Un viaje de 6.000 años en los campos de Antequera

Interior del Dolmen de Menga.

Antequera ejerce de verdadera encrucijada de caminos. Esta ciudad malagueña, que por su monumentalidad ya merece una visita, es algo así como una ‘rotonda’ natural que conecta las diferentes realidades de la geografía de Andalucía. Es la puerta de entrada, a través de Loja y la vega del Río Genil, al vergel de la Vega de Granada y, desde ahí, a las alturas de Sierra Nevada; hacia el norte se encuentran los pasos naturales que llevan a la campiña cordobesa y la parte alta del Valle del Guadalquivir; hacia el sur conecta con el Guadalmedina que desagua en el Mediterráneo justo en medio de Málaga y hacia poniente, se llega en un tris a Sevilla y, desde ahí, a la desembocadura atlántica del Guadalquivir. Este lugar es aún muy importante en las comunicaciones de Andalucía: sólo hay que ver el trazado de las grandes autopistas y rutas que conectan Sevilla, Granada, Málaga y Córdoba para ver que es un lugar que ocupa una posición de centralidad geográfica indudable.

Y eso era una cuestión que no pasaba inadvertida para las gentes de la antigüedad; aún en los momentos más remotos de nuestra historia. El megalitismo europeo y norteafricano es una de las manifestaciones culturales más fascinantes del mundo. Este periodo de la tecnología constructiva abarca desde los finales del Neolítico hasta el inicio de la Edad del Bronce, un periodo crucial en la historia regional que marca el inicio de la sedentarización de las comunidades humanas, la revolución productiva agrícola y la aparición de un salto tecnológico brutal: la fundición de metales. En los campos que circundan la actual Antequera florecieron las poblaciones humanas desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días: hay huellas que datan desde los tiempos más remotos y rastros de civilizaciones como la íbera, la cartaginesa, la romana o la musulmana.

El conjunto megalítico de Antequera es uno de los más importantes de Europa por varios motivos: el primero es el excepcional grado de conservación de los monumentos que no sólo conservan intacta su estructura lítica interna sino, también, sus túmulos de tierra originales. El segundo es su tamaño: el Dolmen de Menga es la cámara sepulcral megalítica más amplia de Europa: es tan grande que sus constructores tuvieron que instalar grandes piedras a modo de columnas centrales para soportar las losas que forman su corredor. Y la tercera es lo peculiar de su orientación. Este tipo de monumentos prehistóricos se construyeron con orientación celeste (para que la luz penetre en el interior en determinados momentos del año –equinoccios o solsticios), pero los megalitos antequeranos alternan la orientación celeste con la paisajística, lo que supone la sacralización de espacios geográficos concretos.

El primer conjunto megalítico comprende los dólmenes de Menga y Viera. El Dolmen de Viera es el más ‘académico’ de los monumentos megalíticos antequeranos. Su construcción data de algún momento del periodo comprendido entre el 3.500 y el 3.000 antes de Cristo y es una clásica tumba de corredor vinculada a la tradición atlántica cuya puerta se orienta hacia la salida del sol durante los equinoccios. El corredor de 21 metros (con una anchura media de 120 centímetros y una altura de 185) culmina en una cámara de 210 centímetros de alto por 180 de ancho. La estructura del corredor y las cámaras es adintelada (mediante grandes losas de cubierta que se apoyan en piedras hincadas verticalmente en el suelo –reciben el nombre de ortostatos) y el conjunto está cubierto por un túmulo de tierra y rocas de 50 metros de diámetro. Se le llamó ‘cueva chica’ por mera comparación con las dimensiones brutales de su vecina inmediata.

Por su parte, la Cueva de Menga es una verdadera proeza por su tamaño y una rareza por su orientación y particularidades. Es más antigua que su vecina, ya que se ha establecido un rango de fechas para su construcción que va desde el 3750 al 3600 antes de Cristo. Lo primero que sorprende es la dimensión del espacio en el que culmina su corredor de 27 metros. La sala funeraria tiene una anchura que supera los 6 metros de anchura y alcanza los tres de alturas. Tal proeza necesito de grandes piedras que actúan como columnas para soportar losas de cubierta que superan las 180 toneladas. Al igual que sucede en el Dolmen de Viera, hay restos de pintura roja, grabados y cazoletas en los ortostatos (piedras verticales) pero una de las grandes particularidades de este dolmen es que en su cámara se excavó un pozo estrecho de casi 20 metros de profundidad. La otra singularidad de Menga es que su entrada se orienta al cerro llamado Peña de los Enamorados; y singularmente a una zona de abrigos rocosos con pinturas rupestres mucho más antiguas que el propio megalito. Fascinante. Al igual que sucede en el Dolmen de Viera, Menga se cubrió con un enorme túmulo de 50 metros de anchura.

