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Guía breve de Cuenca: Torre Mangana, dinosaurios y una excursión a la Ciudad Encantada

Lo mejor de Cuenca es que las distancias permiten ir de una punta de la ciudad a la otra caminando en apenas quince minutos. Así que volvemos a la Plaza Mayor para explorar el extremo sur del casco histórico y hacer una incursión por la ciudad nueva para descubrir algunos secretos de Cuenca que han estado ocultas durante millones de años (ruta marcada con iconos violeta en el mapa). El Edificio del Ayuntamiento, con sus arcos, separa la Plaza de Mayor de la Calle del Fuero, punto de acceso a la antigua acrópolis musulmana de la vieja ‘QÅ«nka’. Esta zona de la ciudad se localiza justo en el espolón de roca que forman las hoces de los ríos Júcar y Huécar. Aquí se localizaba la antigua alcazaba islámica de la ciudad que quedó totalmente abandonada tras la conquista. La zona sur del Casco Histórico quedó reservado a las comunidades islámicas (arrabal) y judía (judería) que fueron colmatando de casas las antiguas fortificaciones hasta sepultarlas.

Una enorme explanada construida sobre los cimientos y muros arruinados de la alcazaba alberga hoy una elegante torre renacentista construida en el siglo XVI que se ha convertido en el gran símbolo urbano de la ciudad. Torre Mangana (Santa María, 1) mira desde su atalaya a las hoces marcando el tiempo de la ciudad con su reloj encantado. Mangana articula gran parte de la identidad de la ciudad y concentra buena parte de las leyendas de Cuenca. Como la del relojero insatisfecho que maldijo a la ciudad por no recibir el pago convenido por esta obra maestra de la ingeniería renacentista o la de las brujas que volaban en torno a la torre en aquel siglo XVII de histerias colectivas por toda Europa.

El entorno de Mangana y las calles adyacentes articula el tercer núcleo patrimonial e histórico de la Cuenca Medieval. El acceso a la zona desde la Plaza Mayor se hace junto al Convento de las Esclavas de la Merced (Plaza de la Merced, 6), un grandioso edificio construido entre los siglos XVI y XVII que va desde el Manierismo renacentista a los primeros rasgos del barroco. Y después está la propia Mangana a cuyos pies puedes ver algunas de las trazas del antiguo alcázar musulmán. Distorsiona este paraje de piedra, ladrillo, madera y teja la cubierta futurista del Museo de las Ciencias (Plaza de la Merced, 1) en el que puedes ver una reproducción de la Estación Espacial junto a las cristaleras que dejan al aire los restos arqueológicos del arrabal musulmán.

Y desde aquí todo es cuesta abajo. En el buen sentido de la palabra. La Calle Monsén Diego de Valera serpentea entre viejas casonas pintadas de esos colores chillones tan característicos de la ciudad hasta la antigua Puerta de San Juan, que marcaba el límite sur del viejo burgo medieval. Parte de las murallas y torres de este lienzo puede verse entre las tejas y terrazas de los edificios. Y nos acercamos a la confluencia de los ríos Júcar y Huécar viendo los potentes muros y torres que bajan por la Calle Palafox y culminan en el Puente de la Trinidad, lugar estratégico situado justo donde se juntan las aguas formando el vértice de este espolón prodigioso que sólo pudo ser abatido mediante el hambre. Ya estamos fuera de la Cuenca Medieval. Aprovecha para internarte en el espectacular parque urbano del Júcar.

Los refugios antiaéreos de Cuenca.- Una historia poco conocida de Cuenca es su papel durante la Guerra Civil española (1936-1939) como ciudad de retaguardia del bando republicano. Las fuerzas legítimas del Gobierno de España mantuvieron el control de la población hasta el final del conflicto como eje de las comunicaciones entre Madrid y Valencia y fruto de ese periodo son los casi 20 refugios antiaéreos que se construyeron en diferentes partes de la ciudad para proteger a la población local de los bombardeos de los sublevados franquistas. Hoy se pueden visitar los refugios de la Calle Calderón de la Barca (junto al Hospital de Santiago) que han sido musealizados para comprender el espacio y el contexto.

Un museo de dinosaurios alucinante.- Esta zona de la Península Ibérica es generosa en huellas del pasado más remoto de nuestro planeta y al igual que la vecina provincia de Teruel, Cuenca es una de las mecas europeas de la paleontología. El Museo Paleontológico de Castilla La Mancha (Río Gritos, 5) es de los mejores de su especialidad en todo el continente y cuenta con ejemplares únicos de fósiles auténticos y cuidadas reproducciones de los gigantes que caminaron por estas tierras hace millones de años. Genial para niños, pero también fascinante para los adultos.

La Ciudad Encantada (Carretera CM-2104).- Otro de los hitos fundamentales de la capital conquense es adentrarse en su maravillosa sierra para visitar este paraje impresionante que se encuentra en una finca privada (la entrada cuesta siete euros). La erosión ha creado un paraje de esculturas naturales surrealista que se combina a la perfección con los densos pinares de la Serranía de Cuenca. Un sendero circular de tres kilómetros te sumerge en este paisaje encantado creado por el agua y el viento. Alucinante.

La Villa romana de Noheda (Carretera N-320).- Otro lugar más que interesante a apenas a 18 kilómetros del centro de la ciudad y es de los mejores ejemplos de villa rural de la Península Ibérica. El lugar estuvo en funcionamiento entre el siglo I antes de Cristo y el final del imperio y cuenta con una de las pars urbana (zona de vivienda) más espectaculares de la vieja Hispania. La calidad de los mosaicos y el tamaño de sus termas nos indica la riqueza de la familia que explotó esta gran hacienda agrícola que estaba vinculada a las cercanas ciudades de Segóbriga, Ercavica y Valeria.

Fotos bajo Licencia CC: Santiago López Pastor; Juanje Orío; LidiaRock1; Brian Adamson; Rens Kokke; Jorge Franganillo