De la distancia a la humedad: las claves de un oftalmólogo para evitar que el aire acondicionado nos haga daño a los ojos

Entre los efectos colaterales de exponerse al chorro del aire acondicionado o a las aspas del ventilador son típicas la molestias en la garganta, pero también puede provocar irritación y molestias en los ojos, debido al ambiente seco que propician. El síndrome de ojo seco, una patología que afecta a millones de personas, encuentra en estos aparatos contra las altas temperaturas aliados para proliferar. 

“Tanto el aire acondicionado como los ventiladores aumentan el movimiento de aire alrededor de la superficie ocular. Esto favorece la evaporación de la película lagrimal, especialmente si el ambiente es seco o la persona ya tiene algún grado de disfunción de las glándulas de Meibomio, que son una de las glándulas que tenemos en el borde de los párpados”, explica el oftalmólogo Vicente Miralles, adjunto del Hospital Universitario Henares, en Madrid. 

Esta estructura es la encargada de proteger y lubricar el globo ocular, pero cuando se desvanece más rápido de lo habitual, según el especialista, puede desencadenar una respuesta inflamatoria.

Paradójicamente, la sequedad ocular no siempre se manifiesta como una falta de humedad, uno de los síntomas que señala Miralles y que pueden parecer más desconcertantes es el lagrimeo excesivo: “El ojo produce lágrimas reflejas de mala calidad ante la irritación”. 

Otras señales de alerta más habituales que apunta el oftalmólogo son la sensación de arenilla o cuerpo extraño, el escozor, los ojos rojos o la fatiga visual. Incluso una “visión borrosa fluctuante que mejora al parpadear” puede ser indicativo de que la película lagrimal se está rompiendo. “Los síntomas suelen empeorar en oficinas climatizadas, durante viajes en avión, frente a ventiladores o tras varias horas delante de una pantalla”, advierte el especialista.

La solución no pasa por renunciar al aire acondicionado, sino por aprender a convivir con él y hacer un uso correcto. “No existe una distancia exacta validada científicamente, pero sí una recomendación ampliamente aceptada: evitar que el flujo de aire incida directamente sobre los ojos”, apunta Miralles, que sugiere algunas medidas sencillas para el día a día: 

Reorientar la climatización

Además de no colocar ventiladores apuntando a la cara, ni sentarse justo bajo una salida de aire, el especialista recomienda “orientar las rejillas del aire acondicionado hacia el techo o hacia zonas alejadas del puesto de trabajo”.

El control de la humedad

No solo importa la temperatura, el oftalmólogo señala la importancia de “mantener una humedad ambiental moderada, aproximadamente entre el 40% y el 60% cuando sea posible”. Cuando el aire es excesivamente seco, puede controlarse mediante humidificadores. Mantener una hidratación adecuada también es clave. Miralles recomienda “utilizar lágrimas artificiales con ácido hialurónico y sin conservantes si aparecen síntomas”.

La regla 20-20-20

En entornos digitales, se aconseja hacer un descanso “cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a una distancia de unos seis metros”, recuerda el oculista, que también destaca la importancia de “fomentar el parpadeo consciente y con frecuencia”. 

En esa búsqueda de alivio, a menudo se cometen errores que pueden resultar contraproducentes, uno de los más extendidos, según el especialista, es sustituir las lágrimas artificiales por suero fisiológico. Aunque aporta alivio momentáneo, “no está diseñado para tratar el ojo seco, no contiene agentes lubricantes ni componentes que mejoren la estabilidad de la película lagrimal, por lo que su efecto suele ser muy breve e incluso puede favorecer una evaporación más rápida de la lágrima en algunos pacientes”, aclara.

Del mismo modo, Miralles señala el error de pensar que todas las gotas son lágrimas artificiales o utilizarlas de forma insuficiente. “Muchos pacientes utilizan colirios vasoconstrictores para ‘quitar el rojo’. Estos productos pueden mejorar temporalmente el aspecto del ojo, pero no tratan la causa del problema y pueden incluso empeorar los síntomas a largo plazo”, defiende. Para quienes necesitan una lubricación frecuente, “una única aplicación al día resulta insuficiente”, comenta el oftalmólogo que recomienda optar siempre por lágrimas artificiales con ácido hialurónico y sin conservantes.

El doctor recuerda que las gotas pueden aliviar los síntomas, pero no siempre tratan la causa subyacente. “A menudo es necesario complementar el tratamiento con higiene palpebral, calor local u otras medidas específicas”, añade Miralles, que recomienda consultar con un especialista, incluso antes de utilizar lágrimas artificiales, si las molestias o la sequedad persisten.