¿Y si La Palma pudiera escuchar sus aves todo el año?
Imagínate cincuenta de esos aparatos repartidos por la isla. En Barlovento y en Fuencaliente, en La Galga y en Tijarafe, a 1.800 metros en la cumbre y a veinte metros sobre el mar. Todos escuchando, todos los días, todo el año.
Sabríamos cosas que hoy no sabe nadie. Cuándo baja exactamente la rabiche del monteverde en otoño y hasta qué cotas llega. Dónde sigue encontrando comida la graja —y de qué zonas se ha ido sin que nos diéramos cuenta. Qué noches pasan las aves migratorias y en qué número. Y cómo cambia todo eso a lo largo de los años.
No es una fantasía. En el mundo ya funciona así: miles de estaciones, datos abiertos, cada detección consultable públicamente. Y conviene decirlo claro: los datos son de quien tiene la estación, no hay cuota mensual y nadie te obliga a compartir nada. Quien comparte, comparte porque quiere.
Y tampoco hace falta imaginar cómo funciona. Los datos de una de las estaciones instaladas en La Palma pueden consultarse en directo aquí.
Las ubicaciones que aparecen son aproximadas, nunca exactas.
Lo llamativo es lo poco extendido que está esto todavía por aquí. En toda la Península y Baleares hay ahora mismo un puñado de estaciones de este tipo —se cuentan con los dedos de dos manos. Y en Canarias, hasta donde alcanza el mapa, las primeras son las de esta isla.
Y aquí quiero detenerme, porque no estamos acostumbrados a decirlo. En casi todo lo demás llegamos los últimos: la conexión aérea, los servicios, las inversiones. Solemos mirar hacia fuera para ver cómo lo hacen otros y copiarlo con diez años de retraso. En esto no. En esto vamos por delante, y no de una isla vecina, sino de casi todo el país.
Que quede claro lo que eso significa: en este asunto, quien tendrá que fijarse en La Palma es el resto. No al revés.
Y no ha hecho falta ni una subvención, ni un convenio, ni una consultora. Ha hecho falta que a alguien le picara la curiosidad y colgara un aparato de un árbol. Esa es exactamente la escala a la que esta isla sabe hacer las cosas bien.
La ventaja, eso sí, dura lo que dura. Es cuestión de meses que alguien monte lo mismo en otra isla, y me parecerá estupendo —con una condición: que cuando lo hagan, La Palma no tenga tres estaciones, sino treinta. Ser el primero no vale nada si uno se queda ahí. Vale cuando se convierte en el sitio del que los demás copian.
Ahora mismo hay tres estaciones funcionando: una en el Lomo de los Caballos, una en el borde de la laurisilva en La Galga y una en las salinas de Fuencaliente. Tres puntos en 708 kilómetros cuadrados. Es un comienzo, y poco más.
Lo interesante es comparar. Las listas de esos tres sitios apenas se solapan. Misma isla, tres jardines completamente distintos. Por eso no existe —ni puede existir— «la lista de aves de La Palma» que valga para tu terreno. La tuya la tiene que hacer tu terreno.
Así que aquí va la invitación, y va por partes.
Si alquilas una casa rural o vacacional: tienes un jardín que cuenta algo doce meses al año, y un argumento para el tipo de huésped que viene precisamente por eso. Un listado propio de especies vale más que cualquier adjetivo en una descripción.
Si tienes una finca: si quieres saber qué efecto tiene tu manera de trabajar la tierra sobre las aves, necesitas un punto de partida. Sin él, todo son opiniones. Y si trabajas en ecológico o mantienes setos, muros y arbolado, es muy probable que tengas más de lo que crees. Esa lista es el primer paso para convertir tu finca en un punto de observación: con cita, con horario, con un precio y con algo de comer. Sin obras y sin camas nuevas.
Si eres docente o trabajas en un centro educativo: la propuesta es concreta. Cedo la estación y la formación necesaria para utilizarla, con una condición: que el proyecto y los datos obtenidos sean públicos. Yo me encargo de administrar técnicamente la estación para garantizar que siga funcionando y que sus registros puedan compararse con los de otros puntos de la isla.
Una estación en un colegio puede convertirse en una asignatura de biología que se escribe sola: datos reales, del lugar en el que vive el alumnado, recogidos durante todo el año.
Si trabajas en un ayuntamiento: el planteamiento es diferente. El municipio adquiere su propia estación y yo me encargo de administrarla dentro de la red. Catorce municipios, catorce estaciones, permitirían empezar a dibujar un mapa insular mucho más completo. Una por municipio. No hace falta más para empezar.
Y si simplemente tienes un jardín: con eso basta.
Queda una última cosa, que va más allá de cada aparato suelto. Canarias se promociona desde este año en siete mercados europeos como destino para la observación de aves. Quien se tome eso en serio necesita algo más que buenas fotos: necesita saber qué está promocionando. Qué especie hay dónde, cuándo se puede ver, cómo le va. Ese conocimiento no se compra. Hay que reunirlo, durante años, en muchos sitios a la vez. La Palma, isla de pájaros.
La Palma podría ser la primera isla que lo haga. No porque aquí sobre el dinero, sino porque aquí viven aves que no existen en ningún otro lugar del mundo, y porque una isla de este tamaño es lo bastante abarcable como para registrarla de verdad. No es una tarea para una administración. Es una tarea para unas cuantas docenas de personas con un jardín y curiosidad.
Lo cual no significa que a la administración no le toque nada. Le toca lo de siempre: decidir en qué dirección crece esto. Se puede discutir durante años cuántas camas necesita la isla. O se puede mirar lo que ya existe y no cuesta un euro de obra: fincas que trabajan con la naturaleza en vez de contra ella y que, con un punto de observación, un horario y un café, participarían por fin del turismo sin construir nada.
Ahí hay ingresos para las medianías, para el este y para el norte, en temporada baja y sin una sola cama más. Es la clase de crecimiento que no se le nota a la isla.
Hace seis semanas escribí que mirar no basta, que hay que registrar, y que se puede hacer de dos maneras: viendo y fotografiando, u oyendo y grabando. Ninguna de las dos exige ser experto. Las dos exigen lo mismo: decidir que lo que pasa en tu terreno merece quedar anotado.
También escribí que pocos de nosotros sabríamos nombrar más de tres o cuatro especies de aves.
Eso se puede cambiar.
Empieza por escuchar. La Palma, isla de pájaros.
Ulrich G. Roth vive en La Palma y lleva décadas dedicado al turismo de la isla. Con 100 Árboles y Digiscoping.World se ocupa del turismo de naturaleza, de la fotografía de aves a través del telescopio y del registro acústico de especies en la isla.
Esta es la sexta entrega de 'La Palma, isla de pájaros', una serie que se publica los domingos para descubrir las aves que viven con nosotros y aprender a mirar —y escuchar— la isla de otra manera. Puedes recuperar aquí las entregas anteriores.
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