El tercero de los grandes megalitos antequeranos es bastante posterior. Si los dos primeros son una huella del final del Neolítico, este tercero (que estructuralmente pone de manifiesto un avance arquitectónico brutal) data del Calcolítico (su construcción se data entre el 1900 y el 1800 antes de Cristo), un periodo en el que el dominio de la cerámica y su vitrificación mediante hornos de alta temperatura permitió el trabajo metalúrgico (cobre en el caso que nos ocupa). El Tholos de El Romeral se encuentra a unos dos kilómetros de los dólmenes de Viera y Menga y se alinea con éstos y la Peña de los Enamorados (algo que pone de manifiesto la pervivencia de cultos al paisaje durante larguísimos periodos de tiempo). Su estructura es circular a modo de falsa cúpula de 5,2 metros de diámetro y cuatro metros de altura que se logra mediante la colocación de hileras de piedra seca que se van cerrando hasta llegar a una gran losa. Frente a la puerta de entrada a este recinto hay un pequeño corredor elevado (a 72 centímetros del suelo) que lleva a una segunda cámara circular de 2,3 metros de diámetro y casi 2,5 metros de altura. Al conjunto se accede mediante un corredor trapezoidal de poco más de 26 metros construido mediante la misma técnica con 1,5 metros de anchura y cerrada arriba por grandes losas de cubierta. Este lugar es uno de los más intensos de toda España. La conexión entre el corredor y la gran cámara sepulcral se hace a través de una estructura adintelada elaborada por dos enormes ortostatos y una gran losa de cubierta que obliga a inclinarse. El Romeral también es especial por su ubicación, que combina lo astronómico (la cámara recibe los rayos del amanecer del solsticio de invierno) y lo geográfico, ya que deja ver el Camorro de las Siete Mesas, punto culminante de la vecina sierra de El Torcal.

Museos y visitas de interés.- El Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera cuenta con un centro de visitantes en el que puedes entender el conjunto, las teorías sobre su significado y mágico, simbólico y religioso su importancia cultural para la comarca a lo largo de los siglos –ya hay escritos sobre Menga en el siglo XVI-. Otro lugar interesante para completar la visita es el Museo de la Ciudad de Antequera (Plaza Coso Viejo, sn; Tel: (+34) 952 708 300), donde hay varias salas dedicadas a la Prehistoria y a los momentos históricos en los que se construyeron y utilizaron los monumentos funerarios megalíticos. La importancia arqueológica de Antequera es brutal. Sin ir más lejos, a dos pasos de los dólmenes (en los que se realizaron enterramientos en época íbera, romana y medieval) podemos visitar los restos de unas termas romanas.

El contexto de los dólmenes de Antequera.- Hace muy poco, investigadores de la Universidad de Sevilla dieron a conocer la existencia de un cuatro dolmen a los pies de la Peña de los Enamorados dónde se encontraron tres cráneos enterrados. Este dolmen, dicen los científicos, es más antiguo y modesto que los tres conocidos, pero pone de manifiesto la importancia de la comarca como centro megalítico. Como decíamos anteriormente, en la Peña de los Enamorados hay numerosos rastros del pasado. El lugar más destacado de esta montaña con forma de rostro de gigante es el Abrigo de Matacabras, dónde se pueden ver pinturas rupestres lineales y esquemáticas vinculadas por los expertos con el Neolítico. En el mismo abrigo se encontró un enterramiento aún más antiguo. Y a los pies del cerro hay una pequeña necrópolis de cistas vinculadas a la Cultura Argárica (Bronce) y varios menhires y piedras que forman pequeños círculos. Al otro lado del Eje Menga-Peña de los Enamorados se encuentra la sorprendente Sierra de El Torcal, un lugar de gran belleza paisajística y geológica que tiene muchísimos vestigios que van desde la Prehistoria hasta el siglo XIX. La roca caliza erosionada forma un paisaje de tintes surrealistas en los que abundan las cuevas y las torres de piedra con formas curiosas. El lugar es también un depósito de fósiles de gran importancia. Hay varios senderos que recorren el lugar y dan acceso a sus lugares más importantes.

DATOS PARA LA VISITA

Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera: Carretera de Málaga, sn –Antequera-; Tel: (+34) 952 712 206; E-mail: visitasdolmenesdeantequera.ccul@juntadeandalucia.es; Página Oficial de Facebook. Tiene centro de visitantes. Ofrece visitas guiadas. Accesibilidad.

Cómo llegar: Antequera se encuentra en una encrucijada de caminos y está muy bien comunicada por autovía con Granada (97,3 km por A-92), Málaga (51,5 kilómetros por A-45), Córdoba (120 kilómetros por A-45) y Sevilla (158 kilómetros por A-92). Las empresas ALSA y Alsina Graells comunican por carretera Antequera y estas cuatro capitales andaluzas. Antequera cuenta con estación de la red de Alta Velocidad de RENFE con conexiones con Málaga, Granada, Córdoba, Ciudad Real y Madrid. La red regional de RENFE conecta, también, con Granada, Málaga, Sevilla, Córdoba, Almería y Algeciras. Los aeropuertos más cercanos son el de San Pablo –Sevilla- (163 km.); el Pablo Picasso –Málaga- (59,3 km.) y el Federico García Lorca –Granada- (86,1).

Alojamiento y Restauración en el lugar: sí

Horarios de los monumentos: Del 1 de enero al 31 de marzo y del 16 de septiembre al 31 de diciembre: De martes a sábado, de 09:00 a 18:00 horas. Domingo, festivos y lunes víspera de festivos, de 09:00 a 15:00 horas. Lunes (no festivos): cerrado. Del 1 de abril al 15 de junio: De martes a sábado, de 09:00 a 20:00 h. Domingo, festivos y lunes víspera de festivo, de 09:00 a 15:00 h. Lunes (no festivos): cerrado. Del 16 de junio al 15 de septiembre: De martes a domingo, festivos y lunes víspera de festivos, de 09:00 a 15:00 horas. Lunes (no festivos): cerrado. Los museos y conjuntos arqueológicos y monumentales abrirán todos los festivos, incluidos los locales, con excepción del 1 y 6 de enero, 1 de mayo y 24, 25 y 31 de diciembre.

Precio de la Entrada: Gratuito

Patrimonio Mundial de la UNESCO: Sí

Fotos bajo Licencia CC: Ricardo Ramírez Gisbert; Shadowgate; Feli García; Ashley Van Haeften; Ángel M. Felicísimo

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Publicado el
23 de diciembre de 2020 - 19:45 h

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