Unidad del Pueblo Canario, acierto en tiempos críticos
Considero un acierto que se decidiera denominar Unidad del Pueblo Canario (UPC) a la confluencia de las izquierdas nacionalistas y confederales para las trascendentales elecciones generales del próximo 29 de noviembre. Y valoro, sobre todo, que se alcanzara el mayor grado de unidad, que Canarias fuera la primera comunidad del Estado en el logro de un amplio acuerdo y que no se enfangara el debate en la pelea en torno a los puestos en las listas electorales, como lamentablemente sucedió en otros lugares.
A comienzos de la etapa democrática, otra UPC (Unión del Pueblo Canario) fue una de las experiencias de mayor unidad de las organizaciones de izquierdas y sectores populares de nuestra historia, logrando un importante apoyo ciudadano en las urnas. Con un programa de reivindicaciones democráticas, sociales y nacionales. Lo analicé, creo que sin nostalgia, pero intentando, eso sí, tratar de recuperar la memoria, en mi libro La Unión del Pueblo Canario, luces y sombras del nacionalismo autodeterminista de los 70-80.
Aquella UPC surgía en plena transición en un contexto en el que se iniciaba el camino de superación de las lacras de la larga dictadura y se luchaba por conquistar derechos básicos. La actual lo hace en un momento político bien distinto, en el que las derechas quieren impulsar una enorme involución social en beneficio de unos pocos. En el que nos jugamos la propia democracia.
Una confluencia necesaria
Creo que la denominación Unidad del Pueblo Canario (UPC) contiene suficientes elementos que definen muy bien la confluencia, hoy más necesaria que nunca. Y que la hace atractiva para muchos hombres y mujeres de las plurales izquierdas canarias. Una propuesta modesta y comprometida, sin apoyos empresariales ni mediáticos, que ha puesto nerviosa a la derecha canaria y a sus acomodados voceros y voceras.
Unidad, al incluir a una fuerza canarista de izquierda y a organizaciones estatalistas de izquierdas con vocación federal o de carácter ecologista, así como a varios grupos municipales; y, asimismo, y no es menos importante, al responder al anhelo de miles de personas progresistas que no perdonarían, y con razón, que no se llegara a acuerdos básicos cuando la ultraderecha amenaza con arrasar con los servicios públicos, las pensiones y las libertades. Esa reclamación mayoritaria, la de la unidad, no podía ser desoída en ningún caso. Aunque algunos se empeñen en ponerse arbóreos tapones.
Del pueblo. Esa es otra importante clave. Las propuestas no son, como gran parte de las de CC y Prica, a beneficio del empresariado. Como hacen cuando bajan los impuestos a los más ricos, realizan cambios legislativos para favorecer la especulación en vivienda o permiten e impulsan un desarrollismo sin límites. O alardean, lo hizo en su momento su líder Clavijo, de los bajos costes salariales de Canarias como un “atractivo” de nuestra tierra.
En lugar de obediencia canaria practican la completa sumisión a los poderosos del Archipiélago y sirven a sus muy particulares intereses. Además, votaron en 2023, y votarán mañana, junto a Vox, la investidura de Feijóo. Y gobernarán Canarias con la extrema derecha si les hacen falta sus votos tras las autonómicas de mayo. No lo duden.
Por contra, el programa de UPC es nítidamente progresista. Se centra en la vivienda, para facilitar el acceso de las clases populares a un hogar. En la mejora de los salarios. En la defensa de los servicios públicos frente a quienes en Canarias los financian mal y los gestionan peor (¿5% del PIB para educación en el año 2050, señores y señoras de CC y sus amigos de Prica o, ya puestos, en el siglo XXII?). En un modelo de desarrollo armónico y contenido que impida más ocupación territorial y más problemas medioambientales, que no expulse a la gente de sus barrios. En el respaldo a las pensiones públicas que Abascal y Feijóo privatizarán si llegan al Gobierno. En medidas que favorezcan la emancipación de nuestros jóvenes. En el compromiso con los avances feministas y del colectivo LGTBIQA+.
Canario. Desde una canariedad integradora y acogedora, no excluyente ni supremacista. Que huye de complejos y de la cultura de la queja permanente. Desde una visión positiva de las oportunidades que brinda el autogobierno para cambiar las cosas desde aquí, sin responsabilizar siempre a terceros de las cosas que se hacen mal en esta tierra: fiscalidad, especulación, insuficiente financiación de los servicios públicos, maltrato al territorio o desastrosas políticas de vivienda. Comprometidos con nuestra historia y patrimonio, y en construir un mejor futuro para los que aquí vivimos.
Sin jaula
Canarios, pero sin jaula. Ni la jaula del centralismo asfixiante que no reconoce nuestras especificidades, necesidades y derechos. Ni la jaula, también opresiva, del regionalismo conservador que es incapaz de ser corresponsable ni en la fiscalidad ni en el imprescindible buen gobierno de las numerosas competencias que, en los más diversos ámbitos, tiene nuestra nacionalidad. Que pide mucho y no hace nada para transformar esta tierra y sus elevados niveles de pobreza. Que beneficia a los que mejor están.
Unidad del Pueblo Canario. Un inmenso reto y una no menor responsabilidad ante uno de los momentos más críticos de nuestra historia reciente, en el que los avances conseguidos tras el final de la dictadura franquista pueden ser arrollados por la intransigencia, el desprecio, la deshumanización, la violencia y el odio de las derechas más extremas.
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