Una finca de Barcelona inicia una huelga de alquiler para evitar que la propiedad convierta sus casas en ‘colivings’
Uno de los iconos modernistas del Eixample de Barcelona tiene forma de mariposa. Este gran insecto hecho de trencadís que se posa en la fachada de un edificio atrae las miradas de centenares de personas al día. Pero no todos saben que, en su interior, se libra una batalla por el derecho a la vivienda. Tras casi tres años resistiendo contra un fondo de inversión que pretende echarles, las seis familias que siguen en la finca han decidido dar un paso más: inician una huelga de alquileres.
“En un contexto de altísima tensión y máxima centralidad de la cuestión de la vivienda, esta medida es una herramienta de presión económica directa que se ha usado poco, pero que llega en un momento clave”, apuntan desde el Sindicat d’Habitatge Socialista, entidad que acompaña a los vecinos del bloc Papallona (mariposa en catalán).
Esta decisión llega después de casi tres años de lucha, que empezaron en el momento en que los herederos de la dueña original vendieron la finca al fondo New Amsterdam Developers (NAD), cuya intención era no renovar los contratos de alquiler para vaciar la finca, fragmentar las viviendas y convertir los pisos en colivings. Esta intención se constató en el momento en que empezaron a marcharse los primeros vecinos, cuyos hogares ya han sido reformados.
De los seis que resisten, sólo dos siguen teniendo un contrato de alquiler vigente. Al resto ya les ha vencido, pero se negaron a irse y seguían pagando sus mensualidades como una declaración de intenciones. Hasta ahora. La huelga de alquiler es una respuesta a una propiedad que, según explican los vecinos, no sólo no se ha prestado a negociar, sino que también ha ejercido prácticas de “acoso” inmobiliario.
Tanto es así, que desde el sindicato alertan de que dos vecinos acabaron abandonando su casa debido a la “presión psicológica” y otros tres porque no podían hacer frente a los costes que suponía defender su causa ante los tribunales después de que la propiedad les denunciara.
Dejar de pagar es una herramienta de presión a NAD, pero también al Ayuntamiento de Barcelona, a quien el sindicato reclama que ponga “una resolución definitiva al conflicto” y que se avenga a comprar la finca, como ya hizo con la Casa Orsola, que se encontraba en una problemática similar. Además, en el caso del bloc Papallona, se suma el hecho de que se trata de un edificio declarado Bien Cultural de Interés Local que ya ha registrado daños en “elementos decorativos protegidos” a raíz de las obras para generar los colivings.
Tanto los vecinos como el sindicato coinciden en que la huelga de alquileres se da en un momento “estratégico”, no sólo porque la vivienda haya vuelto al centro del debate, sino porque los nuevos decretos aprobados por el Gobierno ponen límites al modelo de negocio que NAD tiene en Barcelona.
Este fondo de inversión aterrizó en Barcelona en 2023 con el objetivo de contar con una cartera de 1.000 habitaciones de alquiler en Barcelona. Esta modalidad de alquiler, junto al de temporada, quedó fuera de la regulación de la Ley de Vivienda, aprobada ese mismo año. Un vacío legal permitía fraccionar una vivienda y cobrarla a un precio muy por encima del marcado en el índice de referencia; una posibilidad que ha quedado vetada con la nueva normativa, que establece que la suma de todas las habitaciones no puede superar el precio máximo.
Los vecinos esperan que este cambio legislativo, sumado a la huelga de alquileres, sea presión suficiente como para hacer que la empresa ceda y pueda poner fin, tanto a la situación personal de estas familias, como a la especulación inmobiliaria a la que se ve sometida Barcelona, especialmente en el Eixample.
Según un informe de la Asociación de Vecinos de l’Esquerra de l’Eixample, más de 3.000 personas viven en fincas compradas por grandes propietarios que tratan de expulsar a sus inquilinos. Se trata, en total, de 90 edificios.