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Ærø, una visita a la ‘soleada’ y tranquila Dinamarca

Las cabañas de playa con techo de paja son una de las señas de identidad de la isla danesa de Aero.

El lugar con más horas de sol de Dinamarca es el Archipiélago de Fionia, un conjunto de grandes y pequeñas islas y bancos de arena cubiertos de hierba a tiro de piedra de las costas del itsmo de Jutlandia. Ærø es una de estas islas que tapizan la entrada al Mar Báltico (hay que recordar que la propia Copenhague se encuentra en una de ellas). No es la más grande, ni mucho menos. Pero tiene un halo que la convierte en un lugar muy especial y apreciado por los daneses. Apenas mide 88 kilómetros cuadrados (20 kilómetros desde su extremo nororiental al suroccidental) y no tiene accidentes geográficos de importancia más allá de sus playas tranquilas, algunos tramos de acantilados en la zona de Voderup Klint –con caídas de hasta 30 metros- y sus campos de cultivo. Y aún así, es uno de los lugares preferidos por el turismo local para hacer alguna escapada y disfrutar de los interminables días de verano del extremo norte de Europa. El secreto de Ærø es su autenticidad; sus casitas de colores alegres y techos de paja; sus cuidados pueblos con conjuntos históricos perfectamente conservados y su tranquilidad. Casi no hay coches y es un lugar ideal para recorrer los campos en bicicleta (esa pasión danesa tan felizmente arraigada).

¿Cómo llegar a Ærø? La isla es una de las pocas del Báltico danés que no está conectada a través de túnel o puente, por lo que la mejor manera de llegar es a través de los ferrys que la conectan a Fionia, la isla principal del archipiélago, y a la Península de Jutlandia. En la actualidad hay cuatro conexiones marítimas: Faaborg – Søby; Fynshav (Jutlandia) – Søby; Svendborg – Ærøskøbing (las tres operadas por Ærøfærgerne) y Rudkøbing – Marstal (operada por ÆrøXpresse). Hay un pequeño aeropuerto con pista de hierba en la que opera la compañía Starling Air, que ofrece conexiones con Tåsinge, Ringsted y Roskilde. ¿Transporte público en Ærø? Esto es Dinamarca y el nivel es altísimo. Hay un servicio de autobuses gratuito que conecta las principales poblaciones y que cuenta hasta con anclaje para llevar bicicletas. Este bus sale de Mastal y llega hasta Søby y ofrece multitud de paradas intermedias de modo que todo lo que hay que ver queda a pocos minutos en bicicleta o a pie. Como te decíamos, otro nivel. Aquí puedes consultar los horarios y un mapa de paradas. Otra opción para recorrer la isla es alquilar una bicicleta. Hay agencias de alquiler en Marstal y Ærøskøbing.

Qué ver en Ærø.- Podríamos limitarnos a decir. Anda y ve la isla. Entre Marstal y la Punta de Skjoldnæsvej (al norte de Søby) hay apenas 30 kilómetros que demandarían unas tres horas de pedaleo suave en bicicleta. Todo queda a mano. Pero hay algunos lugares que merecen una mención especial. Y la primera es la ciudad de Ærøskøbing, conocida en el país como el pueblo del cuento de hadas. Aunque es mucho más pequeña que Marstal, Ærøskøbing ejerce de capital de la isla y fue, históricamente, su puerto comercial (es la ciudad reconocida como tal más pequeña del país). De esta capital en miniatura hay que destacar su conjunto de casas históricas del siglo XVIII pintadas de colores alegres, uno de los mejor conservados de Dinamarca. Pasear por las calles de la ciudad es una gozada. Sus calles empedradas, sus casitas y edificios modestamente notables (como la Iglesia o el Ayuntamiento). Otra de las señas de identidad de la isla son sus cabañas de playa. En Ærøskøbing las casetas se encuentran en Vester Strandvej, a apenas cinco minutos a pie del centro. Otro punto fuerte de la capital isleña es su oferta cultural. Hay muchísimas galerías de arte, un par de museos adscritos al Ærø Museum, una institución que custodia la historia y el legado cultural de la isla –imprescindible la Casa Hammerich- y un viejo molino de viento (Tivoli, 4B) convertido en centro de interpretación. Todo en apenas un kilómetro de radio desde el puerto (que suele ser la puerta de entrada habitual para los que vienen hasta acá).  

De ruta hasta Soby.- Olde, un par de casas junto a la carretera que cruza la isla de norte a sur, ejerce de centro geográfico (11 kilómetros a Søby y 12,5 a Marstal). Esta vía también deja a tiro de piedra las costas. Si vas en transporte público, por ejemplo, y bajas en Tranderup puedes ir caminando o en bici hasta los acantilados de Voderup Klint (2,4 kilómetros). Si lo haces todo en bici, tienes sólo siete kilómetros hasta Ærøskøbing. Un paseíto de nada. Más allá de los principales puntos de interés que detallaremos a continuación, la isla da para detenerse casi a cada paso. Un ejemplo es su riqueza arqueológica con una colección inmensa de monumentos funerarios megalíticos repartidos por toda la isla (túmulos, dólmenes, tumbas de corredor…). Otro hito histórico importante es el Søbygaard (Søbygårdsvej, 2; Tel: (+45) 62 581 676) una casona fortificada del siglo XV que fue la última residencia de los duques que gobernaron la isla de una manera casi independiente hasta el siglo XIX (ahí mismo tienes la Laguna de Vitsø Nor para echarle un vistazo). En Søby no dejes de visitar su puerto, que fue famoso hace un par de siglos por la calidad de los barcos que aquí se construían (los astilleros aún funcionan). Y terminamos el paseo en el extremo norte (dónde puedes ver el Faro de Skjoldnaes) al que llegarás después de atravesar un campo de golf.

Una visita a Marstal.- Es la ciudad propiamente dicha; aunque su población apenas supera los 2.300 habitantes. El punto más importante de la localidad desde el punto de vista turístico es la Playa de Erik Hale, donde se encuentra el conjunto de cabañas de playa más bonito de la isla (y también uno de los lugares más fotografiados de toda Dinamarca). Pero esta pequeña localidad también tiene muchísimo interés histórico. Aunque nunca logró el estatus de ciudad y tenía muy limitadas sus posibilidades de comercio con el exterior, Marstal destacó desde el siglo XVII como base naval de importancia llegando a tener una flota mercante sólo superada en número por Copenhague. Su estuario protegido por bancos de arena es de los mejores de la zona y casi todas las familias pueden presumir de un pasado repleto de nombres de marinos famosos por estas tierras. Y eso se deja notar. En su iglesia (Kongensgade, 35; Tel: (+45) 30 444 039), por ejemplo, las maquetas de viejos barcos de vela cuelgan del techo a modo de exvotos. Y en sus viejos astilleros se ha instalado un más que interesante Museo Naval (Prinsensgade, 1; Tel: (+45) 62 532 331) en el que se hace un viaje por la intensa historia marítima del lugar. Otro punto de interés cerca de Marstal es el pueblo de Omel, un conjunto abigarrado de casitas preciosas que nada tiene que envidiar a la capital. Omel ocupa la parte central de una alargada península que culmina en la granja de Ommelshoved. Aquí puedes ver una vieja explotación agrícola rodeada de campos en un entorno brutal (con algunas de las mejores playas de la isla).

Fotos bajo Licencia CC: Bjørn Giesenbauer; Nikky; Godehard Ruppert; m.prinke; TijsB

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Publicado el
1 de julio de 2021 - 18:05 h

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