La Guardia Civil alerta a los ciudadanos de una estafa telefónica que suplanta a las autoridades para obtener tus datos bancarios
La Guardia Civil ha alertado de una modalidad de estafa telefónica en la que los delincuentes se hacen pasar por agentes del cuerpo para ganarse la confianza de las víctimas. Este tipo de fraude se apoya en la apariencia de una comunicación oficial para conseguir que la persona siga las indicaciones de quien llama sin comprobar antes si realmente está hablando con un miembro de la institución.
La suplantación de organismos públicos puede resultar especialmente convincente cuando durante el contacto aparecen elementos que parecen legítimos. Por este motivo, la Guardia Civil recomienda extremar las precauciones ante cualquier llamada inesperada y comprobar siempre por canales oficiales quién está detrás de ella antes de facilitar información personal, realizar una gestión o seguir instrucciones relacionadas con cuentas bancarias.
El objetivo de estas llamadas es conseguir datos personales o financieros mediante engaño. La forma de actuar puede cambiar de un caso a otro, pero la recomendación general es desconfiar de cualquier petición de información sensible y finalizar la comunicación cuando existan dudas sobre su procedencia. Para dar credibilidad al fraude, los estafadores recurren a diferentes métodos con los que intentan mantener el contacto con la víctima.
En qué consiste la estafa
Uno de los recursos utilizados para que la llamada parezca legítima es el número que aparece en la pantalla. Según la agencia EFE, en este caso las víctimas habían recibido llamadas del número de teléfono de la Comandancia de Madrid (918073900) en las que un supuesto agente del cuerpo les informaba de que habían sido víctimas de una estafa y de los pasos a realizar para evitar que esta se materializara.
Pero, según ha informado la propia Guardia Civil, aunque el teléfono pueda mostrar una numeración aparentemente vinculada a este organismo, esto no significa que el contacto proceda realmente del cuerpo. Los autores aprovechan esa apariencia para presentarse como agentes e intentar ganarse la confianza de la víctima. Por tanto, el teléfono que figura durante la llamada forma parte del engaño y no permite confirmar por sí solo quién está al otro lado.
Una vez iniciada la conversación, los delincuentes plantean una situación relacionada con el dinero de la persona. Pueden asegurar que ha sufrido una estafa, que existe algún problema con sus cuentas o que mantiene una deuda pendiente. Después, ofrecen una supuesta ayuda para recuperar fondos o evitar pérdidas y empiezan a solicitar información personal y bancaria, como contraseñas, códigos de verificación recibidos por SMS o los datos completos de una tarjeta. Todo ello suele ir acompañado de presión para actuar rápidamente e incluso de amenazas sobre posibles consecuencias legales, una detención o el embargo de fondos, con el objetivo de generar miedo y evitar que la víctima compruebe la información por su cuenta.
El engaño puede continuar mediante una segunda comunicación. Los supuestos agentes pueden facilitar otro número de teléfono para seguir desde allí con las gestiones, bajo el argumento de proteger el dinero o bloquear determinados movimientos. En realidad, se busca continuar recopilando información que pueda facilitar el acceso a las cuentas bancarias de la víctima. El cambio de número ayuda además a transmitir la sensación de que se está siguiendo un procedimiento oficial, aunque el contacto sigue siendo con las personas que están detrás de la estafa.
Otra de las variantes consiste en llevar la conversación a WhatsApp. A través del chat, los estafadores pueden pedir la instalación de una aplicación de asistencia remota, que presentan como necesaria para solucionar el supuesto problema. Si se descarga siguiendo sus instrucciones y se conceden los permisos solicitados, los delincuentes pueden llegar a controlar el dispositivo a distancia. En ese momento, el riesgo ya no se limita a los datos facilitados durante la llamada, sino que puede afectar también a la información y los servicios disponibles en el teléfono.
Qué hacer ante una de estas llamadas
La principal recomendación es colgar cuando durante la conversación aparezcan amenazas, peticiones de dinero o solicitudes de información sensible. No deben facilitarse datos personales, contraseñas, credenciales bancarias, códigos de verificación enviados por SMS ni números completos de tarjetas en una llamada de estas características. Tampoco conviene seguir las indicaciones de alguien que diga actuar en nombre de la Guardia Civil únicamente porque el teléfono que aparece en pantalla parezca pertenecer a un organismo oficial.
Si durante la llamada se habla de una cuenta bancaria o de un posible movimiento fraudulento, la comprobación debe hacerse directamente con la entidad a través de sus canales habituales. De esta forma se puede confirmar si existe realmente alguna incidencia y comunicar una posible operación sospechosa sin continuar el contacto con los estafadores. La misma precaución debe aplicarse ante cualquier supuesto aviso oficial: la identidad de quien llama debe comprobarse de manera independiente antes de proporcionar datos o realizar una gestión.
También debe rechazarse cualquier petición para instalar aplicaciones de soporte o control remoto en el teléfono. Las autoridades no solicitarán contraseñas ni pedirán descargar este tipo de herramientas como requisito para solucionar una incidencia comunicada mediante una llamada. Si se indica que hay que instalar un programa, conceder permisos en el dispositivo o realizar algún paso para permitir el acceso a distancia, lo recomendable es cortar la comunicación y no seguir ninguna de esas instrucciones.
Por último, conviene comprobar siempre que se está utilizando un canal oficial. Que un número parezca legítimo, que la persona conozca algunos datos básicos o que plantee una situación urgente no demuestra que la llamada sea auténtica. Ante cualquier duda, lo adecuado es finalizar el contacto y buscar por separado los teléfonos o canales oficiales de la Guardia Civil. De este modo se puede confirmar si existe realmente algún problema antes de facilitar información o realizar cualquier acción.