Drago (no solo) pretende evitar escaños de las izquierdas canarias
Se suele señalar que Drago Canarias, la formación de Alberto Rodríguez, aunque no tiene posibilidad alguna de conseguir escaño en ninguna de las circunscripciones canarias al Congreso y al Senado, se presenta a los comicios generales del próximo 29 de noviembre con la exclusiva intención de dividir el voto en el espacio de las izquierdas alternativas. Y tratar de impedir de esta manera que estas obtengan representación en las Cortes. Morir matando, vamos. Es una afirmación a mi juicio parcial y que no recoge la complejidad total de sus decisiones.
Es verdad que esas opiniones vienen avaladas por lo que hicieron en las elecciones autonómicas de mayo de 2023. Sus candidaturas contaron entonces con un inusual, desmedido e injustificado apoyo mediático. Aunque solo sirvieron para obtener dos concejales en el conjunto de Canarias, sí parece que contribuyeron eficazmente a que Unidas Podemos no obtuviera representación en el Parlamento de Canarias ni en los cabildos insulares, ayudando de forma indirecta al efecto colateral del establecimiento de instituciones más conservadoras. Todo un éxito. Entonces, de ese espacio de las izquierdas, solo Nueva Canarias-Bloque Camarista (NC-bc) consiguió acceder a la Cámara canaria, con cinco escaños.
Más de lo mismo
Podría pensarse que ahora puede estar sucediendo más de lo mismo. Una repetición de la jugada. Que las intenciones son similares. Se puede deducir esa sospecha de las encuestas conocidas, que dan a Drago no más del 1,5% de los sufragios, por debajo de Podemos y Sumar y lejos del 5-6% de NC-bc. Y de su negativa tajante a dialogar siquiera con otras fuerzas políticas para tratar de establecer algún tipo de acuerdo.
Tener la verdad verdadera tiene esas cosas. Seguramente muy útiles para lograr los mayores niveles de cohesión interna. Pero del todo inservibles para transformar positivamente la cruda realidad social y el sufrimiento de tanta gente. Ardua tarea que precisa de muchas voces, de muchos participantes, de muchas visiones. De actitudes propositivas y constructivas. De entendimientos. Y, asimismo, de un poco de modestia. De presuntos cristianosronaldos estamos sobrados.
Por cierto, escuchar a Alberto Rodríguez despotricar abiertamente de los “partidos españoles”, cuando se refiere a Podemos, IU o Sumar tiene su miga. Olvida intencionadamente que él milito en IU, que también lo hizo en Podemos, por el que fue diputado casi seis años, y que con centralista mano de hierro dirigió durante dos años la muy española secretaría de organización de los morados. Además, por tan españoles partidos concurrió a las generales de julio de 2023, estando ya en Drago. El desespañolizador que lo desespañolice buen desespañolizador será.
Doble objetivo, único beneficiado
Mucha gente cree que Drago pretende evitar que las izquierdas canarias lleguen a las Cortes tras el 29N. Añadiría, por mi parte, que no solo. Sus candidaturas tienen un doble objetivo. Ese, sin duda. Y otro, más oculto, pero no menos real: debilitando a la Unidad del Pueblo Canario, por muy poco que lo hagan, podrían favorecer que Coalición Canaria y Primero Canarias, las derechas locales, tengan mejores opciones en las urnas, dado que el último escaño en Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife se puede ganar por un puñado de votos.
Esa doble meta explicaría nítidamente el trato exquisito que Drago Canarias recibe por parte de la radio televisión pública de Canarias y por los medios privados afines a Coalición Canaria. Donde los voceros draguistas machacan sin piedad a las izquierdas y, sorpresa, apenas nombran a la gobernante Coalición Canaria. Tienen diez veces más presencia en esos medios de comunicación que el resto de las izquierdas juntas. Imposible de explicar en el caso de los medios públicos, salvo un servilismo al poder y sus intereses que los desacredita.
Les puedo asegurar que ninguno de esos medios, privados o públicos, se ha vuelto, ni de lejos, soberanista. Si unos y otros los llevan con singular entusiasmo a sus tertulias y programas informativos, pese a su escasa representatividad institucional y en votos, es por otras razones bien distintas. Esos medios siguen siendo descaradamente pro-Coalición Canaria. A sus intereses sirven con poco o ningún disimulo. Y, consecuentemente, apoyan a quien a CC le conviene. También, y de forma tan clara como descarada, en el caso que nos ocupa.
Todo ello sucede cuando estamos ante unos comicios, los del 29 de noviembre, en los que no se opta entre un gobierno socialdemócrata o conservador. Lo que se juega es evitar el profundo retroceso y sufrimiento social que supondría el acceso de la ultraderecha al poder; sus consecuencias en las pensiones, el salario mínimo, los servicios públicos, los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI, el trato a las personas migrantes, el desprecio a la cultura, el combate contra la Crisis Climática o la descentralización del Estado. Jugar al “entre peor, mejor” tan presente en las izquierdas dogmáticas y mesiánicas nunca conduce a nada bueno a medio y a largo plazo. Y en el corto, solo beneficiará a la extrema derecha y su asalto contra el estado social y la democracia.
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