamos cada domingo para descubrir las aves que viven con nosotros y aprender a mirar la isla de otra manera. Puedes recuperar aquí la [primera entrega] y la [segunda entrega].

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